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Wolfwalkers: Espíritu de lobo

La tercera y última parte de la trilogía animada basada en leyendas irlandesas, es un trabajo tan bello que es imposible no sentirse fascinado y conmovido
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Tomm Moore, Ross Stewart /

Con las voces de Honor Kneafsey, Eva Whittaker, Sean Bean, Simon McBurney

Cortesía de Apple TV+

La competencia más seria para llevarse el premio Óscar al mejor largometraje animado (además de Soul, por supuesto) es Wolfwalkers, la tercera entrega de una trilogía inspirada en el folclor irlandés llevada a cabo por el guionista y productor Tomm Moore (las otras son las también bellísimas The Secret Of Kells (2009) y Song Of The Sea (2014).

Con una meticulosa atención al detalle y un preciosismo que solo llega a rivalizar con los primeros trabajos de Disney y con las producciones de los estudios Ghibli, Moore y su co-director Ross Stewart nos cuentan una historia ambientada en la Irlanda del año 1650, en la que una niña llamada Robyn Goodfellowe (Honor Kneafsey), desatiende sus obligaciones en el hogar, para soñar con convertirse en una cazadora, al igual que su padre viudo (Sean Bean de Game Of Thrones). 

Desobedeciendo las órdenes de su padre, la chica abandona su casa para acompañarlo en la cacería de una manada de lobos que, supuestamente están atormentando a los citadinos. En el bosque, Robyn conocerá a una niña de comportamientos agrestes y con una cabellera roja despeinada y cubierta de hojas, llamada Mebh Óg MacTíre (Eva Whittaker). Mebh se encargará de mostrarle a Robyn que los lobos no son tan malos como parecen y descubrirá el secreto de los Wolfwalkers, una tribu de la cual Mebh y su madre hacen parte, y que tanto Robyn como las personas de la ciudad, creían que eran parte de una leyenda. 

Wolfwalkers guarda algunas semejanzas con Brave, la película animada de Pixar también ambientada en Irlanda y protagonizada por otra niña pelirroja y despeinada, así como por personas que se convierten en animales. Pero lo cierto es que esta película, así como las otras producciones de los estudios Cartoon Saloon (quienes además de la trilogía irlandesa, también produjeron esa hermosa cinta animada llamada The Breadwinner, ambientada en la Afganistán de comienzos del siglo XXI), son todas unas verdaderas obras de arte.