El viaje hacia la liberación de Christian Byfield

Lo dejó todo para recorrer el mundo y ahora es uno de los viajeros más conocidos del continente


POR DIEGO ORTIZ | 14 Jan de 2019

Christian Byfield nos contó cómo su vida cambió cuando comenzó a viajar y el significado de la libertad. Fotografía por @fearofemptyspace


Viajar y conocer lugares nuevos es algo que la mayoría de personas solo puede hacer durante tres semanas al año, cuando tienen vacaciones. El resto del tiempo están en sus trabajos, y muchas veces ni siquiera lo disfrutan. Christian Byfield era uno de ellos. Pasaba largas jornadas en la oficina, usando corbata y estaba viviendo, como explica en sus propias palabras, “una vida que no me pertenece”. Decidió cambiar, replantearse sus decisiones y buscar la felicidad. Miró a la cara todo lo que le había impuesto la sociedad, dio media vuelta y se dedicó a conocer el mundo. Encontró la libertad.

¿Qué representa para ti la libertad?

La libertad es ser dueño de mi tiempo, de mi vida. Creo que mucha gente piensa que es libre, pero vive con demasiadas trabas y cosas. Yo antes tenía una vida en la que, en teoría, era libre, pero estaba haciendo cosas que no me gustaban, saliendo con gente que no quería.

La sociedad nos impone una jaula que nos quita todas esas libertades. Claramente se puede ser una persona libre, pero la sociedad y el mundo en el que crecemos nos pone todo tipo de limitaciones y rejas. Toca luchar contra ellas y tener mucha fuerza en uno, mucha confianza para poder ser realmente libre.

¿En qué momento te diste cuenta que querías cambiar tu vida y buscar esa libertad?

Fueron pasando muchas cosas porque, en teoría, era una persona libre pero no podía tener el sol del día porque tenía que quedarme la oficina al menos hasta las siete de la noche. No podía ir a los cumpleaños con mis papás ni a los eventos con mis amigos. Me decía, “¡Dios mío! ¡Estoy viviendo una vida que no me pertenece!”. Lo importante es cuestionarse por lo que uno está pasando. Preguntarse si uno es realmente libre y realmente feliz, porque si no lo haces te quedas en una zona de confort, pero en mi vida pasada estar debajo del sol era imposible. Los fines de semana, y eso porque trabaja muchos, me cuestionaba. Ahí empecé a tomar acciones para poder ser libre de verdad.

Cuanto empezaste a viajar, ¿qué descubriste de ti mismo?

Que hay muchos humanos haciendo cosas que no les gustan por satisfacer sueños ajenos y por encajar en un nivel social. Eso no es lo que a uno le apasiona. Yo estaba saliendo con mujeres para que mi familia estuviera contenta, trabajaba de corbata en una consultora por el “éxito” o lo que consideraba “éxito”. Y esa es una limitación tremenda. Ahí toca comenzar a cuestionarse y hacer lo que a uno realmente lo mueve.

Yo creo que si le mete la vibra y toda la pasión, las cosas empiezan a fluir. Cuesta, hay que ser súper persistente, pero empiezan a fluir de una manera chévere. Pero es con toda la confianza en uno, creer que lo que le gusta va a funcionar.

Teniendo en cuenta que Colombia es un país conservador, seguramente, en todos tus viajes la diversidad es una de las cosas más interesantes que descubriste. ¿Qué ha significado para ti ser colombiano en todas tus travesías?

Muchas cosas porque yo crecí en una familia tradicional católica, homofóbica, chapada a la antigua. Uno tenía que tener trabajo de oficina. Y a medida que vas viajando, sales como un colombiano católico, que cree en Dios y Jesucristo. Mi primer viaje fue a India, tenía 19 años y todas esas verdades de la religión me las empecé a cuestionar. Mucha gente me decía que se quedaba tranquila porque si no hacen nada en este mundo, así no tenga un peso y los traten mal, cuando reencarnan van a tener una nueva vida. Eso es una manipulación tremenda, las religiones. Es cuestionar las creencias que a uno le metieron de chiquito.

Ahí comencé a quitarme capas. Empecé a preguntarme de la religión. Por qué creía en una iglesia católica. Hoy no creo en lo absoluto. Ese es un lado. La parte homofóbica fue otra. Una sociedad donde juzgan a todo el mundo, viajar te abre la mente de todo. Cuando llegué a Irán, que decían estaba lleno de terroristas, son la gente más bonita que he conocido en el mundo.

A uno como colombiano le pasa con el narcotráfico. Le preguntan de dónde es y droga, droga, droga. Lo importante es quitarse todos esos prejuicios. Antes de salir una señora me dijo que estaba encebollado porque tenía muchas capas que, por ser colombiano, por ser de un país conservador, te van poniendo. Católico entonces tiene que creer en esto. Homofobia, pum, tiene que hacer esto. El éxito, que hay solo un camino para alcanzarlo.

