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Prometo volver

El eterno dilema sobre si una mujer puede balancear su vida entre su trabajo y la crianza de sus hijos se explora de una forma elocuente y compleja, en una historia sobre una astronauta que debe abandonar a su hija para perseguir su sueño
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Una mujer francesa es elegida para tripular la primera misión espacial a Marte y debe dejar a su hija en la tierra por un largo período de tiempo, en un drama inteligente, humano y conmovedor, dirigido por la guionista de Mustang.

Cortesía Cine Colombia

La parisina Alice Winocour, coguionista de la magnífica Mustang y directora de los largometrajes Augustine (sobre la relación entre el padre de la psiquiatría Jean-Martin Charcot y su paciente) y Maryland (sobre la relación entre un exsoldado con la misión de proteger la vida de una mujer y su hija), regresa con Prometo volver, un sólido trabajo acerca de una astronauta y su relación con su pequeña hija a la que va a tener que abandonar por mucho tiempo. 

La también parisina Eva Green (en uno de los mejores papeles de su carrera), interpreta aquí a Sarah Loreau, una mujer elegida para tripular la primera misión espacial a Marte junto con los astronautas Mike Shannon (Matt Dillon) y Anton Ocheivsky (Aleksey Fateev). Loreau es una madre soltera con una pequeña hija llamada Stella (una estupenda Zélie Boulant). Su expareja es un astrofísico llamado Thomas Akerman (Lars Eidinger) con el que todavía mantiene una relación de amistad (aunque no la mejor). Sarah se debe enfrentar a un momento crucial para su vida: abandonar a Stella por más de un año y dejarla a cargo de su padre, para embarcarse en un sueño que ha tenido desde niña y una oportunidad que se presenta una sola vez en la vida. Con muy poco diálogo y apoyándose en su expresión facial y corporal, Eva Green logra comunicarnos todos sus conflictos y emociones reprimidas.  

No espere un melodrama lacrimógeno y edulcorado. Winocour es una autora que no busca contar esta historia desde un ángulo facilista o predecible. El entrenamiento de Sarah y sus colegas se presenta aquí con el mayor detalle, y la relación entre la madre que ama a su hija pero que no quiere abandonar sus ideales como astronauta, y una hija que no quiere separarse de su madre pero que entiende lo importante que es esta misión para ella, es tratada con suma delicadeza y de una manera tan humana, que al final termina sacudiendo nuestros corazones sin tener que recurrir a cursilerías o lugares comunes (el título en español no es el más afortunado, ya que con sus connotaciones de drama barato, puede prevenir a los espectadores más exigentes. Su título original es Proxima, el cual es el nombre de la misión, pero que también nos habla de la cercanía). 

Se le agradece también a Winocour (coguionista junto a Jean-Stéphane Bron), haber confeccionado a los personajes masculinos con la complejidad que se merecen. Akerman es un hombre hiriente, frío y con algo de resentimiento, pero a la vez está orgulloso de su expareja y quiere mucho a su hija. Y Shannon, el líder de la misión, se muestra displicente al principio con Sarah y, al parecer, no sufre al tener que abandonar a sus hijos (su noble esposa queda a cargo de ellos). Pero este, con una actitud que raya en el sexismo, terminará apoyando a su colega en sus dificultades emocionales, las cuales afectan el fuerte entrenamiento a la que es sometida.

La hermosa fotografía de Georges Lechaptois (Planetarium) y la música minimalista y de una gran melancolía de Ryuichi Sakamoto son los elementos adicionales que hacen de Prometo volver una cinta atípica de astronautas. Logra estar a la par con First Man y Ad Astra, dos películas protagonizadas por hombres, pero que comparten esa dimensión humana que convierte a los heroicos astronautas en personas imperfectas de carne y hueso.