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Llanto maldito

Una familia se va de vacaciones a una cabaña en un bosque remoto y… ¿Adivinen qué? Va a ser acosada por un espanto sobrenatural
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Andrés Beltrán /

Paula Castaño, Alanna de la Rossa, Andrés Londoño

Cortesía de Cine Colombia

Desde que el director colombiano Andrés Beltrán presentó su primer largometraje Malos días en el 2015, un fallido intento de hacer un noir a la colombiana, no ha parado de trabajar, dirigiendo prácticamente todos los episodios de las series para la televisión La ley secreta y Bolívar: Una lucha admirable, así como varios capítulos de Distrito salvaje, la popular serie de acción para Netflix. 

Ahora, Beltrán regresa a la pantalla grande con una cinta de terror a la colombiana llamada Llanto maldito, una especie de fusión entre El resplandor, el clásico de Stanley Kubrick imitado hasta la saciedad, y el Terror en Amityville, otro clásico del género, supuestamente basado en hechos reales, y que ha sufrido por tener catorce secuelas, todas ellas de una calidad cuestionable, por no decir terrible.

Es por estas reconocidas influencias que Llanto maldito se siente demasiado familiar y estereotipada, como si se tratara de una clase de “terror 101”: Una familia conformada por Óscar, el padre (Andrés Londoño); Sara, la madre (Paula Castaño); y dos hijos (Alanna de la Rosa y Jerónimo Barón), decide ir de vacaciones a una cabaña en medio de un bosque remoto, con el propósito de dejar atrás una tragedia. 

Pero como suele ocurrir una y otra vez en las películas de este género, la familia verá afectada su tranquilidad por ruidos y presencias extrañas que posiblemente se deban a un espanto muy similar a Tarumama (una variante de La llorona procedente de Nariño, mujer indígena que pierde a su bebé en el río y que termina deambulando por el bosque y llevándose a los niños que se encuentra.  

En la cinta de Beltrán, como en muchas otras, el padre de familia va a cuestionar la salud mental de su pareja (al estilo de Amityville) y no va a hacer caso a las advertencias tanto de ella como de sus hijos, solamente hasta cuando es demasiado tarde. Y a diferencia de lo que ocurre en El resplandor, quien va a sucumbir a las fuerzas demoniacas no va a ser el padre sino la madre, para desgracia de los pequeños hijos. Sin embargo, utilizar a una madre poseída por demonios como alegoría para hablar de la frustración u opresión a la mujer, es algo que también se ha trabajado hasta la saciedad dentro del género. 

Y como si fuera poco, la Llorona cuenta con dos películas recientes (una excelente versión guatemalteca que asocia el mito con los horrores de la dictadura militar y otra que pertenece al universo de El conjuro).Se le abona a Beltrán la atmósfera tenebrosa lograda en su Llanto maldito y los sobresaltos efectistas que harán brincar de su silla al espectador desprevenido, pero esa fuerte e inevitable sensación de déjà vu (Poltergeist es otra cinta que se recuerda aquí una y otra vez), va a atormentar a los cinéfilos curtidos de una manera mucho más insidiosa que la misma Tarumama.