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Mala educación

Hugh Jackman y Allison Janney logran unas interpretaciones sobresalientes, en una cinta basada en el escándalo ocurrido en 2002 en el colegio Rosalyn High de Long Island
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Cory Finley /

Hugh Jackman, Allison Janney, Ray Romano, Geraldine Viswanathan

Más que el recuento sobre el desfalco millonario llevado a cabo por los administradores de una escuela pública en Nueva York, esta es una disección muy interesante y pertinente sobre los nexos entre la corrupción y la sociopatía.

Cortesía HBO

Esta es la historia de Frank Tassone, un profesor de literatura que ahora trabaja como superintendente de la escuela pública secundaria Rosalyn High ubicada en Long Island, Nueva York. Frank demuestra un gran compromiso y dedicación a su trabajo: no duda en recibir a los estudiantes en su oficina para darles discursos motivadores, dirige un club de lectura en sus ratos libres y, gracias a su administración, Rosalyn High se convirtió en la cuarta escuela más importante de los Estados Unidos. Entonces, se preguntarán: ¿por qué esta película tiene como título Mala educación?  

Basada en el escándalo suscitado en 2002, la segunda película dirigida por Cory Finley (luego de Thoroughbreds) nos muestra a Hugh Jackman, como Tassone, y a Allison Janney, como su asistente Pam Gluckin, tratando de llevar una doble agenda. Ante sus colegas, estudiantes y padres de familia, ellos son unas personas de ética (y apariencia) intachable. Pero en realidad (si usted está enterado del escándalo), fueron los responsables de un desfalco de más de once millones de dólares del presupuesto escolar, suma que destinaron a su propio beneficio personal.     

En un irónico giro del destino, Tassone motivó a Rachel Bhargava (Geraldine Viswanathan), una estudiante parte del equipo del periódico escolar, a centrar todos sus esfuerzos para convertirse en una periodista investigativa de verdad. El resultado llevó a que Rachel descubriera las irregularidades con el presupuesto escolar que conllevarían a que se destapara la olla podrida.        

El guion fue escrito por Mike Makowsky, un exalumno de Rosalyn High, quien va más allá de hacer un recuento de los hechos, para armar un estudio detallado y profundo sobre la corrupción, la cual posee una conexión muy cercana con la personalidad sociopática, incapaz de comprender por qué cuando una acción es buena para el individuo, pero es mala para los demás, es considerada una mala acción. ¿Les suena familiar?.

La complejidad del personaje atípico interpretado por Jackman se hace más evidente cuando se revela que Tassone se hacía pasar por viudo y heterosexual ante los demás, pero en realidad mantuvo a Tom Tuggiero, su novio por más de 30 años (Stephen Spinella), colmado de comodidades gracias al presupuesto escolar; además de mantener una relación paralela con Kyle Contreras, un bailarín y exalumno suyo (Rafael Casal). Esta es la persona que se escandaliza con su asistente Pam, cuando se descubre que ella se estaba dando una vida de lujo con su familia, apoderándose del dinero destinado para el bienestar de los estudiantes y los profesores. “Yo no soy la única sociópata”, le escribe Pam a Frank cuando es despedida.     

Aplausos para Jackman, quien logra capturar la humanidad y la maldad de Tassone, como también para Janney, quien logra encarnar a Pam en todas sus facetas: madre, esposa, profesional, ladrona. Frank y Pam nunca logran comprender por qué han sido castigados por sus acciones. Esa es la verdadera tragedia de una sociedad que gira en torno al dinero: se educa a las personas para convertirlas en sociópatas.