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Una guerra brillante

Cuando la electricidad une y separa

Alfonso Gómez-Rejón/

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Muy corriente, poco electrizante.

DEAN ROGERS

Es 1880 y Thomas Edison (Benedict Cumberbatch), futuro inventor y gran promotor de sus artefactos, va en tren junto a un grupo de hombres de negocios hasta un campo en Menlo Park, Nueva Jersey. Apenas se bajan, les muestra algo que acaba de patentar: un tubo de vidrio que emite luz. Al presionar un interruptor todo el suelo se ilumina gracias a una docena de estos nuevos dispositivos. “Señores, espero que hayan traído sus chequeras”, dice. Si tan solo pudiera convencer a J.P. Morgan (Matthew Macfayden) de que le pague millones de dólares, el legado de uno de los inventores más importantes del siglo XIX estaría a salvo.

Mientras tanto, en Pittsburgh, George Westinghouse (Michael Shannon) y su esposa Marguerite (Katherine Waterson), están preparando un banquete para atender al señor Edison. Van a la estación de tren para encontrarse con él, pero la locomotora no se detiene y sigue derecho. Thomas está “cansado”, omite los reclamos de su esposa Mary (Tuppence Middleton) y su asistente Samuel Insell (Tom Holland), y falta a la reunión. Ambos compiten por la cima de la industria eléctrica, la cual está a punto de estallar. Edison cree que la corriente directa (DC) es mejor. Mientras que la corriente alterna (AC) de Westinghouse intenta sobresalir. Quien controle la luz, controlará el universo.

Dentro de las próximas décadas, hay una guerra de calumnias entre los dos. El “futurista” Nikola Tesla (Nicholas Hoult), quien tiene algunas ideas radicales, también participa en esta disputa. Todo acaba en la Feria Mundial de Chicago de 1893, cuando luchan por iluminar el evento y convertirse en el nombre que será recordado por siempre.

Esta cinta cuenta la historia de dos hombres brillantes y conflictivos que luchan por el progreso y la obtención del reconocimiento. En el fondo es un relato que, a través de la luz y el arte, muestra el corazón de la humanidad, algo que seguramente le atrajo al director Alfonso Gómez-Rejón, tras su película presentada en Sundance Yo, él y Raquel.

Una guerra brillante trae a la pantalla grande una versión inerte de todo eso: un recuento de un momento histórico cegado por toda la parafernalia. No es que sea una mala historia, solamente es un filme genérico e insípido.

Luego de que rescataran la cinta de su limbo de posproducción, fue reeditada y algunas escenas fueron regrabadas. Gómez-Rejón lanzó la película tal como quería que fuera publicada, sin la interferencia de algunos monstruos de Hollywood. Es una victoria, pero resulta amarga porque ahora el filme debe ser juzgado por lo que aparece en pantalla y comparado con una batalla que ocurrió detrás de cámaras; el auge y la caída de un segundo intento. Una película sobre la creación de Una guerra brillante sería dinámica, acelerada y más atractiva. Su resultado final, en sí, es un callejón sin salida.