Dorian, la voz del feminismo y los líderes sociales

La banda española nos cuenta por qué Andrés Calamaro los felicitó y las dificultades de escribir letras que trasciendan


POR DAVID VALDÉS | 21 Dec de 2018

La banda española nos habló sobre el feminismo, los líderes sociales y la esencia de su nuevo disco Justicia universal. Maite Nieto


Aunque no hay mucha gente en el concierto, los coros y las frases retumban en el Auditorio Lumiere. Cada grito de esperanza y lucha en las letras de Dorian los replica el público al unísono. La banda ha cultivado estos fans desde su primera visita a Colombia. Ha sembrado semillas, las ha regado y cuidado, y después de varios años de trabajo recogen los frutos. Al igual que Vetusta Morla y Love of Lesbian, Dorian puso sus ojos en Latinoamérica y comenzó a explorar sus escenas underground para abrirse camino y darse a conocer.

Hace un par de meses se presentaron en Bogotá para reencontrarse con sus fans y darles una prueba de su último álbum, Justicia universal. Unas horas antes del concierto hablaron con ROLLING STONE Colombia sobre la actualidad de la industria, cómo propulsar la figura femenina en la escena y cuál es el secreto de las buenas letras.

Justicia universal va dedicado a los líderes sociales de los movimientos LGTBI, quienes luchan contra el racismo y a favor del feminismo. ¿Qué referentes tienen para hacer ese homenaje?

Marc Gilli: Hay un montón de personas que están encarnando estas posiciones. Los movimientos tienen cabezas visibles, pero se trata más del trabajo de la gente anónima, la que hace que las cosas se desborden. Estamos en un momento fascinante a nivel político y social en el mundo, porque están peleando dos fuerzas: las reactivas y conservadoras, para tener el control de la sociedad. Como Donald Trump contra todos los demás. Hemos avanzado 15 años en la libertad sexual, el feminismo, el racismo, el machismo… hemos evolucionado socialmente.

Belly, ¿alguna vez has sentido machismo en la industria?

Belly Hernández: Yo no lo he sentido en la escena independiente, quizá algunos técnicos que te hablan con un tono paternalista. Es verdad que no hay presencia de mujeres en el mundo de las bandas, tradicionalmente no lo ha habido. Creo que está cambiando y va a cambiar. Se tiene que apoyar y fomentar para que crezca cada vez más.

M. G.: Fomentan más el hecho de animar. Cuando un grupo está integrado solo por mujeres automáticamente se sospecha. “A ver qué hacen”, dirán. Pues a lo mejor tocan mejor que tú, chaval. Todavía existen esos prejuicios machistas, pero en el mainstream las mujeres son las que mandan.

B. H.: Faltan más mujeres en puestos de responsabilidad. Las chicas ven a otras chicas en el escenario y las pueden impulsar a estar ahí arriba.

Ustedes son muy fuertes en la escritura y en las letras. En la actualidad, ¿qué tanto creen que le importa al público las letras de las canciones?

M. G.: Creo que una buena letra siempre va a ser un activo en un grupo y eso es parte de nuestro éxito. Escribirlas es un trabajo muy solitario, duro y por momentos desagradable, porque puede ser muy frustrante cuando te falta algo para rematarla. Cuando uno se lo toma en serio es un trabajo duro y te puede ayudar poca gente. Yo creo que el público en muchos países demanda buenas letras. El otro público es el que está acostumbrado a escuchar el McDonald’s de la música. La letra es de fondo y al final todo es muy pueril. Por fortuna, todavía hay gente que es sensible a las letras hechas con trabajo y con cariño. Andrés Calamaro nos felicitó por la letra de Algunos amigos y nos dijo que le hubiera gustado haberla escrito. Hemos recibido muchos elogios de Justicia universal en ese aspecto.

Las listas ahora las encabezan solistas, raperos y los DJ. Se ha perdido mucho esa noción de banda, muchas veces porque es difícil trabajar en equipo. ¿Cómo está en España esa situación?

B. H.: En España no hay bandas de rock en las listas de ventas, hay más solistas, pero la escena independiente es muy fuerte. La gente ha elegido las bandas y por eso es tan fuerte. Le ha gustado esa música que a priori era la que no salía en los medios de comunicación. Estamos en tiempos muy individualistas y cada vez es más difícil concretar una relación estable y larga con gente con la que trabajas. Es un equilibrio muy delicado. Guardar las formas, el respeto y remar siempre en la misma dirección.

M. G.: Creo que son dos filosofías distintas. En el mainstream priman los solistas pero porque ahora la música se está haciendo desde unos laboratorios de sonido. Menos desde el basement. La música es un producto plastificado y se reproduce con extenuación en la radio. Las notas en las canciones de las 20 más escuchadas del mundo son calcadas. Todo se ha vuelto muy frío y muy mecánico y ahora salen clones de canciones. Es la uniformización de la música convertida en entretenimiento. Es un fenómeno mundial porque la música se hace en cadena de producción.

Si todo es tan mecánico y superficial, ¿qué tan difícil es aguantar y no descarrilarse en el camino por hacer lo que les gusta?

M. G.: No podríamos ser otra cosa de quienes somos. Nunca nos hemos planteado dejarnos llevar por los sonidos pasajeros o las imposiciones del mercado. Si lo haces, la cagas. Seguro que va a salir algo que no es bueno y el público lo va a notar. Es importante que la música salga de la espontaneidad. Ser singular y honesto, para distinguirte y hacer algo particular.

B. H.: Lo bonito es hacer que el público te entienda. No puedes adaptarte a ellos. Estamos muy acostumbrados a tomar las riendas de todo lo que hacemos. Encima de los videoclips, las portadas… nos gusta dirigir. Nos sentimos bien siendo dueños de nuestra propia carrera. Siempre hemos trabajado desde la independencia y hemos creado una red de sellos, pero somos nosotros. Hemos logrado la internacionalización desde la independencia.

¿Cuál es la mayor lección que un artista independiente puede tener?

M. G.: La humildad. Cuanto más mundo ves, te das cuenta lo mucho que te queda por recorrer y aprender. Vas aprendiendo a quitarte sentimientos estúpidos de egoísmo. La humildad te permite mirarte desde afuera, en la sospecha, y eso te lleva a ser mejor.


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