John Lennon: la última entrevista

Tres días antes de su muerte, John Lennon habló con ROLLING STONE por nueve horas


POR JONATHAN COTT | 07 Dec de 2018

El exBeatle nos contó cómo su relación con Yoko Ono lo cambió y por qué no quiere ser recordado como un héroe muerto.


John Lennon compartió muchas cosas con nosotros esa noche mientras preparaba su regreso a los escenarios, después de cinco años de privacidad junto a Yoko Ono y su pequeño, Sean. “¡Bienvenido al santuario!”, me dijo John cuando me saludó. Llegué a la hermosa oficina de Yoko, ubicada en el apartamento donde ambos vivían en Nueva York.

Era el 5 de diciembre de 1980. Me senté en un sofá al lado de Yoko. Ella comenzó a contarme cómo surgió la idea para Double Fantasy, el nuevo álbum de la pareja: John y su hijo se habían ido de vacaciones a las Bermudas. Mientras estaban de viaje, John llamó a Yoko y le contó que había llevado a Sean a un jardín botánico y que habían visto una flor llamada “doble fantasía”. “Es una especie de fresia”, explicaría John más tarde, “pero para nosotros significa que si dos personas guardan una sola imagen al mismo tiempo, ahí hay algo especial”.

“Estaba en una discoteca en Las Bermudas”, interrumpe John, y Yoko se levanta para traer el café. “En el piso superior tocaban música disco, pero abajo escuché Rock Lobster de The B-52’s por primera vez en mi vida”. Los dos hablaron por teléfono todos los días y se cantaban las melodías que compusieron a lo largo de la jornada.

“He estado escuchando Double Fantasy sin cesar”, le dije a manera de preámbulo para otra pregunta. John me miró con una sonrisa que detuvo el tiempo. “¿Cómo estás?”, me preguntó. “Estas últimas semanas han sido como una gran reunión. Vimos a Ethan Russell, quien filmará unos videos para dos temas nuevos, y Annie Liebovitz también estuvo aquí. Ella tomó la fotografía para mi portada debut en ROLLING STONE. Me ha dado mucho gusto verlos a todos de nuevo. ¿En qué año nos conocimos?”. “A ustedes dos los conocí el 17 de septiembre de 1968”, le respondí, rememorando el primero de muchos encuentros. Tuve suerte, porque en realidad estaba en el lugar indicado y en el momento indicado. John había decidido volverse más “público” para desmitificar la máscara Beatle tras la que se escondía. Junto a Yoko se preparaban para las protestas por la paz que realizarían en una cama en Montreal y Ámsterdam y estaban a punto de lanzar Two Virgins, el primero de sus discos experimentales.

La portada del disco apareció en las páginas de la primera edición de ROLLING STONE. John acababa de descubrir a la entonces muy pobre revista de San Francisco y estuvo de acuerdo en ofrecer una de sus primeras entrevistas “para salir del clóset”. Por esas fechas, me pidieron que visitara a John y a Yoko y que llevara a un fotógrafo (Ethan Russell). Así que, nervioso y emocionado, los conocí en el apartamento que ocuparon temporalmente en Londres.

Las primeras impresiones son casi siempre las más acertadas, y John se mostró gracioso, encantador, exuberante, juguetón y directo. Tenía que irse en media hora para llegar a tiempo a una de las sesiones de grabación del White Album y decidimos dejar la entrevista para el día siguiente, pero John y Yoko nos invitaron a los Estudios Abbey Road para presenciar la sesión de la que se desprenderían Birthday y Glass Onion.

Cada encuentro con John era muy diferente, pero siempre era igual de gracioso e ingenioso como la primera vez. “Creo que los lectores quieren saber lo que llevas puesto, John”, dije. “Déjame ayudarte”, respondió, y comenzó a hablar con un tono irónico. “Lleva unos anteojos puestos. Son normales, de plástico, de armazón azul. No se parecen en nada a las gafas de abuela que Lennon dejó de usar en 1973. Lleva pantalones de pana y las mismas botas vaqueras que mandó a hacer en Nudie’s, un suéter Calvin Klein y una camiseta rota de Mick Jagger que consiguió en una gira que los Stones realizaron en 1970. Alrededor de su cuello lleva un collar con un pequeño corazón de diamante dividido en tres, un regalo que compró para contentarse con Yoko tras una pelea que tuvieron hace muchos años. Ella se lo devolvió un tiempo después en una especie de ritual. ¿Eso te sirve? Sé que debes entregar tu artículo el lunes. ¡Comencemos de una vez!”.

