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Peter Rabbit: Conejo en fuga

Aunque continúa desvirtuando a su fuente original, la nueva película basada en los famosos libros de Beatrix Potter, logra entretener tanto a los niños como a los adultos
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Will Gluck /

Rose Byrne, Domhnall Gleeson, David Oyelowo

Cortesía de Sony

Beatrix Potter publicó en 1902 La historia de Peter Rabbit, un hermoso cuento ilustrado acerca de un conejo travieso y desobediente, quien es perseguido por un granjero cascarrabias. El libro, que inicialmente fue escrito para el hijo de una institutriz, se enfrentó a múltiples rechazos por parte de las editoriales, pero la constancia de Potter rindió frutos, ya que se convirtió en uno de los libros infantiles más vendidos y populares de la historia y que derivó en una serie de 23 volúmenes.

En 1938, Walt Disney mostró interés en realizar una adaptación cinematográfica del libro, pero fue rechazado por su autora, quien dudaba de la posibilidad de transmitir la esencia de los libros de Peter Rabbit al ámbito del dibujo animado.

En 1971, muchos años después del fallecimiento de Potter, Peter Rabbit apareció por fin en el cine en un ballet en acción real llamado The Tales of Beatrix Potter. 20 años después, el canal HBO transmitió un musical titulado The Tale of Peter Rabbit, y la BBC realizó la serie animada The World of Peter Rabbit and Friends. Asimismo, la vida de Beatrix Potter fue llevada al cine en el 2012 con el biopic Miss Potter, protagonizado por Renée Zellweger. 

La última versión para cines (y ciertamente la más popular), fue Peter Rabbit, una película del 2018 que mezclaba animación 3D con acción real, la cual fue dirigida por Will Gluck (Easy A, Annie). Pese a que la cinta poseía corazón y las animaciones de los animalitos antropomórficos poseían tal naturalidad que desbordaban ternura a cada momento, no llegó al delicado equilibrio entre lo clásico y lo moderno, algo que sí lograron las películas del osito Paddington, otro personaje inmortal de la literatura infantil.

Tres años después llega la secuela de esta cinta, también dirigida por Gluck, la cual busca corregir los errores cometidos en el pasado. ¿Lo logra? La respuesta puede ser la siguiente: Si Beatrix Potter estuviera viva, jamás hubiera aprobado estas adaptaciones.

Sin embargo, en Peter Rabbit: Conejo en fuga, hay una actitud autorreflexiva que hay que resaltar. En esta nueva historia Bea, la autora de las historias de Peter Rabbit (obviamente inspirada en Potter), es invitada por Nigel Basil-Jones (David Oyelowo), un editor de best-sellers para que trabaje en una secuela. ¿Qué importa que se traicione la esencia de los personajes y de la fuente original si se tienen millones de lectores? ¡Estereotipos! ¡Viajes a la luna! ¡Escenas de acción! ¡Ropa moderna! Todo en nombre del dios dinero. 

Precisamente esta premisa choca con las películas de Peter Rabbit, ya que fue precisamente eso lo que se hizo con la obra de Potter. Desde su primera película, esta actualización del conejito que inspiró a Bugs Bunny, se siente como el resultado de una presión comercial que busca tomar a un personaje amado y reconocido por varias generaciones, para adaptarlo a los gustos del público infantil del siglo XXI. Pero aquí, no solo se reconoce esa falla, sino que se intenta acercar a la esencia de la obra original. Puede que eso no llegue a darse y se sigan cometiendo los mismos errores (escenas de acción y situaciones modernas), pero Peter (con la voz del comediante y presentador James Corden), sus hermanas trillizas Flopsy, Mopsy y Cottontail (con las voces de Margot Robbie, Elizabeth Debicki y Aimee Horne reemplazando a Daisy Ridley) y su primo Benjamin (Colin Moody), ahora se sienten más británicos y “potterescos”, aunque no del todo. De todas maneras, las divertidas referencias a Trainspotting (un conejito adicto a los dulces) y a Cerdos y diamantes (un gran robo de fruta seca que incluye traiciones y literalmente cerdos), son más que bienvenidas para el público adulto, así los puristas se escandalicen.  

Como lo afirma al final Peter de una manera algo cínica, puede que haya una secuela o todo quede hasta aquí, no lo sabemos ¿Qué importa? Del mismo modo, Bea y su esposo, el torpe Thomas McGregor (Domhnall Gleeson), comentan que no se debe caer en discursos patéticos y dulzones, así terminen diciéndose al final de la película. Pero el intento por mejorar, así no sea totalmente satisfactorio, es lo que cuenta.