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Edison Sánchez

Vincent Cassel: La noble verdad del villano

No viene a pronunciar discursos ni a ofrecer lecciones de diplomacia; no parece preocupado por hacer amigos, y aun así tiene a todos en el bolsillo. Durante su carrera ha inmortalizado a tipos rudos, malos, coléricos. Puede ser fácil enamorarse del tipo malo

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Vincent entra vistiendo una camiseta negra y un jean desgastado. Balancea su cuerpo de 1,86 m sobre un par de tenis blancos. Recorre la alfombra roja que conduce al bello recinto del siglo XIX sin disminuir el paso. El teatro Adolfo Mejía está a tope. La cantidad de gente que quedó fuera de la celebración, lucha en medio de la brisa caribeña por hacerle una foto al gigante de la actuación francesa. Nominado en cuatro ocasiones al premio César, habitual del Festival de Cannes y reconocido como uno de los miembros de la élite artística europea, Cassel es el hombre de la jornada y se comporta como alguien acostumbrado a serlo. Esta noche el Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias le rendirá tributo al intérprete de 51 años. Es el invitado principal en la edición 57 del certamen cinematográfico más importante de Colombia.

Las cámaras disparan, en los parlantes de la platea suena el potente bajo de DJ Cutkiller. Caminando a través del hip hop denso con el que creció, Cassel acentúa ese “tumbao” que tienen los que han recorrido ciertas calles. La cortina de terciopelo rojo que da ingreso al proscenio se corre, Cassel y su séquito pasan, los guardias de seguridad hacen una cadena con sus bíceps para evitar que alguien más ingrese. El tipo entra y se sienta. Las luces se apagan. Con el índice sosteniendo la barbilla ve un repaso de las más importantes escenas de su carrera. Habla poco.

Se proyectan fragmentos de Irreversible, Jason Bourne, El cisne negro, Doberman, Blueberry, Shrek y por supuesto El odio. Una luz puntual lo sustrae de los demás asistentes cuando acaba la proyección. Se pone de pie, sube al escenario, sonríe y da las gracias. Levanta la estatuilla de la India Catalina. No tiene unas palabras preparadas, así que no pronuncia muchas antes de marcharse.

“Estoy cansado de interpretar al francés malo en las películas gringas”, dijo en una ocasión. “¿Pero qué otro tipo de papeles podría obtener una persona con una nariz como la mía?”, dijo en otra. Cassel acepta con encanto ser galardonado por ser bueno en eso de ser malo.

El odio inicia con la imagen de la Tierra reflejada en un charco de combustible. En cámara lenta una centella cae hasta hacer arder el pozo. Fuera de campo escuchamos la voz de Hubert. “Ésta es la historia de un fulano que cae desde la cima de un rascacielos, cada vez que pasa un piso y se acerca al asfalto dice: ‘Hasta acá todo va bien, hasta acá todo va bien… Lo importante no es la caída, es el aterrizaje’”.

Las llamas incendian el reflejo del planeta, la pantalla y la historia del cine francés. Hasta acá todo va bien. Cassel se va en cuanto inicia la proyección. Al encontrarnos al día siguiente en el patio de un hotel de la ciudad amurallada, el primer tema de conversación no podía ser otro. Hablaremos de su papá, del internado, de Hollywood, sobre haber estado casado con una de las mujeres más bellas del mundo. Pero primero hablaremos sobre El odio.

EDISON SÁNCHEZ

Vincent tenía 28 años cuando interpretó a Vinz, un adolescente colérico. La película que cambió para siempre el cine francés, de la cual el mismo Cassel ha aceptado lo llevó a encontrar una parte diferente de él mismo. También determinó en gran parte el éxito de su carrera. Pese a provenir de una clase social más acomodada logró hacer inolvidable a ese brabucón del gueto. En parte gracias a la conducción de un director que hasta entonces solo había rodado cortos y actuado en un puñado películas, un tirapiedras con rostro inofensivo. El director de El odio, Mathieu Kassovitz, se haría popular en círculos cinéfilos más blandos al interpretar al chico que hace suspirar a Amélie. Sin embargo, Cassel le había echado el ojo desde Fierrot le pou (1990), uno de sus primeros cortometrajes, por su sentido urbano y lejano al cine francés tradicional, incluso el nombre era una abierta burla al cine de la Nueva Ola Francesa. En el corto un basquetbolista torpe, blanco y francés se obsesiona con una morena, con la idea de impresionarla con sus habilidades atléticas fantasea con ser negro hasta que la realidad lo trae de vuelta a un mal lance.

