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Ni un paso en falso

Maleantes, traiciones, mujeres fatales, asesinatos, policías curtidos, capos criminales y una industria automotriz corrupta, son los elementos de un estupendo guion neo-noir que el director Steven Soderbergh lleva a la pantalla con precisión, sofisticación y riesgo formal
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Steven Soderbergh /

Don Cheadle, Benicio Del Toro, David Harbour, Brendan Fraser, Kieran Culkin, Jon Hamm, Matt Damon

Cortesía

Al parecer, el retiro definitivo de Steven Soderbergh de la dirección no es algo real y los cinéfilos no podemos estar más contentos, ya que Soderbergh es uno de los directores más interesantes del cine norteamericano de los últimos 25 años. 

Desde el anuncio de su retiro prematuro, el director estuvo detrás de la excelente serie The Knick, protagonizada por Clive Owen; de la espectacular cinta de estafa Logan Lucky y de la intrigante Unsane, así como de las estupendas películas para Netflix High Flying Bird y The Laundromat. Ahora, Soderbergh regresa con dos nuevas películas: Let Them All Talk y No Sudden Move.  

Esta última, escrita por Ed Solomon (Men In Black, Now You See Me, Bill & Ted’s Excellent Adventure), comenzó a filmarse en el 2020 bajo el título de Kill Switch y con George Clooney, Jon Cena, Sebastian Stan, Josh Brolin y Nicolas Cage como protagonistas. Pero la pandemia causada por el COVID-19 llevó a que la filmación se retrasara y los actores abandonaran el proyecto, para ser reemplazados por Don Cheadle, Benicio Del Toro, David Harbour, Jon Hamm y Kieran Culkin (una de las tantas cualidades del prolífico Soderbergh es la de mantener amistad entrañable con un gran número de actores).

En esta cinta neo-noir ambientada en la ciudad de Detroit en 1954, el director de The Limey, Ocean’s Eleven y The Girlfriend Experience, hace evidente su conexión con los hermanos Coen, en el sentido que a los tres les interesa revisar y deconstruir los géneros cinematográficos. Pero, a diferencia de los Coen, Soderbergh siempre incluye una serie de profundos comentarios sociales en todas sus películas, y Ni un paso en falso no es la excepción.  

Aquí también se hace evidente la conexión de Soderbergh con Tarantino (hay que recordar que los dos realizaron Out Of Sight y Jackie Brown, respectivamente; dos adaptaciones de las novelas de Elmore Leonard que curiosamente, incluyeron a un mismo personaje interpretado por Michael Keaton). El amor de Tarantino por los guiños y las referencias a otras películas es contagiado a Soderbergh, y en Ni un paso en falso vamos a encontrar referentes a The Third Man de Carol Reed, Desperate Hours de William Wyler, The Killing de Stanley Kubrick, Chinatown de Roman Polanski y Burn Before Reading, de Ethan y Joel Coen, por mencionar algunas.

En esta cinta veremos como el misterioso Doug Jones (Brendan Fraser canalizando el espíritu de Orson Welles), contrata a tres maleantes llamados Curt Goynes (Don Cheadle recordándonos lo buen actor que es), Ronald Russo (Benicio Del Toro, el ganador del Óscar por Traffic, esa joya dirigida por Soderbergh), y Charley (Kieran Culkin en un breve pero potente papel). 

Los tres tienen una misión: Llegar de manera sorpresiva a la casa del contador Matt Wertz (David Harbour en una de las mejores interpretaciones de su carrera), y obligarlo a que les entregue un importante documento que su jefe tiene guardado en su oficina. Para ello, los tres retienen a su esposa Mary (Amy Seimetz) y a sus hijos Matthew (Noah Jupe) y Peggy (Lucy Holt). 

Este es el inicio de un film lleno de sorpresas, las cuales no vale la pena revelar aquí, y que incluyen traiciones, asesinatos, una mujer fatal (Julia Fox), un policía curtido (Jon Hamm) y tres poderosos criminales (Ray Liotta, Bill Duke y Matt Damon, todos excelentes). Pero estas sorpresas se dan de manera orgánica y sutil gracias al guion de Solomon y con esa actitud “ultra-cool” característica de los trabajos de Soderbergh.  

La actitud se apoya en gran parte a la acertada banda sonora de David Holmes, y al peculiar trabajo de fotografía de Peter Andrews (un “colaborador constante” de Soderbergh, quien en realidad es el mismo director con un seudónimo). Andrews le aporta a esta cinta un lenguaje visual innovador, utilizando unos lentes “ojo de pescado” para darle una atmósfera de fiebre y delirio a la intrincada historia, la cual, en últimas, termina siendo una feroz denuncia sobre la despiadada ambición de la industria automotriz norteamericana (que Damon, encarnando al John Huston de Chinatown, representa).  

Ni un paso en falso nos muestra a un gran director haciendo uso de sus múltiples habilidades, entre las que se encuentran la precisión, la inteligencia, la sofisticación, el gran sentido del humor y el riesgo formal.