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Sin tiempo para morir

La última película de James Bond protagonizada por Daniel Craig, comete unas violaciones radicales al canon, pero luego de veinticinco películas, ya era hora de sacudir un poco al mítico personaje
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Carey Joji Fukunaga /

Daniel Craig, Rami Malek, Léa Seydoux, Ralph Fiennes, Lashana Lynch, Ana De Armas

Cortesía de UIP

En un ensayo titulado James Bond: Una combinatoria narrativa, el fallecido semiólogo Umberto Eco analizó la estructura narrativa de las once novelas escritas por Ian Fleming protagonizada por el mítico agente secreto al servicio de su majestad y con licencia para matar. En dicho trabajo, Eco nos muestra los elementos típicos e infaltables de una historia de Bond: Las tensiones entre el agente y su jefe M; la antítesis entre 007 (representante del mundo libre) y el villano de turno (representación del terrorismo y la opresión); la relación tríadica entre la mujer, el héroe y el villano; y la relación entre la Gran Bretaña y los otros países anglosajones (estos últimos representados por Félix Leiter, el agente de la CIA y colaborador de Bond). El autor no se detiene aquí y nos muestra también las parejas arquetípicas entre el deber y el sacrificio, la codicia y el ideal, el amor y la muerte, el riesgo y la planeación, el lujo y la privación, la perversión y la candidez, la lealtad y la traición y la naturaleza excepcional vs. la naturaleza medida y mesurada.

Pese a que las versiones cinematográficas protagonizadas por James bond ya llegan a veinticinco (27 si se cuentan dos cintas no oficiales), y son muchas más que las novelas de Ian Fleming, lo cierto es que las características mencionadas por Eco se mantienen en cada una de las cintas (con la excepción tal vez de la parodia lisérgica Casino Royale de 1967, en la que David Niven, Peter Sellers y Woody Allen interpretaron al inmortal personaje.

El último actor encargado de interpretar a James Bond, luego de Sean Connery (6 películas y una no oficial), George Lazenby (1 película), Roger Moore (7 películas), Timothy Dalton (2 películas) y Pierce Brosnan (4 películas), es Daniel Craig, quien logró con 5 películas, convertirse en uno, si no el mejor James Bond (con la excepción tal vez del original Connery).

La etapa con Daniel Craig bien puede pensarse en una especie de “James Bond Begins”, porque se remonta a los inicios en la carrera del agente 007, que se narran tanto en la primera novela de Fleming como en la primera cinta protagonizada por el actor (Casino Royale). Pero las comparaciones entre la saga de Craig con la trilogía de Batman dirigida por Christopher Nolan no se detienen en la exploración de los orígenes de los dos personajes arquetípicos. También tienen que ver con que sus entregas están conectadas (las películas de Craig, a diferencia de las cintas de Bond anteriores, mantienen una continuidad cerrada) y en que tienen un inicio y un final (Alerta de Spoiler).

Con un prólogo elegante, plasmado con una estética que nos recuerda al mejor cine británico de espías de los años sesenta, el director norteamericano Carey Joji Fukunaga (quien reemplazó a última hora al británico Danny Boyle), nos regresa a la pantalla a este hombre elegante, varonil y seductor, que no le teme a la muerte y que se enfrenta a innumerables peligros (la escena de persecución inicial lo dejará sin aliento). 

Pero luego de un prólogo tan emocionante como canónico, la película de Fukunaga comienza a violar las reglas planteadas por Umberto Eco. En el primer acto, el espectador saltará cinco años luego de lo ocurrido en el prólogo (no se puede revelar) y se encontrará con un James Bond retirado del servicio secreto (algo que se vio en Spectre, la cinta inmediatamente anterior) y disfrutando de una vida pacífica en Jamaica.    

James es contactado por Félix Leiter (un sólido Jeffrey Wright) para que vuelva a las andadas y salve al mundo de un desastre inminente. Al parecer, la conspiración, la cual tiene que ver con armas biológicas (nada más oportuno en estos tiempos oscuros de COVID-19) es orquestada por Ernst Stavro Blofeld (un excelente Christoph Waltz), la némesis de Bond, quien se encuentra en una prisión de máxima seguridad. Pero detrás del héroe y del villano, se encuentra una siniestra figura llamada Lyutsifer Safin (Rami Malek), quien guarda una misteriosa conexión con Madeleine Swann (Léa Seydoux), el interés romántico de Bond en Spectre. Son los secretos que Swann le oculta a Bond, lo que va a hacer que los fanáticos del personaje digan ¡Santas violaciones a las reglas narrativas!

Aquí las “chicas Bond” no son meros artículos de decoración. Ana De Armas se roba el show como Paloma, una agente de la CIA que colabora con Bond en una misión en Cuba y que nos recuerda la picardía y la gracia que el fallecido Roger Moore le aportará a su personaje. Y como si fuera poco, nos enteraremos que el código 007 de Bond es ocupado por Nomi (Lashana Lynch), el reemplazo del agente luego de su retiro. Es una lástima que el ritmo trepidante del inicio de la cinta comience a decaer y que no tenga la fuerza y el impacto de los secretos revelados.Y es que pese a que se hacen presentes los personajes recurrentes del jefe M (Ralph Fiennes reemplazando a Judi Dench), el inventor Q (Ben Whishaw) y la fiel secretaria Money Penny (Naomie Harris), el tercer acto de esta cinta incluye un final trágico e inesperado que hace que Sin tiempo para morir sea una de las películas más tristes de James Bond (tampoco se puede revelar, pero lleven pañuelos) y que hará que el público comprenda, para bien o para mal, que esta es la despedida definitiva a un actor que supo portar con dignidad el smoking del Agente 007, un personaje que, con toda seguridad, regresará a la pantalla en el futuro encarnado por un nuevo actor o actriz (¿por qué no?)