El odio representó para Kassovitz y Cassel un proyecto más personal y profundo. Llegó a la mente del director mientras observaba un anuncio de gasolina. La imagen del mundo en llamas fue la metáfora para hablar sobre la muerte de un joven amigo a manos de la policía, matizado con los recuerdos de adolescencia de Cassel, que vivió los años más intensos de la formación de una escena hip hop en los barrios de inmigrantes africanos y orientales de París.

La escena francesa del rap es fundamental en el contexto mundial. Por su proceso de gestación y su influencia está en un honroso segundo lugar con respecto a la norteamericana. Desde sus inicios, actos como Afrika Bambaataa y Rock Steady Crew visitaron Francia. Un nexo ha unido a las dos naciones desde las épocas del jazz y el rock & roll, los negros americanos han encontrado menor discriminación en las audiencias francesas. Allí, en la naciente París underground en 1985, el hermano de Vincent, Mathias, se dio a conocer como Rockin Squat, y junto a Doctor L y DJ Clide formaron Assassin, un ensamble que sirvió de bastión para el movimiento del rap parisino. A mediados de los 80 fueron una de las primeras bandas del género en abordar temas sociopolíticos. Sus líricas pusieron fuego a temáticas como la problemática de los presos políticos, el racismo, la colonización francesa en África. Junto a agrupaciones como N.T.M. (La respuesta francesa a N.W.A) o MC Solar, dispusieron la banda sonora de la resistencia callejera que para ese entonces libraba batallas por su supervivencia contra facciones de extrema derecha que se movían en las sombras de la Ciudad Luz. En sus callejones, como extensión de la violencia de los hooligans, renacían el fascismo y el nazismo, y los cabezas rapadas se calzaban las botas para patrullar y dar palizas a los inmigrantes provenientes de las antiguas colonias francesas en África, las Antillas y el Oriente Medio. Como respuesta, los descendientes de los inmigrantes se organizaban en pandillas de “Cazadores de skins”, como los Black Dragons, los Ducky Boys o los Redskins.

Cassel lo recuerda a su manera. “Te refieres a los comienzos de los 90… fue muy divertido, realmente disfruté. Éramos chicos del hip hop y nos gustaba Nueva York, Public Enemy, los casetes, Spike Lee, esa era, ese ambiente. La idea era divertirnos”. Para ese entonces la madre de Cassel llevaba décadas viviendo en Nueva York. Vincent y su hermano contabancon una conexión con la ciudad donde todo se estaba forjando, en una época en la que la comunicación fluía sin vértigo digital. “Tengo muy buenos recuerdos. Para mí fue un comienzo, estaba comenzando a ser actor, estaba tratando de crear mi propia identidad. Recuerdo que quería ser famoso con esos chicos, no quería ser reconocido por la emperifollada industria del cine francés. Creo que uno debe ser reconocido por la gente de su generación. Eso era muy importante para mí”, afirma Cassel 22 años después de marcar la historia con aquel moderno clásico en blanco y negro al que Assassin —la banda de su hermano— se encargó de poner parte de la banda sonora, ambos dieron el paso, del estrellato subterráneo a los escalones superiores.

Eran finales de los 90. Francia se debatía entre sus valores de igualdad, fraternidad y libertad o la presencia del líder derechista Jean Marie Le Pen, que del otro lado de la balanza ganaba peso político denunciando la amenaza inmigrante, capitalizando políticamente el rechazo a la diferencia, con afirmaciones temerarias como las que pronunció contra los sobrevivientes del holocausto, los migrantes o los enfermos de VIH, a quienes se refería como: “Unos leprosos que al respirar el virus por todos los poros son un peligro para el equilibrio de la nación”. Con respecto al momento social de El odio, Cassel afirma: “No representa a toda Francia. Pero definitivamente tiene aspectos de Francia”. Aspectos que permanecen. Marine, la hija de Le Pen es actualmente una de las grandes figuras políticas del país galo, incluso con opción de presidir la nación. “Lo interesante con El odio es que da espacio a una población francesa que no estaba representada en el cine francés. Y se volvió mainstream gracias a esa película”, complementa Cassel en su conversación con Rolling Stone.

