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Zack Snyder’s Justice League

La versión de cuatro horas de la Liga de la Justicia dirigida por Zack Snyder, es una película superior a la versión estrenada en cines en el 2017. Pero no es la mejor película de superhéroes de la historia, como los fanáticos quieren hacernos creer
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Zack Snyder /

Ben Affleck, Gal Gadot, Jason Momoa, Ezra Miller, Amy Adams, Ray Fisher

Cortesía de HBO MAX

Cuenta la leyenda que Zack Snyder, el director de El amanecer de los muertos, 300, Sucker Punch y Watchmen, fue quien dio inicio a una ardua misión: asumir las riendas de una serie de películas basadas en los superhéroes de los cómics de DC, para generar un universo cinematográfico extendido e interconectado, que pudiera competir con el de Marvel. 

Man Of Steel fue a la vez, la resurrección de Superman en el cine y la película que dio inicio al ambicioso proyecto. Pero, aunque no llegó a ser una mala película, suscitó varias inconformidades. El apuesto Henry Cavill no logró proyectar el mismo carisma de sus antecesores Christopher Reeve y Brandon Ruth (de hecho, destiló antipatía), y su personalidad oscura y depresiva se acercaba más a la de su colega Batman que al Boy Scout superpoderoso y jovial con el que estábamos familiarizados.

Luego vino Batman V Superman: Dawn Of Justice, una cinta que ha sido injustamente vapuleada por el público, pero que indudablemente, posee muchos problemas: El encuentro entre el hombre de acero y el hombre murciélago se sintió apresurado, y la cinta en general se experimenta como una especie de collage caótico inspirado por un niño que quiere jugar con todos sus juguetes al tiempo. Vale la pena recordar que Snyder, insatisfecho con la versión que se presentó en las salas de cine, luego se disculpó con una versión extendida, mucho más coherente y cohesiva, en una estrategia muy similar a la de los artistas Pop de hoy, que nos venden un álbum, para unas semanas después, anunciar que se ha puesto en el mercado una “versión de lujo” del mismo. Dicha estrategia puede ser muy beneficiosa para los estudios y los sellos disqueros. Pero, la verdad sea dicha, va en detrimento para el bolsillo y la paciencia del fanático. 

El desastre se desató con Suicide Squad, la cinta de David Ayer. Aunque algunos la defendieron (como Harley Quinn lo hace con su novio tóxico), lo cierto es que esta cinta sobre un grupo de villanos convertidos en anti-héroes, es una de las peores películas de superhéroes de la historia. Ayer nos entregó también una versión extendida, pero el Escuadrón Suicida no tuvo salvación.

La película Wonder Woman, dirigida por Patty Jenkins, fue una luz de esperanza y un grato descubrimiento. Gal Gadot nos logró convencer como la Mujer Maravilla y la película nos hizo quitar el amargo sabor generado por Suicide Squad. Sin embargo, el abuso de efectos especiales mediocres, la superficialidad del guion y la desconexión con las otras películas de DC, parecían avecinar nuevos problemas.

Efectivamente, Justice League llevó al universo cinematográfico de DC a una crisis, y no me refiero al mega evento de los cómics. Snyder, el director de la cinta en cuestión, tuvo que retirarse luego de la trágica muerte de su hija, y los estudios, afanados con cumplir con las fechas de estreno estipuladas, contrataron a última hora a Joss Whedon, el artífice de las dos excelentes películas de The Avengers para Marvel, y él, de una manera inexplicable, cambió el tono oscuro y grandilocuente de Snyder, para convertir a la Liga de la Justicia en una especie de Superamigos que cuentan chistes flojos y que se enfrentan a un villano de pacotilla, muy cercano a la Rita Repulsa de los Power Rangers. Aunque el resultado fue básicamente divertido, lo cierto es que esta cinta se acercó más a Suicide Squad que a los Avengers.  

