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Proyecto Exorcismo

Llega a las salas de cine un nuevo intento por superar (o al menos emular) a la mejor película de terror de todos los tiempos. Pero con El exorcista no se juega
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Damien LeVeck /

Ryan Guzmán, Kyle Gallner, Alix Angelis

Cortesía de Cineplex

De acuerdo con los expertos, El exorcista, la película de 1973 dirigida por William Friedkin y una adaptación de la novela de William Peter Blatty, basada en un supuesto caso de posesión real, es la mejor película de terror de todos los tiempos.  

Al parecer, la barra puesta por este indiscutible clásico del terror, está demasiado alta. Las secuelas oficiales de la película de Friedkin (Exorcista II: El hereje de 1977, dirigida por John Boorman; Exorcista III de 1990, dirigida por el mismo Blatty; y Exorcista: El comienzo, dirigida por Renny Harlin), todas fueron unas tremendas decepciones, pese al inmenso talento de sus realizadores y protagonistas.

Tampoco han podido competir dignamente todas aquellas versiones no oficiales derivadas de la cinta original. Aunque hay algunos que defienden a El exorcismo de Emily Rose, El último exorcismo o El rito, por mencionar algunas, lo cierto es que ninguna de ellas es una buena película.  

Por eso es imposible acercarse a Proyecto exorcismo, la última cinta inspirada en la obra maestra de Friedkin, con grandes expectativas. Y, la verdad sea dicha, tampoco llega a ser una buena película.

Aquí, el reverendo Max (Ryan Guzmán) y su mejor amigo y socio Drew (Kyle Gallner), producen una serie web transmitida en vivo llamada The Cleansing Hour, en la que, supuestamente, practican exorcismos reales en cada episodio. Obviamente, Max es todo un fanfarrón y Drew le dedica todo su esfuerzo a esta farsa para obtener dinero fácil que le permitirá dar estabilidad a su vida de pareja junto a la bella Lane (Alix Angelis). 

Cuando un actor natural transgénero no cumple con su cita a tiempo para la grabación de un nuevo episodio (adivinen qué sucedió con ella), Drew le pide a su novia que la reemplace como la nueva mujer poseída que va a ser salvada por Max. Lo que ninguno sabe (excepto el espectador), es que un verdadero demonio va a poseer a Lane y Max y Drew, deberán limpiar su alma para poder liberar a la chica de la posesión diabólica que va a ser transmitida en vivo y en directo ante miles de personas ávidas de sangre y algo de sexo. 

El director Damien LaVeck (qué buen nombre para alguien especializado en el terror), adapta el guion que escribió junto con su amigo Aaron Horwitz y que originalmente fuera un cortometraje del 2016 y que buscaba, al igual que este largo, equilibrar el humor negro con el gore, a la vez que actualiza un ritual antiguo al contexto de la cultura de la red.  

Lo que ellos pensaban iba a ser una tarea fácil (asustar a su público con la amenaza de un ente sobrenatural tomando control de unas personas inocentes), termina reversando en su contra, ya que por más que se intente, nadie puede (ni podrá) derrotar a esa poderosa bestia infernal concebida por Friedkin. Quienes se atreven sufren un destino fatal.