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Tigre Blanco

Un oscuro relato acerca de un joven de la India que aspira a salir de la pobreza, pero que no tiene un programa de concurso para convertirse en millonario
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Ramin Bahrani /

Adarsh Gourav, Priyanka Chopra, Rajkummar Rao

Cortesía de Netflix

Conozcan a Balram Halwai, el protagonista de Tigre blanco. Este es un hombre acomodado, que vive en la ciudad de Bangalore a comienzos de la década pasada. Al ver en las noticias que se avecina la visita a la India de Wen Jiabao, el Primer Ministro de China, Balram decide escribirle una carta para contarle su historia. 

Aquellos que nos conmovimos con la historia entrañable, melancólica y llena de esperanza de Apu, el protagonista de la trilogía de películas dirigidas por el gran Satyajit Ray (Pather Panchali, Aparajito y Apur Sansar), o con las historias conmovedoras y optimistas de Jamal (el protagonista de la cinta ganadora del Óscar Slumdog Millionaire) o de Saroo (protagonista de Lion), se encontrarán con un relato que, como lo advierte su narrador, se pone cada vez más oscuro.

Dicho relato originalmente salió a la luz en la forma de una exitosa novela publicada por Aravind Adiga en el 2008, y que, de una forma cínica y pesimista, aborda la injusticia social y la mentalidad servil de la que sufren la mayoría de los pobladores de la India, entre ellos su protagonista. 

Ahora, Ramin Bahrani, el autor y guionista de Goodbye Solo, Plastic Bag y 99 Homes, y considerado por el fallecido crítico Roger Ebert como el “Nuevo director de la década”, cuando lo impresionó con sus celebradas Man Push Cart y Chop Chop (ambas sobre la pobreza y la explotación en la India), adapta la novela de Adiga y el resultado es, de una manera práctica e intencional, la antítesis de las películas sobre Apu, Jamal y Saroo.      

Tanto la novela, como la película de Bahrani, nos cuenta cómo Balram (un estupendo Adarsh Gourav), fue apodado como “Tigre blanco”, debido a que su inteligencia y precocidad, lo convirtió en un niño único y especial. Pero también relata, cómo la esperanza de ser becado y convertirse en un adulto exitoso, se viene abajo cuando su padre (Satish Kumar), lo saca de la escuela, para poder pagar una deuda a “la cigüeña” (Mahesh Manjrekar), el terrateniente de la villa donde vive junto con su familia. Esta decisión, que acaba con el futuro promisorio de Balram, es apoyada por su abuela (Kamlesh Gill), quien lo obliga a trabajar toda su infancia, y continúa explotándolo para su propio beneficio, cuando su padre muere de tuberculosis y Balram queda huérfano.

Balram ve una luz de esperanza, cuando llega a la villa Ashok (Rajkummar Rao), el hijo menor de “la cigüeña”. El sueño del joven es el de convertirse en el conductor de Ashok, y lo logra. Pero su vida se hace aún más miserable. 

Como nos lo explica Balram, la mayoría de los habitantes de la India, incluido él, hacen parte de “el gallinero”, un estado tanto mental como real, en el que lo único que les espera es el conformismo, la servidumbre y ser explotados por sus dueños, quienes no tienen ninguna consideración o piedad hacia ellos.

Como si se tratara de ese hombre alienado del que nos hablaba Marx en sus Manuscritos económico-filosóficos, Balram aspira complacer a unos amos que lo tratan de una manera cruel y despectiva, es aparentemente feliz por tener un sueldo miserable, cuya mayor parte es solicitado por su abuela, y sueña con convertirse en el conductor No.1, así tenga que pasar por encima de la persona que ocupa ese puesto y que se encuentra en la misma situación apremiante que él.

Aparentemente, Ashok y su esposa Pinky (Priyanka Chopra), quienes estuvieron viviendo en los Estados Unidos, la tierra de la democracia y la libertad, son unas personas mucho más consideradas con Balram, a diferencia de “la cigüeña” y de “la mangosta” (Vijay Maurya), el hermano mayor de Ashok, ambos acusados por la pareja de tener una mentalidad retrógrada, producto del sistema de castas de la India en el que están inmersos. Pero lo cierto es que no es así. Además, para mantener su estatus social y económico, los patrones de Balram sobornan constantemente a “La gran socialista” (Swaroop Sampat), una dirigente política corrupta quien, al igual que la abuela de Balram, explota a quienes lo explotan a él, como si se tratara de un gallinero dentro de un gallinero. 

Luego, ocurre un punto de quiebre que es mejor no mencionar aquí, pero que lleva a Balram a convertirse en una especie de Raskólnikov, el protagonista de la novela de Dostoyevski, pero sin el “castigo”. 

El filósofo Michel Foucault nos hablaba de cómo el poder es una estructura inherente a las relaciones sociales. Pero Noam Chomsky nos recuerda cómo el dinero es la superestructura que define tanto las relaciones de poder, como la forma de pensar, la ideología, las leyes y las creencias de los individuos que hacen parte de estas sociedades capitalistas. Tigre blanco es el relato de un hombre que pasa de la pobreza a la riqueza, eso es cierto. Pero la forma en la que llega, permite que entendamos lo enferma que está nuestra sociedad. ¿Se parece mi país al tuyo? Pregunta Balram. La respuesta es obvia, a no ser que usted viva en el gallinero.