Amo Colombia con el alma, pero mucha gente se queda enfrascada por no salir de ese conservadurismo. Las capas que a uno le van poniendo se quedan de por vida. Uno se tiene que cuestionar mucho, analizar por qué toma las decisiones y tener mente abierta. Lo de la diversidad, cuando uno está viajando, es una locura.

A mí me decían que África era el continente más pobre del mundo. Llegué allá y un tipo me dijo que de qué tipo de pobreza hablaba. Pobreza económica, toda. Pobreza emocional, es mucho más rico que un Nueva York. Con esas cositas de los viajes la mentalidad me fue cambiando. Comencé a tomar decisiones no por plata, sino por lo que me hacía realmente feliz. Logré escaparme de ese condicionamiento colombiano tradicional en el que crecí.

Con toda la conexión que has tenido con diferentes culturas, ¿qué crees que nos diferencia de todas las culturas?

Lo que amo de Colombia es la generosidad de las personas, lo buena onda. Yo hablo mucho de la colección de sonrisas porque me gusta calcular el porcentaje de gente que me sonríe de vuelta cuando yo le sonrío. En Colombia la gente sonríe muchísimo. Vas al Chocó, un departamento súper olvidado y pobre económicamente, pero es un pueblo súper alegre, sonriente, bailan, cantan mientras se bañan. Eso me encanta resaltar de Colombia, la buena vibra,

Echando dedo te recoge un camionero y te lleva a donde sea sin buscar nada a cambio. Yo creo que el hecho de que Colombia haya sido olvidada en el mundo turístico por muchos años, hace que la gente siga siendo muy auténtica, que siga buscando ese bien en el otro. Pueden ser muy conservadores y todo, pero se disfruta el día a día. En un pueblito el que tiene un huevo, lo comparte con sus vecinos.

Yo tengo un tío que vive en Suecia y cuando yo llamo a mis amigos y les digo que me inviten a almorzar, para él eso es una locura porque no existe esa confianza. Eso me gusta mucho de nuestra cultura colombiana.

Como una persona que se dedica al desarrollo de contenidos alrededor de viajes, ¿cómo diferenciar la realidad de lo que vives con lo que se muestra en redes sociales?

Tienes que ser muy auténtico. Llega un punto en el que tienes que poner una balanza de bien: Lo que va contra mis ideales versus esto me genera mucha plata. Ahorita yo me dedico totalmente a esto y hay un caso con una petrolera. Me llamaron diciéndome que me pagaban los millones de los millones por convertirme en la imagen. Eso va seriamente en contra de mi ética y lo rechacé.

Hay mucha gente que está tratando de entrar, pero su motivación no es lo que realmente los apasiona, que quieren viajes gratis o prestigio. Los influenciadores originales que empezaron a surgir, no buscaban eso. Mi sueño, cuando arranque hace cinco años, nunca fue convertirme en instagramer. Eso se fue dando porque escribía como loco sobre mis destinos, me encantaba la fotografía. Alguien que diga, “Uy, es que quiero ser un instagramer”, ahí ya empezamos mal.

Y también hay que ser muy auténtico. La gente trata de mostrar solo lo bonito o lo malo, a mí me gusta mostrar los dos lados. Estoy mostrando todo. Ayer tuvimos una experiencia con rayas que me parece una salvajada y lo puse. “Por favor no incentiven que la gente hale a las rayas de la cola”. Valoran que seas parcial y sincero. Es mostrar la realidad de un viaje. Si me deja el avión lo digo, si me enfermo de la barriga también.

Con tantos viajes, ¿cómo logras concentrarte en los objetivos que debes tener a corto, mediano y largo plazo?

Muy buena pregunta. Ahorita mis días libras son contados. Llevo cinco años viajando full time, como instagramer tres años y no he tenido una semana donde no esté de viaje. Ahorita estoy cogiendo lo que va funcionando, tomando los proyectos que me gustan, pero tengo días que me siento y veo a dónde quiero llegar, a qué le quiero pegar, cuáles son mis próximas metas. Me encantaría comenzar a trabajar con un Discovery o Nat Geo, y ya las cosas se están volcando allá.

Es dedicarle esfuerzo a encaminar todas esas acciones para comenzar a hablar con la gente de Discovery, mejorar tus técnicas de grabación, de edición. Buscar que tu producto evolucione. Ahorita la competencia es grande y te puedes quedar atrás. Es una retroalimentación constante, mejorar día a día, ser más informativo con tu audiencia y saber lo que están buscando, apuntarle a las metas, tenerlas muy claras y entender el paso a paso para que se logren.

¿Cómo hacen las personas como tú para tener un perfil tan diverso? Tienen que ser generadores de contenido, directores, editores, productores, fotógrafos. ¿Cómo es la preparación?

