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Terapia a la francesa

Una psicoanalista tunecina abandona París para ejercer su profesión en su país de origen, y se da cuenta que los musulmanes necesitan a Freud más de lo que creía
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Manele Labidi /

Golshifteh Farahani, Majd Mastoura, Aïsha Ben Miled

Cortesía de Cine Colombia

La actriz iraní Golshifteh Farahani es quizás una de las mujeres más bellas de la gran pantalla en la actualidad. La protagonista de La piedra paciente, A propósito de Elly y Paterson tiene un irresistible encanto hipnótico que sale a relucir en Terapia a la francesa, una comedia tan ligera y deliciosa como un soufflé, y que marca el debut como directora de la parisina Manele Labidi. 

Farahani interpreta aquí a Selma, una psicoanalista con un espíritu tan salvaje e inquieta como su cabellera. Selma deja a París, la ciudad donde estaba ejerciendo su profesión, para regresar a su nativa Túnez y abrir un consultorio en su antigua casa, ubicada en el conjunto donde reside su familia. 

Como era de esperarse, su familia ve con escepticismo que Selma pueda tener éxito como psicoterapeuta en una cultura donde las personas tienen como costumbre tragarse todos sus problemas, pero sucede todo lo contrario. Las personas hacen largas filas en el consultorio armado en el antiguo hogar de la mujer, para poder así hablar de sus intimidades y conflictos. 

Entre los pacientes de Selma encontraremos a la dueña de un salón de belleza que mantiene una relación complicada con su madre, a un hombre paranoico recién salido de la cárcel, a un Imán depresivo y a un panadero que se siente más cómodo asumiendo su lado femenino. Pero las problemáticas van más allá de las paredes de su consultorio, ya que la familia disfuncional de Selma incluye a un tío que disfraza su alcoholismo con latas de Coca-Cola, a una tía amargada y a una sobrina rebelde. Asimismo, Selma mantiene una peculiar relación con un policía (Maid Mastoura) quien, al mismo tiempo que coquetea con Selma, la amenaza con cerrar su consultorio, sino consigue los permisos reglamentarios para trabajar como psicoanalista en Túnez.  

Pese a que se profundiza muy poco en la psique de esta terapeuta solitaria que inexplicablemente abandona la comodidad y la libertad de la capital parisina para regresar a una familia que la ve como una niña confundida, y a que los pacientes no llegan a ser más que simples estereotipos cómicos que rodean una relación romántica que parece extraída de las típicas comedias románticas de Hollywood, lo cierto es que gracias a la poderosa y encantadora presencia de Farahani, esta comedia romántica ligera con algunos toques freudianos y transculturales, logra su cometido de divertir y envolver al espectador por partes iguales.