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Tundama

Aunque la película sobre el cacique Tundama, es un experimento fallido, no se puede negar su noble intención y que significa un avance para el cine de animación colombiano.
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Diego Yaya, Edison Yaya /

Cortesía de Alterna Vista

Tundama fue el nombre de un cacique muisca que vivía en Duitama, Boyacá, y que gobernó en la época en la que los españoles (entre ellos, Gonzalo Jiménez de Quesada), llegaron a conquistar el suelo americano.

El cacique reunió a un ejército de más de 10.000 hombres para oponerse a ellos. En 1539, se enfrentó en una batalla en el Pantano de Vargas, al ejército comandado por el capitán Baltasar Maldonado, y aunque perdió, dejó fuertemente afectada a la caballería española. Tundama se enfrentaría de nuevo a Maldonado, pero al final Duitama sería tomada por los españoles. El cacique fue capturado en 1539 y murió a martillazos, los cuales fueron dados por el mismo Maldonado.

Esta es la historia que los hermanos Diego y Edison Yaya quisieron contar en su película animada, la cual busca explorar una historia muy poco conocida por el pueblo colombiano. La cinta apela a un público preadolescente y adolescente (incluye varias escenas de violencia y muerte, y a un conquistador español que expele una palabra de grueso calibre, lo cual puede asustar a los más pequeños y escandalizar a una que otra madre de familia). Aquí veremos al cacique Tundama, convertido en toda una especie de superhéroe indígena (con la voz de Leonardo Castellanos Machuca).

Piensen en Tundama como una mezcla entre el Jefe Apache y El Dorado (los personajes creados por los estudios Hanna-Barbera para la serie animada Los Super Amigos, con la intención de generar más inclusión en una Liga de la Justicia demasiado blanca). Asimismo, los espectadores también podrán comparar a Tundama con Pantera Negra, el heroico defensor de Wakanda, o con William Wallace, el héroe nacional escocés protagonista de la película Corazón valiente.

Sin embargo, Tundama posee la profundidad psicológica de los Superamigos (es decir, ninguna) y carece de las complejidades de los personajes interpretados por el fallecido Chadwick Boseman y por Mel Gibson. De hecho, todos los personajes en esta cinta (tanto muiscas como españoles), son tan solo bocetos y es una labor imposible tratar de tener alguna empatía u odio hacia ellos.

Tampoco ayudan mucho los diálogos recargados (vale la pena decir que la película está hablada casi en su totalidad en dialecto muisca), que, en la mayoría de los casos, están acompañadas de unas imágenes casi estáticas. Y ni hablar del “síndrome de los ojos muertos” que sufren todos los personajes de la cinta y de la ausencia completa de momentos de humor, algo que llega a abrumar al espectador.

Pero no todo es un desastre en Tundama. Los movimientos del cabello de los muiscas es algo que envidiaría cualquier músico de Heavy Metal de los años ochenta, la música no tiene nada que envidiarles a las mejores producciones de Hollywood y, el hecho de recuperar este episodio olvidado de la historia de nuestro país, ya es algo que se les abona a sus realizadores.