Cuando la gente me dice que me pagan por viajar, creen que me voy a echar en una hamaca y que me van a pagar por tener un coctel en la mano. Eso no es así. Hasta que no quede con mi contenido del día editado, no quedo tranquilo. Ahorita para la parte de edición tengo una productora que me ayuda. Pero cómo tomar la foto, dónde la voy a sacar, cómo voy a grabar, han sido cinco años de aprendizaje y ahora, normalmente, viajo con una persona que es mi segunda mano.

Es un apoyo muy grande porque hay fotos en las que quieres aparecer, pero no le puedes decir a una persona de la calle porque la calidad queda regular. Me apoyo mucho en tecnología. Viajo con drone, cámaras buenas con estabilizadores.

Un buen equipo te ayuda, pero la mente siempre está pensando. ¿Cómo va a ser el guideline de la historia? ¿Cómo la voy a contar? Es una mescolanza de todo y la parte de edición la tercericé porque para eso soy muy malo.

¿Qué consejos puedes darle a los viajeros frecuentes? ¿Cómo hacer más óptimo sus viajes, cómo volar más barato?

El consejo es tratar de evitar temporadas altas. Muchas veces es más barato viajar a Madrid que a Cartagena en año nuevo. Tómense las cosas con tiempo. A mí me encanta no planear porque yo voy en el día a día. Si tienen tiempo, nos conocemos en un bus, vamos a tomarnos una cerveza y ahí se empiezan a desencadenar cosas bonitas. Lo que me parece chévere de viajar como a mí me gusta, es que uno empieza a confiar otra vez en los seres humanos. Se le empieza a aparecer gente muy bonita que está dispuesta a darte acomodación, transporte, dormida, experiencias.

Uno hoy en día, por culpa de los medios y noticieros, cree que los van a matar y atacar. Es quitarse esos miedos de encima. Somos muy prevenidos y a uno lo crían así. Uno crece en una familia colombiana y le dicen que no le reciba nada a nadie, no le hable a extraños. Cuando uno va empezando a viajar se da cuenta de que los seres humanos son gente buena. Hay muy poquita gente mala. Yo siempre digo que viajo por conocer gente, los vínculos que uno genera son una locura.

Justamente anoche todos cantando a grito herido bajo las estrellas. Son vínculos que no se pueden planear, no se pueden bookear, no se puede decir que en este hotel va a pasar algo. Uno tiene que estar abierto a que las situaciones pasen.

En términos de ahorrar plata hay mil plataformas. Está Aviatur; Couchsurfing, que es una plataforma que te hospedan gratis en cualquier parte del mundo; en Europa está BlaBlaCar, que es una herramienta que te comparten carro y si tienen puestos libres, digamos de París a Madrid, te llevan y tú pagas la gasolina. Y ahí generas vínculos muy bonitos.

Pero mi invitación y consejo es háganle. Si tienen miedo de viajar solos, háganlo con miedo porque solamente trae cosas buenas. Es un momento donde uno se desapega de muchas cosas, crece como persona, crece en todos los ámbitos. Se conoce a uno mismo, conoce gente muy bonita y empieza a cambiar las prioridades de vida.

Yo estuve viajando 25 meses con una mochila de 14 kilos y ahí me di cuenta que, materialmente, no necesito nada más. Me sentía la persona más realizada y feliz con un par de zapatos y viviendo el día a día, el presente y gastando mi plata en experiencias. Confíen en ustedes, viajen y conozcan apesar de que no sea temporada alta.

Ya cuando uno está dando ese paso, así no hable inglés y no haya un idioma común, las cosas empiezan a fluir con señas. En China moverse en muy jodido, pero para ir al tren yo hacía “¡Chu, chu! Chucu-chucu-chucu” y ahí alguien ya sabía qué era. Es lo mismo, estar abierto y que la gente se dé cuenta que quieres aprender de ellos y de su cultura. De esa manera uno conecta y no hay idioma que valga. Una sonrisa. Todos sonreímos en el mismo idioma.

¿Cuáles han sido los momentos más conmovedores de tus viajes?

Una vez que estaba haciendo couchsurfing en Nairobi, en un barrio muy pobre, me quedé en una familia que compartía un inodoro con otras siete familias. Decía que esto iba a estar complicado, pero la vibra era absolutamente increíble. Estaba la mamá, que su trabajo era vender zapatos de segunda mano en las calles de Nairobi, y ella era súper agradecida. Decía que no necesitaba más, que con eso podía alimentar a su familia.

Yo pensaba que era muy bonito. Yo odiaba mi trabajo con el alma y las condiciones eran mil veces mejores. Me cambió el chip de lo que realmente es la felicidad y tomar por hecho que uno se merece todo este pocotón de cosas. Una semana con ellos, conexión humana total. Por las noches cantábamos, cocinábamos, con lo poquito que generaban me alimentaban. Y vuelve el tema del agradecimiento. Valorar la riqueza emocional, no la económica, y la riqueza humana.


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