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La tercera es la vencida

Los queridos tontos de San Dimas regresan con Keanu Reeves y Alex Winter dándoles a sus héroes una reunión adecuada
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Dean Parisot /

Keanu Reeves, Alex Winter, Brigette Lundy-Paine, Samara Weaving, Kristen Schaal

Reeves y Winter están de regreso.

Patti Perret/Orion Pictures

Han pasado tres décadas entre conciertos para los Wyld Stallyns, William “Bill” S. Preston, Esq. (Alex Winter) y Theodore  “Ted” Logan (Keanu Reeves). ¿Valió la pena esperar para ver una vez más a estos dos idiotas siendo perfectos el uno para el otro? Totalmente, dudes. Cuando La magnífica aventura de Bill y Ted debutó en 1989, el New York Times la llamó “dolorosamente torpe”. Parafraseando a Bill, la película, en la que el dúo viajó en el tiempo para pasar su examen final de historia (con ayuda de Sócrates, Napoleón, Juana de Arco y Abraham Lincoln), estuvo “a punto de fracasar terriblemente”. No fue posible. El público apoyó a estos adolescentes del sur de California e hizo que la película fuera un éxito. La secuela, El alucinante viaje de Bill y Ted (1991), tiene una calificación del 54 % en Rotten Tomatoes. Pero cuando debutó, este par de tontos ya eran figuras de comedia de culto, listos para luchar contra La Muerte en un juego de Batalla naval. Desde entonces, han sido elementos básicos de la cultura popular estadounidense para ver una y otra vez.

¿Por qué se necesitó tanto tiempo para sacar una tercera película de Bill & Ted? Para empezar, sus estrellas habían seguido adelante: Winter se centró en escribir y dirigir, mientras que Reeves se convirtió en un icono de acción con las franquicias de Matrix y John Wick. Sin embargo, la idea de volver a los papeles que los establecieron, nunca dejó sus mentes, y la edad no pudo marchitar ni añejar la infinita falta de variedad de los icónicos personajes. En Bill & Ted Face the Music, los actores de cincuenta y tantos demuestran que la juventud puede ser fugaz, pero la inmadurez es una alegría que dura para siempre. Con los escritores Ed Solomon y Chris Matheson de nuevo a bordo y el nuevo director Dean Parisot (Héroes fuera de órbita) al timón, estos metaleros están listos para rockear.

Al principio es un shock ver a un Bill y a un Ted de mediana edad, reducidos a tocar para 40 personas que solo están allí porque es noche de tacos de dos dólares. Las despampanantes esposas (Jayma Mays y Erinn Hayes) que los chicos trajeron de la Inglaterra medieval, ahora están cansadas de vivir con dos viejos con síndrome de Peter Pan. Pero la hija de Ted, Billie (Brigette Lundy-Paine), y la de Bill, Thea (Samara Weaving), piensan que ellos son geniales. Lo son, ya que Billie y Thea tienen 24 años, están desempleadas y viven en la casa de sus padres.

Weaving y Lundy-Paine, las hijas de estos tontos adorables. Patti Perret/Orion Pictures

Se necesita una cápsula espacial que transporte a una visitante del futuro —Kelly (Kristen Schaal), la hija de Rufus (el difunto George Carlin hace un cameo como holograma)— para advertir a Bill y Ted de su misión: ¡Deben escribir una canción que una al mundo a las 7:17 p.m. esa misma noche, o de lo contrario, ka-boom! Eso requiere que los chicos entren de nuevo en su máquina del tiempo/cabina telefónica y reúnan a un grupo de grandes músicos, incluyendo a Mozart, Louis Armstrong, Jimi Hendrix, e incluso Kid Cudi (que se interpreta a sí mismo), para ir al futuro, donde el himno aún no escrito de Bill y Ted puede salvar al mundo de venirse abajo. Nadie menciona a Trump, pero dado que el caos amenaza con poner en peligro a la civilización y convertir todo en un gran desastre ficticio… digamos que su presencia está implícita.

Aplausos para el increíble trabajo en equipo de Winter y Reeves, el ingenio malicioso de Anthony Carrigan (Barry) en el papel de un robot encargado de matar a Bill y Ted, y el regreso del fabuloso William Sadler como La Muerte, deprimido porque los críticos dijeron que sus interminables solos de bajo son “dispersos”. Probablemente, algunos dirán lo mismo de Bill & Ted Face the Music. No están equivocados, pero tal vez no hayan entendido el punto. Para Winter y Reeves, que interpretan los papeles principales a través de las décadas, la película es un trabajo de amor hacia los fans que te deja una sonrisa tonta en la cara. Es una cura excelente para la tristeza de la pandemia.