El gypsy jazz de la Burning Caravan

Hablamos con Francisco Martí y Javier Ojeda sobre su trabajo con Mario Breuer, el ingeniero de sonido de grandes como Soda Stereo y Charly García, y del lanzamiento de su próximo álbum


POR LAURA CAMILA MUÑOZ | 03 Dec de 2018

Foto por David Rugeles


Si has visto algunas películas de Woody Allen, con seguridad has escuchado a Django Reinhardt, el padre del gypsy jazz o jazz manouche, una fusión entre el swing y la tradición musical gitana del este europeo. Burning Caravan es una banda que, gracias a su diversidad cultural, se ha embarcado en la travesía de transformar a este género en un jazz que se baila, se siente y se actúa. Olivier Lestriez de Francia (contrabajo), Francisco Martí de Chile (voz), Diana Osorio (acordeón), una colombiana que nació en Rusia, y los colombianos Javier Ojeda (guitarra), Tomás Pinzón (clarinete y saxofón) y Mario Romero (batería), conforman a esta caravana de músicos que con sus ritmos han abierto una nueva puerta para la diversidad musical en el país.

Hablamos con Francisco Martí y Javier Ojeda sobre cómo una banda independiente ha afrontado las plataformas streaming, su trabajo con Mario Breuer, el ingeniero de sonido de grandes como Soda Stereo y de sus proyectos para el próximo año.

El gypsy jazz no se caracteriza por incorporar la voz en sus canciones, ¿cómo la Burning logró esta fusión?

FM: Sí, el jazz manouche es un género que está basado en la guitarra, el contrabajo y en los vientos, porque la voz no es su especialidad. Aunque son pocas las canciones con voz, sí existen, porque el gypsy jazz es la reinterpretación del swing americano. Nosotros tenemos claro que uno puede aprender un género y luego componer desde sus referentes personales. La apropiación nace a partir de nuestra experiencia.

Es clara la influencia de Django Reinhardt en su música, además de él, ¿qué otros referentes musicales nacionales y alrededor del mundo han inspirado a la Burning?

JO: Emir Kusturica es un buen referente y más que inspiración, lo veo como que nos encontramos en el camino. Nosotros no buscamos referencias, más bien, después de hacerlo nos damos cuenta que otra gente ha encontrado el mismo camino, pues la diversidad es muy amplia. Haber sido su telonero acá en Bogotá y en México nos abrió las puertas de la ciudad azteca. También es algo personal porque somos muy diversos. Cada integrante de la banda es muy distinto. No somos el estilo de grupo en el que todos vestimos de la misma manera. Somos personas de distintas edades y de diferentes lugares del mundo. Las influencias de Francisco van desde el rock clásico hasta el rock sureño de Spinetta, Charly y Fito.

FM: Desde pequeño cantaba tango con mi mamá, quien era cantante lírica. Yo amaba el género y crecí cantándolo. Tomás, además de que estudió jazz en la universidad, a él toda la vida le ha gustado la música tradicional colombiana. Diana estudió Dirección de orquesta en la Nacional y además es una gran música clásica, te puede dar una cátedra del género. Ella hizo los arreglos de orquesta para el penúltimo y último disco. Y Olivier es quien trae directamente la herencia del manouche, la canción francesa y del hip hop francés.

¿Cómo ha sido acogida su música en un país que es muy cerrado a muchos géneros?

FM: Se hace camino al andar, no es que haya habido mucha gente esperando a que existiera la música manouche. El referente que la gente más conoce es por Monsieur Periné. Cuando empezamos con el Gypssy Jazz Quartet a la gente le gustaba mucho, pero, ¿por qué le gustaba algo tan lejano y extraño? la respuesta es por el ritmo, porque acá les gusta mucho bailar. Aunque el jazz clásico no se baila, sino que se escucha, nace el jazz gitano de los años 20 y 30 para tomarse un trago y bailar. Asimismo, es el jazz de la Burning.

JO: Las cosas también tienen que ver con el tiempo en el que suceden. Ya no se pueden controlar, es de estar en el lugar y en el momento perfecto. Hoy en día hay un montón de bandas que nos escriben y nos cuentan que somos un referente en su música, es chévere saber que estamos creando un legado, eso es muy importante. Con Monsieur Periné claramente somos primos y es muy interesante ver cómo dos proyectos que tienen la misma semilla, porque si ustedes ven en sus comienzos ellos hablaban del mismo Django que estamos hablando nosotros, pero es genial cómo la cosa se diversifica. Hoy en día estamos sonando muy distintos. Ellos nos han abierto puertas porque les ha ido muy bien. Además, tenemos clara la importancia de las colaboraciones entre bandas. Por ejemplo, hemos hecho colaboraciones con los Rolling Ruanas porque una de las cosas más bonitas del medio musical colombiano es ese espíritu de colaboración, respeto y admiración entre las bandas.

¿Qué creen que podemos esperar del futuro de la música aquí en Colombia?

