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White Lines: el hedonismo vs la razón

Ibiza, drogas, asesinatos, música noventera y mentiras rodean la nueva producción de Álex Pina, el creador de La casa de papel y Vis a vis
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ADRENALINA Y MIEDO: Zoe (Laura Haddock) se estrella con un nuevo mundo en Ibiza.

CORTESÍA NETFLIX

Álex Pina se ríe tímidamente, encoge sus hombros y gira su cabeza sin respuesta cuando hablamos sobre si esperaba siquiera un cuarto del éxito de La casa de papel, la serie que cambió su vida. Abre sus ojos de par en par cuando escucha sus propios números: La casa de papel fue vista en 160 países y reproducida más de 60 millones de veces en el mundo. La serie se consolidó como uno de los fenómenos televisivos más influyentes de la década. Y siendo realistas, es difícil imaginar que el mismo Pina supere esos números, y también es difícil imaginar que cualquier otro director español los supere. Sin embargo, no parece que Pina se sienta presionado. Hoy no quiere hablar de sus proyectos a futuro, y prefiere enfocarse en su nueva creación: White Lines, su serie más reciente de la mano de Netflix.

Hoy estamos en las Islas Baléares, más específicamente en Mallorca, donde se filmó el 90 % de la nueva producción. El reparto está grabando unas escenas del sexto capítulo en una mansión gigantesca en el centro del Valle de Coanegra, un paraje rodeado por árboles frondosos, el sonido ambiental de las cascadas naturales y un clima cálido. Pina descansa en un sofá junto a Sharon Hughff y Andy Harries, dos ejecutivos de Left Bank Pictures, la productora británica a cargo de White Lines. A pesar de que Pina es conocido mundialmente por La casa de papel, Harries y Hughff se maravillaron con su escritura gracias a Vis a vis, otra serie de suspenso, delitos y espacios cerrados. “[El escritor] tenía que ser Álex, porque el corazón de la historia es una familia española… además de que es una máquina de ideas emocionante e impredecible”, elogia Harries, y con razón.

La magia de la narración de Pina recae en sus personajes. Uno por uno, son creados para ser únicos. Pueden ser malévolos e inconscientes y al mismo tiempo, simpáticos y persuasivos; pueden ser tu mayor confidente y al otro día, tu peor enemigo; y pueden parecer inocentes, pero cargan un pasado que le puede dar un giro radical al relato. De todos modos, Pina asegura que cada papel, casi por obligación, debe tener una característica que se ha convertido en su marca registrada: “Esa ambigüedad moral de hacer comedia con la tragedia. Sería incapaz de desarrollar un drama si no tiene una perspectiva cómica. Creo que así hay que entretener al público, y disfrutar de ese paisaje tan espectacular”.

UN FENÓMENO TELEVISIVO: Álex Pina hoy es considerado uno de los escritores más aclamados por la crítica, después de dirigir y crear La casa de papel, Vis a vis y El embarcadero. TAMARA ARRANZ

En la superficie, White Lines es una historia sobre la desaparición de Axel Collins (Tom Rhys Harries), un DJ de Mánchester que se asentó en Ibiza en 1996 junto a tres amigos para impulsar su carrera. Sus primeras semanas son un despilfarro: fiestas de días, remates clandestinos, líneas y pepas por doquier, con lujos que solo podrían sostener familias de la élite. Parece el sueño de cualquier adolescente, pero es una euforia que luego se transforma en angustia e inquietud. Al final del día de su cumpleaños (una fiesta de más de 600 personas), se desconoce el destino y el rastro de Axel. No lo volvieron a ver. Solo 20 años después la policía encuentra su cuerpo momificado en unas tierras de Almería de los Calafat, una familia dueña de un imperio de discotecas de la isla.

Zoe Collins (Laura Haddock), la hermana de Axel, viaja de Mánchester a Ibiza para reconocer el cuerpo, y se termina quedando para descubrir qué pasó con su hermano. Su vida en Inglaterra es tranquila, recta y familiar. Trabaja como bibliotecaria, está casada, tiene una hija de unos 15 años, y nunca suele enfrentar problemas. En el viaje, lidiará con dos caminos. Primero, transformarse en una detective informal –en España, si en 20 años no resuelven un asesinato, se cierra el caso– para investigar de cerca a la familia Calafat, de la que también son parte Kika (Marta Milans), la exnovia de Axel, y Oriol (Juan Diego Botto), el hijo del hombre más respetado de la isla. Además, retomar su relación con los amigos de Axel: un DJ frustrado e infantil con negocios de narcotráfico (Daniel Mays), una organizadora de fiestas eróticas y de orgías burguesas (Angela Griffin) y un neo hippie que “encontró la iluminación” en un viaje a Nepal (Laurence Fox). Y segundo, encontrarse a sí misma al adentrarse en un mundo desconocido, de drogas, hedonismo, negocios fraudulentos y traiciones familiares. Dos caminos que, al encontrarse, implican dilemas entre su pasado y su presente. Es casi un hecho que Zoe no tomará las decisiones más razonables.

White Lines es una absoluta locura”, dice la actriz Laura Haddock, quien asegura que nunca había encarnado un papel tan colorido, vivo y ajetreado. “Le decía a Nick Hamm, uno de los directores, que la serie es una fusión de The Street de Jimmy McGovern, Blow de Johnny Depp, Sexy Beast [de Ray Winstone] y una pintura de David Hockney, y todo eso en ácido”.

SUSPENSO, DEL PASADO AL PRESENTE: Tras 20 años de la desaparición de Axel (Tom Rhys Harries), sus amigos y sus parientes más cercanos siguen escondiendo secretos. CORTESÍA NETFLIX

Al igual que en Vis a vis, el núcleo de la historia transmuta de lo policíaco a lo psicológico. Parece como si algunos personajes estuvieran paralizados desde los 90. Zoe y su obsesión por encontrar la verdad son los catalizadores que quebrarán y desentrañarán los secretos de cada uno. Haddock, para encarnar el dolor de una pérdida de dos décadas, se preparó meses antes para interpretar el papel protagónico. “Me comprometí a ser extremadamente reactiva con mi entorno. Una mujer que apenas ha enfrentado problemas en su vida y ahora está sola, lo único que puede hacer es reaccionar”, dice Haddock.

La banda sonora y la fragmentación temporal también juegan un papel vital. Saltamos de 1996 a 2020 y de Mánchester a Ibiza, y nos encontramos con clásicos de la época. La nostalgia noventera se recuesta en sencillos como Movin’ on Up de Primal Scream y Bamboleo de Gipsy Kings, y el erotismo y la fiesta se apoyan en un cover moderno y sensual de Creep de Radiohead y el himno de electrónica Dragostea Din Tei de O-Zone. Los productores Hughff y Harries encontraron a un compositor y curador que logró esa conexión sonora y sentimental: Junkie XL, un DJ británico reconocido en los 90. “Era perfecto para eso, hasta podía ser un personaje de la serie”, considera y bromea Hughff. Un soundtrack que le recuerda a Zoe los momentos familiares con su hermano y que le recuerda a los amigos de Axel sus días de libertinaje.

White Lines es una fusión explosiva entre la cultura anglosajona y la cultura española, que no solo trata de drogas y peligros, sino también de esos límites invisibles que rodean la cotidianidad. Los personajes deciden si cruzar esas líneas o no… y para saciar nuestro gusto, suelen hacerlo.

La nueva obra de Pina se estrenó en Netflix el pasado 16 de mayo y cuenta con 10 episodios, cada uno de 50 minutos. El público decidirá si es necesaria una continuación para este caso.