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Retrato de una mujer en llamas

Una hermosa cinta llena de la sensualidad, intensidad y melancolía que hacen parte del primer amor
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Céline Sciamma /

Noémie Merlant, Adèle Haenel, Valeria Golino, Luàna Bajrami

Cortesía de Cine Colombia

Es una maravillosa coincidencia que la apertura de la totalidad de las salas de cine coincida con el estreno en nuestro país de una de las películas francesas más bellas de los últimos años. 

Retrato de una mujer en llamas es tanto el título de la obra maestra de la directora Céline Sciamma (Tomboy, Girlhood) como el del cuadro pintado por su protagonista Marianne (Noémie Merlant), que da inicio a la historia por medio de un flashback

En 1770, una condesa (Valeria Golino) contrata a Marianna, la hija de un prestigioso pintor y también una pintora con su propio talento, para que realice un retrato de su hija Héloïse (Adèle Haenel), una joven recién salida de un convento y comprometida en matrimonio con un noble italiano, quien se rehúsa a posar. La idea es que Marianne se haga pasar por una dama de compañía, y aproveche los encuentros y paseos con Héloïse para que la estudie y pueda realizar el cuadro que tanto desea la madre, utilizando su memoria.

De una manera orgánica y sutil, vamos a ver cómo Marianne, la artista, sucumbe ante la belleza y encanto del sujeto pintado. Así como en Llámame por tu nombre, donde un joven descubre la intensidad y la imposibilidad del primer amor, la película de Sciamma nos muestra el enamoramiento entre Marianna y Héloïse con toda su fuerza erótica, pero de una manera delicada y femenina, sin caer en ningún momento en discursos obvios o vulgares.

La cámara de Claire Mathon logra capturar el contexto ensoñador de la isla de Bretaña donde Retrato de una dama en llamas se filmó y la diseñadora de vestuario Dorothée Guiraud hace que nos transportemos al universo femenino del siglo XVIII, pero es la indudable química entre las actrices protagonistas y el humor, la melancolía y la sensualidad puesta por su directora en esta obra, lo que la convierte en un trabajo majestuoso.       

Vale la pena anotar que esta película constituye un trabajo muy personal para su directora, ya que ella y la actriz Adèle Haenel fueron pareja en la vida real y en el momento de comenzar a filmar esta cinta ya se habían separado de forma amigable. Y es que la vida imita al arte y el arte a la vida.