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Tantas almas

Cuando el río suena

Nicolas Rincón Guillé/

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Vienen bajando.

CORTESÍA MEDIO DE CONTENCIÓN

Un padre va río abajo a buscar el cadáver de su hijo. Su búsqueda lo enreda con todo el horror y la humanidad que brotan de las regiones olvidadas de Colombia. Tantas almas se interna en una de esas regiones para escudriñar en cómo la atrocidad de una guerra irregular se ha convertido en destino. La película asume ese gesto amargo, cotidiano, de resignación ante un poder oscuro y las trae ante nuestro rostro. Convierte esa agua del río, por donde bajan los muertos, en un espejo en el que nunca podremos dejar de mirarnos.

Tantas almas acierta en dar un rostro a esa idea lejana de “la violencia”. También es valiente al mencionar directamente a los escuadrones de paramilitares como los actores encargados de las peores vejaciones ejercidas contra el pueblo colombiano. Y atina de nuevo al sugerir esa relación entre asesinos, militares, narcos y poder político, aun cuando el eufemismo de “los violentos”  ha servido para meter toda violencia en un mismo paquete y difuminar las macabras alianzas que hasta nuestros días gobiernan.

El cuarto largometraje de Rincón Guillé es su primera pieza de ficción. Sucede a la trilogía documental Campo hablado, que se acercaba de una manera sensible y desgarradora a las realidades de las víctimas de la guerra. En esta trilogía Guillé convivía con las comunidades y lograba una narración desde el respeto y la empatía. Su paso a la ficción le permite además orquestar momentos mágicos, como un amanecer angustioso en el que resplandecen algunos tonos sublimes.

Aunque ciertos momentos puedan sentirse acartonados y lejanos de la vida que respiran sus documentales, Guillé acierta al sostener su propuesta porque en ella se revela un poderoso homenaje a la persistencia de las víctimas. Su dignidad nos desafía.