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Suspensión

Con una hermosa fotografía y sin recurrir a ninguna voz en off, este docmental colombiano nos muestra la precaria situación de la capital del Putumayo
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Simón Uribe /

Cortesía de Planeta CINEmazul

En la película de 1953 El salario del miedo, dirigida por el maestro del suspenso Henri-Georges Cluzot, una compañía extractora de petróleo de origen estadounidense y ubicada en un país latinoamericano, contrata a cuatro europeos para que trasladen nitroglicerina, compuesto necesario para apagar un pozo que se ha incendiado. Es así que los conductores transportan este químico inestable a través de unos difíciles caminos destapados por las montañas y selvas de los Andes, que incluyen precipicios, derrumbes y estrechas vías de doble sentido (eso sin contar con que los camiones no cuentan con reversa). 

Los arriesgados trabajadores de la película de Cluzot, jamás se hubieran imaginado una ruta tan peligrosa como el Trampolín de la Muerte, la cual fue construida a principios de la década de los 30, durante la guerra entre Perú y Colombia. Esta vía se encuentra dentro de la región montañosa del Putumayo y cumple con la función de unir a Mocoa, su capital (ubicada a unos 600 metros sobre el nivel del mar), con el pueblo de San Francisco, (ubicado a algo más de unos 2300 metros). Si Cluzot hubiera sabido de una carretera con las condiciones de esta, probablemente se hubiera lanzado al proyecto de realizar El salario del miedo Parte II

Los tramos del Trampolín de la Muerte están sin pavimentar, presentan una gran cantidad de curvas (18 por kilómetro) y son extremadamente estrechos (3 metros de ancho) para una vía de doble sentido frecuentemente transitada por camiones y buses. Asimismo, presenta unas caídas de más de 300 metros, cuando llueve es prácticamente intransitable (las lluvias son muy frecuentes) y los derrumbes de tierra y la densa niebla que casi no deja ver, están a la orden del día. La carretera es corta (Mocoa y San Francisco están separados por unos 80 kilómetros de distancia), pero la experiencia es tan arriesgada como inolvidable. 

Algunos aseguran que esta es la carretera más peligrosa de Colombia y otros, que es una de las más peligrosas del mundo. Cada año se registran numerosos accidentes de tránsito, muchos de ellos con víctimas mortales, como sucedió el 22 de Julio de 2008, cuando un autobús de la compañía Cootransmayo cayó al abismo, dejando 23 muertos y 22 heridos.

Suspensión, el documental de Simón Uribe, PhD en planeación regional, magíster en geografía humana, y docente e investigador de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, nos muestra sin recurrir a ninguna voz en off, los peligros de esta vía, necesaria para la conexión de esta región de la Amazonía colombiana con el interior del país.

Aquí se nos cuenta cómo en 1909, unos misioneros interesados en evangelizar a las comunidades indígenas, establecieron la sede de su misión entre Pasto y Mocoa y con el apoyo del gobierno iniciaron la construcción de un camino de herradura conocido como el Camino de los Capuchinos, la cual es una vía alterna anterior al Trampolín de la Muerte.  

A principios de la década del 2000, el gobierno autorizó la constricción de la variante San Francisco-Mocoa, que sigue la misma ruta del camino de los Capuchinos. Pero, el agotamiento de los recursos (algo típico en Colombia) llevó a la suspensión de la obra en el 2016. Actualmente, en medio de la selva, lo que queda de esta obra inconclusa es un gran puente de concreto abandonado que no lleva a ningún lado y que las personas utilizan para tomarse selfies y para contemplar el bello paisaje (que la fotografía del documental de Uribe logra capturar con todo su esplendor), en una situación surrealista que parece extraída de una película como Fitzcarraldo.   

Para colmo de males, el 31 de marzo del 2017, Mocoa quedó prácticamente destruida por una avenida torrencial que acabó con cientos de personas (entre ellos el ingeniero Guillermo Guerrero Urrutia, quien participó con su testimonio en el documental). Aunque Suspensión no da luces de esperanza frente a la precaria situación de la capital del Putumayo, lo cierto es que a comienzos de este año se abrió una licitación para la reactivación de la construcción de la variante. Pero en un país como Colombia, es necesario recurrir primero a la frase de Santo Tomás “ver para creer”, antes de dar “el salto al vacío” de Kierkegaard.