La historia de un negro, un judío, un árabe, una pistola y una promesa, sucede en una noche. Cassel interpretó a Vinz, el judío que tiene la pistola y los huevos para usarla. Un cuarto amigo está en coma después de ser apaleado por la policía en los disturbios de la noche anterior. Si muere, Vinz disparará contra un “cerdo”. Es una promesa. La influencia del cine norteamericano, de fetiches como Robert De Niro o Al Pacino, y el cine hecho al margen de Hollywood en los 70, aflora en la construcción de Vinz. Aunque según afirmó en nuestra conversación, Vinz está hecho de sujetos que conoció realmente. “El Vinz que yo estaba representando en esa película es un chico que vi muchas veces, no es una persona en particular, sino un tipo de persona. Son tres hombres… tipos bravos. Gente que creía que era ruda, pero que en el fondo era realmente débil. Son un grito de desesperación. Vinz es eso”, comenta. “Para mí El odio fue un gran comienzo. Había hecho cosas antes, pero fue la primera vez que interpreté un personaje principal en una película que realmente representaba a mi generación. Era el tipo de película que quería hacer. Era moderna, tenía que ver con la música que oía”, admite Cassel.

CORTESÍA FICCI

Hasta acá todo iba bien. Después de El odio, Cassel y Kassovitz hicieron Los ríos de color púrpura, allí se estableció como una estrella al compartir pantalla en un thriller con Jean Reno. Posteriormente los dos se distanciaron, fueron considerados “rostros” de una generación diferente de franceses. Según Cassel, el problema es que “Kassovitz se lo creyó”.

Al ascender a la esfera superior, Cassel se encontró de nuevo con el recuerdo de Jean-Pierre Cassel, su padre, quien también ejerció la actuación, convirtiéndose en un “mítico secundario”. Debido a su profesión y a la radicación de su madre en Nueva York, el padre de Casssel lo recluyó a los siete años en un internado.

Uno de los principales recuerdos de su padre es su participación en una película, que Cassel y la crítica coinciden en considerar un clásico claustrofóbico: El discreto encanto de la burguesía, de Luis Buñuel. También ha manifestado recordar “con entusiasmo” una visita al set de esa filmación, que coincidió con una escena en la que su padre era torturado. “Ya no necesito matar a mi padre. Lleva ocho años muerto”, comentó en una entrevista para un diario español. Cassel puede recordar con claridad el consejo que más lo marcó sobre su carrera, dado por su padre: “Él me enseñó algo un día. Me dijo: ‘En este negocio no hay reglas’. Y es cierto… Por qué una película es buena o mala… No hay reglas. Es decir, siempre y cuando te comportes como persona y camines hacia un objetivo, no hay reglas. No estoy hablando de reglas entre la gente. Estoy hablando de las reglas del negocio”.

En otras declaraciones Cassel ha aceptado que, a partir de El odio, ha decidido casi todos sus personajes para distanciarse de la carrera fílmica de su padre.

Cassel huyó a los 17 años del internado. Desde los 15 estaba decidido a ser actor. Adoptó el apellido artístico del padre, pero trazó su propio camino. Participó de una escuela de circo, fue artista callejero y finalmente se inscribió en arte dramático. Vivía a medio camino entre los lugares de moda y los espacios clandestinos del hip hop.

Así mismo, Cassel no ha tenido problemas en aceptar ser parte de grandes producciones hollywoodenses, y aunque desestima el significado de la expresión “cine independiente”, asegura buscar siempre “proyectos diferentes”.

“No vivo en Europa. Vivo en Brasil, así que la mayoría de veces que voy a Europa es a trabajar. Hollywood no es un paraíso, pero no todas las películas estadounidenses son ‘de Hollywood’. Muchos de los directores con los que trabajo son angloparlantes, pero no son Hollywood. Trabajar con grandes estudios es difícil, porque hay mucha gente tomando decisiones, mucho dinero circulando, incluso el director no tiene derecho al corte final de la película la mayoría de las veces. Y, para mí, el director es la parte más importante de una película”, afirma Cassel.

