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Luciérnagas encanta visualmente, pero se siente extraviada y sin rumbo fijo

Una película de bella factura y ritmo pausado acerca de tres personas envueltas en una inmensa soledad en la ciudad portuaria de Veracruz
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Bani Khoshnoudi /

Arash Marandi, Edwarda Gurrola, Luis Alberti

Un director iraní viaja a México para abordar a tres personas e intentar hablarnos sobre la soledad, la homofobia, el machismo y la condición del inmigrante.

Phoenix Entertainment Group

La directora iraní Bani Khoshnoudi nos entrega Luciérnagas, su segundo largometraje (luego de Ziba de 2012), y es una exploración de ritmo pausado acerca de tres personas solitarias en busca de compañía y amor en la ciudad mexicana de Veracruz. 

El primero de este trío de solitarios, es Ramin (interpretado por Arash Marandi, quien fuera protagonista de Una chica vuelve a casa sola de noche, la cinta de terror vampírico de Ana Lily Amirpour). El joven iraní llega como polizón en un barco a Veracruz, pensando que iba a llegar a Turquía. Ramin huye de la represión de su país, dejando atrás a su novio, quien cree que está viviendo una buena vida. Lo cierto es que Ramin vive en una humilde pensión propiedad de un hombre viudo y su sobrina, y tiene que trabajar como obrero para subsistir. El mayor deseo de este hombre es tratar de llegar a Turquía o a Grecia, y abandonar un país del que sabe muy poco y cuyo idioma no maneja. 

La segunda persona de este relato es Leti (Edwarda Gurrola), la sobrina de Jorge (Eligio Meléndez), quien ha sido abandonada por su novio Ernesto (Eduardo Mendizábal), un hombre machista que viajó a Estados Unidos en busca de un futuro mejor, pero que a su breve regreso se muestra indiferente con ella.

El tercero es Guillermo (Luis Alberti), un colega de Ramin y expandillero, quien quiere dejar Veracruz y buscar una nueva vida en Estados Unidos o Canadá, y que siente simpatía por el joven iraní. 

Bellísimamente fotografiada por Lyle Vincent (The Bad Batch), Luciérnagas intenta hablar sobre la homofobia, el machismo y la soledad del inmigrante, pero su ritmo y la falta de explicaciones (nunca explica por qué la cinta tiene ese nombre) hace que al espectador le cueste tener empatía con alguno de sus protagonistas. Al igual que Ramin, Leti y Guillermo, la película se siente extraviada y sin rumbo fijo.