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Minari

Con sencillez, elocuencia y mucha humanidad, el director Lee Isaac Chung nos cuenta una historia acerca de una familia muy cercana a la propia
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Lee Isaac Chung /

Steven Yeun, Alan S. Kim, Yeri Han, Noel Cho, Will Patton, Yuh-Jung Joun

Cortesía de A24

El apio de agua, conocido en Corea como Minari, es una hierba cuyo tallo es delgado y hueco y que crece fácilmente en zonas con abundante agua dulce, como pantanos o arroyos. Se utiliza como vegetal comestible en muchos países asiáticos, como China, India, Japón, Malasia y Corea. No importa donde se cultive, siempre mantendrá sus mismas características esenciales.

Minari es también el título de la hermosa película escrita y dirigida por Lee Isaac Chung, el hijo de unos inmigrantes coreanos que vivió su juventud en una pequeña granja en Arkansas, para después graduarse como ecólogo en la Universidad de Yale. Sus intenciones de convertirse en médico las abandonó debido a su amor por el cine, y Munyurangabo, su primer largometraje del 2007, acerca de los jóvenes procedentes de Ruanda, fue catalogado como una obra maestra por el fallecido crítico Roger Ebert. 

Minari (su cuarta película luego de Lucky Life y Abigail Harm) es un proyecto muy personal para su autor y eso se percibe de principio a fin. Sin embargo, este es un trabajo que evoca al cine del gran director japonés Hirokasu Koreeda y a los clásicos Las uvas de la ira de John Ford, la magnífica adaptación de la obra de John Steinbeck, ​y En un lugar del corazón, esa cinta de Robert Benton sobre la vida rural de los Estados Unidos en la época de la Gran Depresión y protagonizada por Sally Field, que gozó de la hermosa fotografía de Néstor Almendros.

La cinta de Chung es protagonizada por un niño de siete años de edad llamado David (Alan S. Kim), quien bien puede pensarse como el alter ego del director. David llega a California en compañía de una familia conformada por su padre Jacob (Steven Yeun), su madre Monica (Yeri Han) y su hermana mayor Anne (Noel Cho). El sueño del padre es conformar una granja para cultivar vegetales coreanos que satisfagan las necesidades de la creciente población de inmigrantes. A la madre no le gusta mucho la idea de vivir en una casa móvil en el campo. Ambos quieren dejar de trabajar en un criadero de pollos.   

El pequeño David, quien sufre de un soplo cardíaco que le impide correr y esforzarse, está conforme con su nueva vida en el campo, al igual que su hermana. Pero ambos odian ver a sus padres discutir. El único colaborador en el proyecto de Jacob es Paul (Will Patton), un fanático religioso y veterano de la guerra de Corea, quien tiene fe en que la granja va a ser bendecida por Dios.  

Llega a vivir con la familia Soonja, la abuela materna (Yuh-Jung Joun). Al principio David y Soonja van a enfrentarse (“¿Por qué no te comportas como una abuela?”, le dice el nieto). Pero poco a poco, los dos van a conformar un fuerte lazo de amor, cariño y comprensión.    

Como los mejores dramas domésticos procedentes de oriente, Minari se limita a mostrarnos la cotidianidad de una familia enfrentada a las dificultades del día a día, sin caer en melodramas, discursos acaramelados, situaciones grandilocuentes o personajes superficiales y estereotipados. Su fuerza para conmover y adentrarse en el corazón de los espectadores radica en que, a partir del retrato de unas situaciones aparentemente cotidianas y anodinas (bellamente fotografiadas por Lachlan Milne), se esconde un discurso profundo y muy humano sobre el sentido de la vida y sobre el azar que hace parte de la existencia.