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Tenet

Christopher Nolan hace uso de la elegancia, la acción trepidante y su acostumbrada complejidad narrativa, para conectarnos de nuevo con la magia de la pantalla de cine
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Christopher Nolan /

John David Washington, Robert Pattinson, Elizabeth Debicki, Kenneth Branagh

Cortesía de Warner Bros

La primera película en incluir un efecto especial fue producida por los hermanos Lumière y se llamó Demolición de un muro.  En esta cinta de un minuto de duración, se ve a Auguste Lumière junto a otros dos hombres tirar un muro al suelo. Pero, para divertir al público, ellos presentaban el corto por segunda vez, invirtiendo la velocidad de la cinta para que se pudiera ver cómo el muro se reintegraba mágicamente ante los ojos de los espectadores atónitos. 

En el mundo del vídeo musical, los clips The Second Summer Of Love de Danny Wilson, Drop de The Pharcyde (dirigido por Spike Jonze); Sugar Water de Cibo Matto (dirigido por Michel Gondry); y The Scientist de Coldplay (dirigido por Jamie Thraves), utilizaron la velocidad inversa para generar imágenes sorprendentes y explorar narrativas paradójicas.    

Christopher Nolan, quien ha demostrado su obsesión por los juegos temporales en sus películas (Memento, Inception, Interstellar, Dunkirk), ahora nos entrega una cinta llamada Tenet (un palíndromo en inglés que en español significa “principio”), la cual bebe de las elegantes cintas británicas de espías de los años sesenta protagonizadas por los agentes James Bond y Harry Palmer, así como de cintas formalmente arriesgadas como la hiperviolenta Irréversible de Gaspar Nöe y Primer, el indescifrable clásico de la ciencia ficción de bajísimo presupuesto, dirigido por Shane Carruth.

Tenet significa un grandioso regreso de las salas de cine (la cinta vio aplazado su estreno debido a la pandemia), pese a que el espectador se sentirá como Bane (el villano interpretado por Tom Hardy en la cinta de Nolan The Dark Knight Rises), aislado del mundo y con un tapabocas que le dificultará comer palomitas. Sin embargo, esta es una película que debe verse en cine y punto.   

Nolan, un amante de la complejidad experimental de 2001: A Space Odyssey y de la acción trepidante de Star Wars, nos ofrece un nuevo ejemplo de su “entretenimiento inteligente”, con una historia protagonizada por John David Washington como un agente secreto sin nombre y con una electrizante secuencia inicial llevada a cabo en una función de ópera, maravillosamente fotografiada por el virtuoso Hoyte van Hoytema (Spectre) y que nos recuerda a The Dark Knight, la mejor cinta sobre Batman de todos los tiempos, dirigida por el mismo Nolan. 

Las cosas salen mal para este anónimo agente infiltrado de la CIA, el cual, pese a que es sometido a una brutal tortura, se rehúsa a delatar a sus compañeros. Antes de sucumbir, el agente pronuncia la frase “Vivimos en tiempos crepusculares”, la cual puede pensarse como un guiño al pasado actoral de su compañero de aventuras: el misterioso agente de nombre Neil, interpretado por Robert Pattinson, estupendo como de costumbre, antes de convertirse en la nueva encarnación del Hombre Murciélago.

Lo que sigue no puede revelarse aquí, por aquello de los molestos spoilers, pero basta con decir que la cinta se centra en una delirante misión en la que nuestro protagonista y el agente Neil deben impedir el fin del mundo tal y como lo conocemos. El malvado detrás del apocalipsis inminente es el traficante de armas ruso Andrei Sator, un megalomaníaco con celotipia y un marcado acento que nos recuerda a los villanos de Bond y al Boris de Rocky & Bullwinkle. Sator tiene sometida a su esposa, la bella y sofisticada Kat (Elizabeth Debicki), una mujer que termina siendo el interés amoroso de nuestro protagonista y una especie de “chica Bond”, en la alucinante cinta de Nolan. 

No puede faltar una breve aparición del actor fetiche del director, el legendario Michael Caine (quien encarnara al agente secreto Harry Palmer en tres magníficas cintas), para darle una mayor sofisticación a la trama; una banda sonora rimbombante (a cargo de Ludwig Göransson) y unas increíbles secuencias de acción, que incluyen un desastre aéreo provocado como distracción, una emocionante persecución de autos y una operación militar climática, que bien se parece a un remake de altísimo presupuesto de la película de los Lumière.      

Pero si usted está esperando los complejos juegos temporales que convirtieron a Memento y a Inception en unos exquisitos platillos servidos en bandeja de plata para los cinéfilos hambrientos de retos mentales, con Tenet no quedará decepcionado. Al final, el espectador quedará envuelto en una desconcertante cinta de Moebius, en la que luego de terminar la función, lo llevará a salir del Múltiplex, para luego, sentir el impulso irresistible de volver a entrar de nuevo a la sala de cine para ver la película de nuevo y así poder desencriptar sus misterios, como bien nos tiene acostumbrada toda la filmografía de Nolan.