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Pienso en el final

Charlie Kaufman nos invita a un intenso y extraño viaje emocional, en el que una mujer cuestiona la relación con su novio, mientras los dos van de visita a la casa de los padres de este.
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Charlie Kaufman /

Jessie Buckley, Jesse Plemons, Toni Collette, David Thewlis, Guy Boyd

Cortesía de Netflix

En el 2002, el escritor Charlie Kaufman dio a conocer su guion de Adaptation, gracias a la película de Spike Jonze. En ella, Kaufman (interpretado por Nicolas Cage), luego de obtener éxito y reconocimiento por su guion para la película Being John Malkovich, sufre una crisis creativa y existencial, intentando adaptar la novela El ladrón de orquídeas de Susan Orlean (Meryl Streep), una escritora y un libro que existen en la vida real. 

Se podría sospechar que el Charlie Kaufman real, pudo haber atravesado por una crisis existencial como su alter-ego (quien, dicho sea de paso, en la película tenía un hermano gemelo, el cual no existe en la vida real), al adaptar y dirigir la versión cinematográfica de la celebrada novela del 2016 I’m Thinking Of Ending Things, del escritor canadiense Iain Reid.  Kaufman no nos había entregado un nuevo trabajo desde hace más de cinco años (Anomalisa, una magistral deconstrucción de una relación amorosa realizada en stop-motion, era la última película del director) y eso nos lleva a pensar en el tremendo esfuerzo que significó para él llevar a buen término esta película, la cual ahora se presenta en Netflix.

Tanto la novela de Reid como la película de Kaufman, es narrada por una mujer que bien puede llamarse Lucy o Luisa y quien estudia física cuántica, o teoría fílmica, o artes. Ella es la novia de Jake, un intelectual con el que mantiene una relación hace seis semanas, o bien pueden ser seis meses. Ambos se dirigen a la casa de los padres de Jake, quienes viven en una granja ubicada en Oklahoma.

En la primera media hora de la cinta, la mujer y Jake discuten sobre diversos temas, como la poesía de Wordsworth (autor cuyo nombre es motivo de análisis semiológico), sobre el musical Oklahoma, sobre Mussolini, sobre el clima, sobre unos columpios en perfecto estado ubicados al frente de una casa abandonada…en fin. El espectador también podrá escuchar los pensamientos de la mujer, quien tiene dudas acerca del estado y el futuro de su relación. Además, veremos a un conserje que trabaja en una escuela de secundaria, pero que hasta el momento no guarda ninguna conexión con la pareja. 

En el segundo acto, la pareja por fin llega a la casa de los padres de Jake, en medio de un clima gélido y tormentoso. Antes de entrar a la casa, Jake invita a la mujer a darle un vistazo a los establos y le comenta sobre cómo los cerdos se infectaron de gusanos. “La vida puede ser muy cruel en una granja” dice Jake. Ya en la casa, los excéntricos padres se demoran en salir. Vemos como Jake se avergüenza de ellos, a la vez que ellos se sienten orgullosos de su hijo. También hay un perro que se sacude de manera permanente y un sótano con una puerta llena de rasguños, que pone muy intranquilo a Jake.  Los padres a veces lucen muy jóvenes y en otras ocasiones se ven más viejos con respecto a su apariencia inicial. También vemos a Jake teniendo unas reacciones exageradamente agresivas ante las equivocaciones y la falta de cultura de sus padres.

El tercer acto, nos muestra el infructuoso intento de la mujer y de Jake por regresar a casa, el cual incluye más discusiones, una parada para comer helado en un lugar que parece sacado de Twin Peaks, y un número final de baile y canto, al mejor estilo del musical Oklahoma.

Si usted no está familiarizado con el universo de Charlie Kaufman, probablemente quedará estupefacto después de terminada la película (si es que la logra terminar). Estamos hablando de un autor que escribió un guion acerca de un portal ubicado en el piso número 7½ de un edificio, el cual le permite a sus usuarios entrar en la mente del actor John Malkovich. Este es el mismo que escribió la historia de una mujer peluda que se enamora de un psicólogo con un pene diminuto. También es el escritor de la historia de un hombre que quiere que le extraigan de su cerebro los recuerdos de una relación de pareja traumática; Y es el guionista y director de una película, en la que un artista construye una obra que imita a la vida real, para que después ese trabajo reemplace su vida.

Kaufman es un escritor que bebe del psicoanálisis de Freud y Lacan, del conductismo de Watson y Skinner, del posestructuralismo de Derrida y Baudrillard, y de filósofos existencialistas como Heidegger y Sartre. Cuando su espíritu salvaje es domesticado por directores talentosos como Spike Jonze y Michel Gondry, su trabajo se complementa con una propuesta visual poderosa y cargada de significado y con un tratamiento narrativo que hace que sus guiones se conviertan en algo desquiciado, ágil, cínico y muy entretenido. Cuando Kaufman se convierte en su propio director, sus trabajos toman un camino oscuro, pesado, pausado, complejo, más teatral y menos cinematográfico, y también algo pretencioso. Eso no quiere decir que sean menos geniales, tan solo menos accesibles para un público masivo.

Pienso en el final goza de unas grandes actuaciones. Jessie Buckley (el talento detrás de la película Wild Rose y de la miniserie Chernobyl) logra una interpretación muy humana que nos muestra la dimensión psicológica de su personaje, y Jesse Plemons (el talento detrás de la película Vice y de la serie antológica Black Mirror), logra mostrarnos las inseguridades y miedos detrás de la coraza de estabilidad e intelectualismo de Jake. Ni hablar de Toni Collette y David Thewlis, quienes, como padres de Jake, logran asustarnos y provocarnos compasión, repugnancia y simpatía, casi al mismo tiempo. 

En algún momento de la cinta, la pareja discute sobre el cine de John Cassavetes y específicamente, sobre su película A Woman Under The Influence. Mientras Jake la defiende, la mujer la ataca basándose en su autoindulgencia, patetismo y exageración. En otro momento, vemos en una pantalla de televisión, el final de una típica comedia romántica que aparece firmada por Robert Zemeckis (y que no existe), y en otro momento, vemos al enigmático conserje (Guy Boyd) viendo un capítulo de la serie animada Cuentos de Hadas Fracturados

La película de Kaufman puede pensarse como la suma de esas tres referencias cinematográficas y televisivas: Una cinta centrada en la actuación y en el drama existencial de una pareja, que al final nos dejará extenuados y afectados, como si la inestabilidad emocional de los personajes se nos contagiara como un virus; una tragicomedia acerca de una relación de pareja que se hace trizas; y una fábula desquiciada y surrealista, abierta a múltiples interpretaciones.