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Mortal Kombat

La nueva versión para cine del videojuego que atrajo a millones de adolescentes en los años noventa, no es para nada tímida en la utilización de la violencia extrema ¿Qué importa entonces que tenga un guion de pacotilla?
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Simon McQuoid /

Lewis Tan, Jessica McNamee, Josh Lawson, Mehcad Brooks

Cortesía de Warner

En 1992, Ed Boon y John Tobias crearon para la empresa Midway, uno de los videojuegos más populares de todos los tiempos. Antes de pasar a las consolas, Mortal Kombat se jugaba en las máquinas de arcade, las cuales se encontraban en unos salones recreativos especializados, donde los niños y jóvenes gastaban con entusiasmo el poco dinero que recibían de sus mesadas o de encargos hechos por los padres, los cuales nunca llegaban a hacerse. El atractivo del juego de Boon y Tobias, era lo mismo que hacía que muchos padres lo odiaran: La violencia extrema. Los gráficos realistas (adelantados a su tiempo), estaban al servicio de un enfrentamiento a muerte entre dos personajes con nombres como Liu Kang, Kung Lao, Sonya Blade, Sub.Zero, Kano o Jax Briggs, entre otros, los cuales terminaban en mutilaciones, decapitaciones, descuartizamientos, incineraciones, aplastamientos, degollamientos, y demás formas de eliminación del contrincante, las cuales, hay que admitir, eran muy creativas. 

El éxito de Mortal Kombat también se puede rastrear una década atrás, cuando Menahem Golan y Yoram Globus, dos primos de origen israelí, compraron unos estudios cinematográficos llamados Cannon Pictures, con el objetivo de hacer las películas que ellos querían ver en las salas de cine: cintas de acción trepidante y violencia extrema. ¿Qué importan las malas actuaciones y los guiones de pacotilla?

Es así que, en los años ochenta, Cannon Pictures se convirtió en la marca asociada a las películas de Ninjas protagonizadas por actores de talento cuestionable como Sho Kosugi (Enter The Ninja, Revenge of The Ninja), o Michael Dudikoff (American Ninja); a cintas protagonizadas por rudos militares encarnados por Chuck Norris, dispuestos a acabar a sus enemigos de la manera más brutal posible (Missing In Action, Invasion U.S.A., Delta Force), o luchadores clandestinos interpretados por Jean-Claude Van Damme, que con técnicas letales se enfrentaban a enemigos brutales (Kickboxer, Cyborg). 

Tanto el alma de las producciones de Golan-Globus, como el espíritu del videojuego de Boon y Tobias, se hacen patentes en la nueva adaptación cinematográfica de Mortal Kombat, la cual llega veintiséis años después de una primera versión producida por los estudios New Line Cinema y dirigida por Paul W.S. Anderson (un claro heredero de la tradición de Cannon, y autor de varias de las películas de la franquicia de Resident Evil). Aunque esta fue una cinta querida por muchos (especialmente por los admiradores del trabajo de Norris y Van Damme), lo cierto es que es un trabajo tan horrible como su secuela de 1997, Mortal Kombat: Annihilation, y ambas cometieron el grave error de sustraer la violencia extrema inherente al videojuego para atraer a un público juvenil y evitar la censura.  Esto nos lleva a una pregunta obligatoria: ¿Es la nueva versión de Mortal Kombat una cinta superior a sus predecesoras? 

Mortal Kombat puede considerarse como una película “excelente”, si usted creció y amó las producciones de Golan-Globus en los años 80, si usted recuerda con nostalgia al violento videojuego, o si es un ferviente seguidor de las películas protagonizadas por Dwayne Johnson y Vin Diesel, de los trabajos de Paul W.S. Anderson, o de la franquicia de Fast & The Furious (James Wan, director de la séptima parte de la saga, es uno de los productores de esta nueva entrega de Mortal Kombat). Aquí, usted encontrará todo lo que estaba buscando en una película.

Aunque la nueva Mortal Kombat posee unos efectos especiales muchísimo mejores que los de las versiones noventeras, y se atreve a usar la misma ultra violencia que atrajo a millones de videojugadores, lo cierto es que aquellos que buscamos en una película algunas buenas actuaciones (aquí las mejores interpretaciones están a cargo de Hiroyuki Sanada, el actor japonés que muchos conocimos en Sankoukai, la horrible serie que mezclaba artes marciales con elementos copiados descaradamente de Star Wars; y de Mehcad Brooks, a quien conocimos como Jimmy Olsen y The Guardian, en ese placer culposo llamado Supergirl); o si buscamos un guion más o menos inteligente (los diálogos y la trama de esta cinta, parecen el resultado de la premura y ansiedad de un niño de 9 años amante de los videojuegos y las películas de acción, que intenta jugar con todos los juguetes que le regalaron el día de su cumpleaños, antes de que se los guarden), nos encontraremos con que la nueva versión de Mortal Kombat perpetúa la tradición iniciada en 1993 por Super Mario Bros., de hacer malas películas basadas en videojuegos. 

P.D. Pese a que se sugiere una secuela, la cual presentará algunos personajes del videojuego que en esta entrega no aparecieron, lo mejor que se podría hacer, es aplicarle a esta saga una “fatalidad”.