fbpx

Lo peor de dos mundos

Owen Wilson regresa a un papel protagónico en una cinta torpe y definitivamente poco memorable
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Mike Cahill /

Owen Wilson, Salma Hayek, Nesta Cooper

Cortesía de Amazon Prime Video

Automatización, biología genética y minería de asteroides. Ese es el secreto; son tres cositas muy sencillas que convirtieron un mundo decadente y miserable en un paraíso que además opera como una utopía del conocimiento en donde cada persona recibe 500 mil dólares por respirar, además los robots hacen todas las cosas feas para que tengamos tiempo de pasarla rico. 

Lo de las tres cositas que cambiaron al mundo no es un aparte especial o el centro de la trama de Bliss, es simplemente una de las tantas cosas e ideas inconexas que los personajes van lanzando mientras la película sucede. Incluso sale por ahí el filósofo Sizek diciendo que en el infierno la gente la pasa muy bien en orgías y cosas de esas hasta que vienen los del cielo a mirar y ahí empiezan todos a quejarse para que nadie quiera sacarlos de allí.  

La cosa en ese mundo es tan perfecta que una doctora bajita de senos grandes (Hayek) se vio obligada a crear una realidad alterna en la que el dolor, la pobreza y la carencia de sentido pueden ser experimentadas, así la gente aprenderá a valorar su bienestar. Para hacerlo más horrible resulta que ese mundo es igualitico a este, pero con la imagen granulada y puros “colores fríos”. En palabras de la doctora; “hay que experimentar lo bueno para valorar lo malo”. Durante toda la película hay comentarios así, pero a este en particular, con su lógica chapulinesca, lo podemos acusar de ser la premisa de la cual se desprende todo el sainete. El resultado es una cinta hecha a la medida de los proverbios enredados de El chavo del ocho, al respecto podríamos bien decir que “Lo último que se pierde es la barriga señor esperanza” y que si, Bliss de lo mala nos hace apreciar el cine bueno que ha tratado de encargarse de temáticas similares.  

Bliss es un sancocho entre Matrix, Limitless, Medianoche en París, Waking Life y Children Of Men, pero cocinado en un inodoro asqueroso, es un ejercicio imitativo que termina siendo una caricatura de las ya de por sí ridículas incursiones de Hollywood en asuntos similares, con tintes “surrealistas”, que se quejan de la monotonía y apelan a llevarnos a vivir la vida al máximo y que curiosamente terminan siendo películas monótonas, falsas y tediosas, de la línea de Stranger Than Fiction (La de Will Ferrell), la poco menos tonta Truman Show o Incluso el más loable Fight Club. Si la cosa no quisiera ser peor además cuenta con una puesta en escena perezosa que la pone un escalón debajo de todas las antes mencionadas. Las actuaciones son propias de unos actores perdidos en un relato dubitativo, incluido el protagonista Owen Willson, que no aparecía en una cinta desde el 2017 cuando participó en la edulcorada Wonder. Por su parte Hayek le mete ganas, le pone el pecho a la cosa, pero no puede evitar la debacle. Bliss a cargo del irregular Mike Cahill, es un bizcocho que se desmorona por exceso de ingredientes, es un postre horrible que se pone una cereza encima al tratar de transmitir una rebuscada moraleja contra las drogas y a favor de la paternidad responsable.