JO: Creo que se va armar una industria con más oportunidades, de verdad que se ve que hay dificultades, pero la música es difícil en todos lados. La producción musical en el país es de un alto nivel. Ya sea para masas o para el mundo independiente, para los dos lados tienen que convivir y sostenerse igual. Tanto las cosas masivas y populares como las bandas de nicho e independientes. Creo que se está desarrollando algo muy interesante. Eso que hablábamos de la camaradería entre las bandas es un buen indicio para esto.

¿Cómo la Burning ha vivido las plataformas streaming?

JO: No son nuestro norte, sino que las vemos como una rama en la que toca estar. Son herramientas de difusión. No son el pilar de nada, hacen parte del todo, pero no lo son todo. Nosotros también buscamos maneras más diversas y diferentes para llegarle a la gente. El sencillo pasado lo lanzamos por WhatsApp, pues tenemos un grupo de la banda conformado por mucha gente. Esa vez les preguntamos que si querían tener nuestra próxima canción solo tenían que escribir Utopía. En el mundo hay una falsa libertad, uno piensa que por tener una plataforma puede escuchar cualquier cosa, claro si lo buscas, pero si no, lo que te sale está puesto ahí de una manera predeterminada, no es nuestro pilar, pero escúchenos en Spotify (risas).

La banda al ser multicultural, ¿cómo funciona todo el proceso de creación de las canciones?

FM: La composición de las canciones la hacemos Javier y yo. Yo hago las letras y él hace la composición musical. Pero en el proceso nos aportamos ideas. Lo interesante es cómo trasladas esta composición a una banda, porque estamos hablando del estado más puro de las canciones. Es decir, ¿cómo una canción se puede tocar desde una guitarra y una voz? Y para que sea de la Burning tienen que estar todos los ingredientes.

JO: Después, cada uno de los instrumentos se va sumando a la canción. Y definimos entre todos la línea del instrumento. Pero al final, la música se decide sola. ¿En qué sentido? no hay nadie que diga así se hace o así no. Tenemos una sola regla: todo se intenta, todo se debe probar. La clave es la armonía. Alguna vez estaba tocando y mi perro estaba dormido en la sala, de repente cometí un error musical y se despertó.

FM: No es que sea un perro músico, sino que cualquier persona puede escuchar música armónica y conciliar el sueño. Pero si esa armonía se rompe se va despertar. El concepto de armonía en la música es el concepto en general en la naturaleza. Entonces nos valemos de eso, la música obedece a las reglas de la naturaleza.

JO: Aunque a veces no es un error, sino algo intencional. Hay momentos en los que uno va querer romper esas reglas y despertar a alguien.

¿Cuál ha sido el papel de Mario Breuer en la Burning?

JO: Nosotros los conocimos hace cinco años y él nos mezcló el primer y el segundo disco. Para nuestro nuevo proyecto decidimos que él nos lo produjera. Esta vez él vino a Colombia y nos sorprendió la manera tan mágica con la que utilizó el estudio para crear un sonido nuevo. Eso también nos suma a nosotros y nos cambia nuestra forma de hacer canciones.

Hablando del último disco, ¿cuál es la evolución musical y lírica de los dos discos anteriores con el que se viene?

FM: Por ejemplo, el disco anterior tiene una estructura musical y lírica lineal, es la historia de aventuras por el mar. Son historias marítimas de encuentros y desencuentros. En esta, quisimos romper la línea y que cada canción sea un universo que nos diera la mayor libertad posible entre una canción y la otra. Tenemos una canción súper brasilera con mucha influencia de la samba; una canción de rock independiente latino; una canción de salsa con flamenco. Es un álbum muy disruptivo, sin dejar de ser Burning Caravan porque a nivel instrumental cada uno tiene una personalidad. Nosotros podemos tocar una canción de cualquier artista y aun así sonará a nosotros. Al entender esto, no creamos según lo que le gusta a la gente, la gente misma decide lo que le gusta.

En las presentaciones de la Burning hay una clara influencia del teatro, ¿por qué?

JO: Ha sido muy natural. Fran es director de teatro, cada uno se ha visto involucrado con el teatro. Hemos hecho música para teatro, hemos improvisado para teatro y eso le suma muchísimo a nuestras creaciones. El escenario para nosotros es sagrado. Hay que rendirle un buen homenaje utilizando todas las herramientas que un escenario puede dar.

FM: No es solo tocar la música, es interactuar. La música no ha sido creada solo para escucharse. Una vez que la música se sube a un escenario ya no es solo música, es arte escénico. Lo que se ve hace parte de esa música. Para nosotros es primordial que exista una coherencia con lo que se ve y se escucha. Lo que se ve no es solo forma, es contenido. Todo tiene un significado.

¿Qué tienen preparado para el lanzamiento del álbum?

FM: El álbum saldrá a mediados de 2019, y tenemos un proyecto a distancia que será un musical familiar que se llamará El dueño de todas las cosas, una alegoría de la biografía real de la banda. Es una fantasía a partir de nuestra realidad.


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