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Mujer Maravilla 1984

La segunda parte de La Mujer Maravilla posee los mismos defectos y cualidades de la entrega original, pero sigue siendo una muy buena versión de un poderoso personaje femenino que se niega a morir
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Patty Jenkins /

Gal Gadot, Chris Pine, Kristen Wiig, Pedro Pascal

Cortesía de Warner

Los fanáticos de las películas de superhéroes saben, así algunos se rehúsen a admitirlo, que el universo cinematográfico extendido de DC (DCU), no ha tenido el mismo nivel de calidad de su contraparte de Marvel. Curiosamente, las películas que más deberían ser atacadas por su mediocridad rampante (Justice League, Aquaman, Birds Of Prey y, muy especialmente, Suicide Squad), han tenido el apoyo incondicional del público, mientras que cintas como Man Of Steel y Batman V Superman: Dawn Of Justice han sido injustamente atacadas e infravaloradas. Pero en algo siempre hay un consenso: Las mejores entregas de esta saga de 8 películas hasta la fecha, han sido Shazam! (una cinta muy entretenida y con alma) y, por supuesto, La Mujer Maravilla (la película que convirtió en superestrella a Gal Gadot). Sin embargo, la verdad sea dicha, estos dos títulos poseen muy poco o nada de conexión con este universo compartido (por si lo preguntaban, Joker, la estupenda cinta protagonizada por Joaquin Phoenix y dirigida con maestría por Todd Phillips, no pertenece a este “universo”).

Luego de una gran espera debido a la pandemia causada por el COVID-19 (una amenaza real mucho más temible que cualquier supervillano del DCU), llega por fin a las salas de cine, Wonder Woman 1984, una secuela que mantiene el mismo nivel de su predecesora, gracias a que continúa con la dirección de Patty Jenkins y con el papel protagónico de la hermosa y carismática Gal Gadot.

Gracias a un primer acto que se detiene a explorar a sus personajes, el espectador podrá darse cuenta que la Mujer Maravilla se ha convertido en una persona triste, solitaria y algo amargada, desde que su amado Steve Trevor (Chris Pine) falleció trágicamente en el escenario de la Primera Guerra Mundial donde se desarrolló la primera parte (Curiosamente, el personaje de Wonder Woman fue creado para los cómics en el marco de la Segunda Guerra Mundial, pero quizás, para evitar similitudes con la película de Captain America de Marvel, se decidió ese cambio de conflicto bélico). 

Ahora, la Mujer Maravilla vive en Washington D.C. bajo la identidad secreta de Diana Prince, una arqueóloga que trabaja en el museo Smithsoniano (esta vez sin gafas para ocultar su rostro, quizás para evitar similitudes con su amigo y colega Clark Kent). Y aunque la popular serie de televisión protagonizada por Lynda Carter debutó en 1975, los productores y guionistas de esta secuela cinematográfica, decidieron ambientarla en el año de 1984, quizás por la fuerte tendencia actual de recordar con nostalgia la música, el cine, la televisión y el modo de vestir característicos de la década de los grandes centros comerciales, la comida chatarra y la amenazante guerra fría (curiosamente, la película de la Capitana Marvel, la contraparte femenina del “otro” universo extendido, se desarrolló en los años noventa). 

Entra en escena Bárbara Minerva (Kristen Wiig), una gemóloga retraída, torpe y poco atractiva, quien comienza a trabajar en el museo junto a Diana Prince. Y como si se tratara de la versión femenina de la relación entre Bruce Wayne y Edward Nigma que se dio décadas atrás en la película Batman Forever, la relación de amistad y colegaje entre Minerva y Prince, pronto se convertirá en una relación de antagonistas. 

Los causantes de la discordia son un objeto mágico y un hombre fanfarrón. El primero es un hallazgo que, al ser examinado por las dos mujeres, en un primer momento es descartado como una baratija o falsificación, pero que luego se descubrirá es una poderosa especie de lámpara de Aladino (o “pata de mono”, como se menciona en la película, haciendo referencia al cuento de terror de W.W. Jacobs). El segundo es Maxwell Lord (Pedro Pascal), un petrolero y personalidad de la televisión, quien asegura que va a ayudar financieramente al museo, cuando lo que quiere es apoderarse del objeto mágico.

Si se continúa contando sobre la historia, se corre el riesgo de revelar secretos que pueden afectar considerablemente el disfrute de la cinta. Esto es lo que se puede revelar: La Mujer Maravilla hace una emocionante entrada tratando de impedir un robo en un centro comercial; Steve Trevor vuelve a la vida (esto es un secreto contado a voces), y gracias al encanto y carisma de Chris Pine, este personaje se convierte en una simpática versión masculina de Luisa Lane; Barbara Minerva se convertirá en Cheetah, la principal supervillana en la galería de enemigos de la Mujer Maravilla (esta es la primera vez que el personaje aparece en la pantalla en carne, hueso y pelos, ya que en la serie de televisión brilló por su ausencia).  

Kristen Wiig, la talentosa exalumna de Saturday Night Live, le da humanidad y la fuerza necesaria para brindarle credibilidad a esta icónica villana, pese a que no llega a desarrollarse del todo; y Maxwell Lord, un personaje que inicialmente en los cómics se convirtió en el mecenas de la Liga de la Justicia, aquí se inclina más a su reciente retrato como un villano despiadado, codicioso y amoral, que el actor chileno Pedro Pascal encarna como una mezcla entre Donald Trump y Gordon Gekko (el magnate interpretado por Michael Douglas en las dos cintas de Wall Street).

Antes que llegue un tercer acto caótico y anticlimático, y que los efectos especiales irregulares casi arruinen la experiencia (pecados cometidos también en la primera parte), Wonder Woman 1984 llega a ser una película muy entretenida y emocionante (quizás más que la entrega original), que hace que dejemos atrás el sinsabor causado por Birds Of Prey y que nos demuestra por qué la Mujer Maravilla es la superheroína más popular de todos los tiempos y un personaje prácticamente inmortal. 

P.D. No se pierda una divertida escena post-créditos protagonizada por una mujer clave en el legado de Wonder Woman.