Snyder, insatisfecho con lo que le hicieron a su película abandonada, retomó su material filmado (Whedon había ordenado volver a filmar muchas de las escenas), y le prometió a los fanáticos su versión de la Liga de la Justicia. Esto convirtió al director en una especie de Mesías para los fanáticos de DC, quienes se imaginaban lo que se vino a llamar informalmente The Snyder’s Cut, como una especie de Ciudadano Kane de las películas de superhéroes. ¡Salva al universo DC! ¡Sálvalo, por favor! Clamaban los nerds y geeks de todo el mundo a su supuesto salvador, olvidándose que años atrás, lo habían crucificado por Batman V Superman.   

El corte de Snyder ya es una realidad y el resultado es, para bien y para mal, apoteósico: Un épico de más de cuatro horas de duración, que más que un remake, parece un remix sobreproducido de la versión original. La pregunta fundamental es la siguiente: ¿La versión de Snyder es mejor que la de Whedon? La respuesta va a tranquilizar a muchos. Sí, definitivamente sí es mejor. Pero quienes somos amantes de las películas de superhéroes y no unos fanáticos que se ciegan ante la dura realidad, seguimos entendiendo que el universo cinematográfico extendido e interconectado de DC ya no tiene salvación, y que la esperanza de DC está más por los lados del nuevo Joker y del vampiro de Crepúsculo, que en esta colcha de retazos. 

Por respeto al público, se advierte que no se van a revelar ningunas sorpresas inherentes a esta nueva versión. Lo que se puede decir es lo siguiente: Snyder retoma el tono oscuro de sus primeras películas (incluyendo la fotografía). Curiosamente, Batman termina siendo el más alegre de la liga. Se demuestra que, gracias al tiempo dedicado a cada uno de los personajes (y al efecto retroactivo causado por la película de Aquaman y la secuela de Wonder Woman), estos dejan de ser meros esbozos superficiales y adquieren una mayor profundidad. El ejemplo más claro lo encontramos en Cyborg (Ray Fisher), quien aquí deja de ser un maniquí envuelto en aluminio, para convertirse en un trágico cuasimodo con problemas edípicos, muy cercano al Cyborg de la serie Doom Patrol y que se distancia años luz del Cyborg de la serie animada Teen Titans Go!.  Asimismo, las razones por las cuales el villano Steppenwolf (un Ciarán Hinds oculto tras un pésimo diseño digital), decide invadir la Tierra, quedan ahora mucho más claras. Y lo mejor de todo es que Flash, Aquaman y Alfred ya no hacen chistes flojos.  

Pero no todo es felicidad y dicha en el paraíso prometido por Snyder. Los mismos pecados originales siguen intoxicando a su película: una grandilocuencia exagerada y excesiva que raya en lo patético (demasiados cánticos irlandeses), unos efectos especiales terriblemente malos, un tono demasiado oscuro que hace que todos los personajes parezcan uno solo, y la promesa de cosas que probablemente nunca se harán realidad y que quedan abiertas en esta cinta (entre ellas, la promesa de Darkseid de destruir la Tierra, la conformación de la Liga de la Injusticia, la incorporación de nuevos superhéroes al equipo y ese sueño apocalíptico de Batman que nos recuerda al videojuego y a los cómics de Injustice).    

Al parecer, los estudios Warner se niegan a darle una muerte digna a este universo, ya que prometieron una secuela y un spin-off de Shazam! (¿cómo se puede ajustar este personaje a la oscuridad de Snyder?), así como las respectivas secuelas de Suicide Squad, Aquaman y Wonder Woman, y la primera película de Flash en solitario. Pero, aunque lo más cierto es que las películas del DCEU están destinadas irremediablemente a la mediocridad, la perdición y la entropía, como le dice Batman a Alfred en esta película: “hay que tener fe”.

No se sorprendan entonces, si Cathy Yan nos revela que existe por ahí su versión definitiva de Birds Of Prey.