Vincent ha trabajado con Aronovsky, Noé y Dolan, algunos de los mejores didirectores contemporáneos. Con Gaspar Noé se inscribió brutalmente en la historia gracias a Irreversible. De esta película comentó: “Sabía que estaba tomando parte de algo fuerte y poderoso. Cuando la exhibimos en Cannes estaba asustado y emocionado, como un terrorista que ha ocultado una bomba en una iglesia”. Y dijo esto sobre trabajar con el enfant terrible, Gaspar Noé: “Es maravilloso y muy agotador, pero para mí Gaspar es uno de los mejores de los mejores directores contemporáneos. Es muy puro, es un artista, como un pintor. Ver una película suya es como ver una exhibición de un creador crudo como Egon Schiele. Uno puede decir que no le gusta, pero definitivamente es algo diferente. Eso tiene un significado muy fuerte, es algo que te sobrepasa”. Al referirse a Aronofsky, la intensidad varía, asiente con respeto.

CORTESÍA FICCI

“Darren Aronofsky…cuando vi su primera película, PI, pensé que era increíble porque capta la crudeza de las películas europeas que me gustan, de los viejos tiempos. Así que siempre me ha interesado. Y luego vi el resto de su trabajo y, para cuando me llamó para participar de El cisne negro le dije: ‘Claro que sí’. Él es una persona con la que ni siquiera me hubiera soñado trabajar”. Para el joven Xavier Dolan, Cassel abre un apartado especial. Han trabajado recientemente en Solo el fin del mundo, la esperada entrada a las grandes ligas del canadiense, en donde arma un elenco actoral increíble junto a Marion Cotillard, Léa Seydoux y Gaspard Ulliel.

Se acomoda en la silla para hablar del joven fenómeno: “¿Dolan? Ocurre lo mismo con él, es un auténtico director. Me siento atraído por los directores, por los verdaderos. Aquellos que tienen una visión, aquellos que cada vez que toman una decisión, así sea en fracciones de segundo, logran crear un camino interesante. Dolan es uno de ellos”. Solo el fin del mundo fue rodada en condiciones especiales. “La forma como está hecha es muy interesante, grabamos toda la película, con el elenco en un cuarto durante ocho días. Y ahora la película está ganando premios por todos lados. Es una película densa, un poco claustrofóbica, pero creo que es muy real”, comenta sobre a la cinta que pronto será estrenada en salas colombianas.

Con respecto a la preparación previa para su papel en Solo el fin del mundo, afirma: “La parte más importante de la película jamás sucede antes de grabarla, pasa en el set. El problema viene cuando estás en el set y de repente, no funciona. Tu única responsabilidad como actor es que la escena funcione. Y si no eres tan malo, puedes hacer que cualquier escena funcione si lo deseas. Así que tiene que ser en el momento… ese es el reto. En ese sentido una película que hice llamada Sheitan fue un poco difícil para mí. Finalmente lo logré, pero me tomó tres días, lo cual es mucho [risas] para encontrar el tono de lo que tenía que hacer”. Eso no habría podido suceder en Solo el fin del mundo, donde habría representado casi la mitad de su trabajo en la película, Cassel ha afirmado que con el tiempo ha aprendido a relajarse, a disfrutar la actuación. “Eso es lo que hago, yo diría que es trabajo, aunque realmente no lo es, actuar es divertido. Actuar es simplemente divertirse con un guion”.

Refiriéndose puntualmente a Antoine, su más reciente personaje en Solo el fin del mundo, considera: “Está disgustado porque tiene problemas con su familia… en las familias hay cosas que la gente nunca dice. Celos, secretos, siempre hay problemas. La familia es lo único que uno no escoge. Uno tiene que amar a su familia, pero en algunas ocasiones ese amor se convierte en una experiencia más difícil. No, no soy como los personajes que represento, puede que tenga un lado de eso. Pero no estoy tan atormentado como mis personajes. Soy más simple, espero [risas]”.

Eso podemos sentirlo en la tranquilidad con la que Cassel se refiere a su exesposa, Monica Belluci (Irreversible, 007: Spectre, Matrix Reloaded). Considerada una de las mujeres más sensuales del planeta, y quien compartió durante 16 años su vida con el actor. En entrevistas previas él ha alabado su inteligencia y capacidad actoral por encima de su belleza, y también aseguró a Rolling Stone Colombia: “Nosotros coincidimos en muchas películas, hicimos casi ocho cintas juntos y yo espero volver a trabajar con ella algún día, aunque la extraño, sé que hicimos suficiente juntos”. Sin la palabra adecuada para decir que no representa un sueño, mira hacia el cielo de Cartagena y sonríe, con la vulnerabilidad y la frialdad que solo ostenta un buen villano.

EDISON SÁNCHEZ