Double Fantasy es tu primera grabación en cinco años, y para citar un verso de la canción The Ballad of John and Yoko: “It’s good to have the both of you back” [Es muy bueno tenerlos de vuelta].

Esa ilusión de que me volví un antisocial es una broma. Hice lo mismo que todos ustedes hacen. Trabajé de nueve a cinco, cambiando pañales y cuidando al bebé. La gente me preguntaba: “¿Por qué te has refugiado? ¿De quién te escondes?”. Pero yo no me escondía. Fui a Singapur, a Sudáfrica, a Hong Kong, a Las Bermudas… He estado en todos lados, he visitado cada rincón del maldito universo e hice cosas muy normales, incluso fui a cine.

Pero no escribiste muchas canciones durante esos años.

No compuse nada… Para nosotros, tener un bebé fue algo tremendo; a la gente se le olvida que nos costó muchísimo tener uno. Yoko perdió muchos bebés en el pasado y estuvo a punto de morir.

Tuvimos muchos problemas con las drogas, problemas personales y públicos que nosotros mismos provocamos con la ayuda de nuestros amigos… pero no importa. Hemos estado en situaciones estresantes, pero por fin tuvimos un hijo, luego de 10 años de intentos frustrados. No hicimos nada durante un año y yo tomé clases de yoga viendo a esa mujer de pelo gris que aparece en televisión [risas].

No se puede ganar. La gente te criticó por no escribir ni grabar, pero a veces se olvidan de que tus tres últimos discos no fueron bien recibidos por la crítica, sobre todo Some Time.

Exacto. Esa grabación le molestó a todo el mundo, pero he sido atacado innumerables veces… desde el principio. From Me to You era considerada algo muy inferior a The Beatles. Eso decía una reseña del New Musical Express. Tal vez no era una canción tan buena como Please Please Me, pero tildarla de inferior… Nunca olvidaré eso. Y nos destrozaron en las reseñas de Plastic Ono. “Un lloriqueo simplista y sumamente egoísta”, ese fue el resumen de todos los comentarios, porque esos discos giraban en torno a nosotros y no en torno a Ziggy o a Tommy… También detestaron Mind Games.

Pero no solo me pasa a mí. Mick ha lanzado buenas cosas en estos 20 años, pero nadie está dispuesto a reconocer sus esfuerzos. ¿Alguna vez dirán: “Míralo, tiene 36 años, pero ha llegado al número uno con la hermosa Emotional Rescue”? Claro, tenemos altibajos, pero ¿acaso somos máquinas? ¿Qué quieren? ¿Acaso quieren que Yoko y yo nos matemos sobre el escenario? Después de todo eso, descubrí que debes seguir adelante y que hay una especie de sistema que te obliga a subir a la rueda que no debe detenerse jamás.

¿Qué rueda?

El universo es una rueda, ¿no te parece? Las ruedas giran y giran. Me refiero a mis propias ruedas, pero cuando me observo a mí mismo también observo a los demás. Yo me observo a través de mi hijo. No soy el mejor padre del mundo, pero hago lo mejor que puedo. Me enojo mucho, me deprimo, subo y bajo, y el niño ha tenido que lidiar con todo eso. Me alejo y luego me entrego totalmente, una y otra vez. No sé qué tanto le afectará más adelante, pero al menos he estado ahí físicamente.

Todos somos egoístas, pero creo que los llamados “artistas” son los más egoístas. Me agota tener que pensar en Yoko o en Sean o en el gato o en cualquier otra persona antes que en mí mismo. Claro que hay un gusto y un premio por hacer todo esto, pero…

Así que debes luchar contra tu naturaleza egoísta.

Sí, así como debo luchar contra las drogas, la comida chatarra o la pereza que me impide hacer ejercicio. Así de complicado es tener un hijo, no es algo que sea natural. Quizá se deba a nuestra crianza, pero me cuesta mucho trabajo pensar en los demás, incluso en mi propio hijo.

Pero piensas en él cuando escribes canciones como Beautiful Boy.

Claro, pero eso es sencillo porque es como pintar. Gauguin se quedó en Tahití pintando un gran cuadro para su hija, si es que la versión cinematográfica que vi cuenta la verdadera historia. Él está ahí, en Tahití, pintando un cuadro para su hija, pero ella, que no lo ha visto en 20 años, muere en Dinamarca. Él padece una enfermedad venérea y se está volviendo loco. Gauguin muere, su pintura se quema y nadie pudo contemplar su obra maestra. Entonces, escribo una canción para mi hijo, pero quizá hubiera valido más la pena pasar esas horas de creación jugando con él. Me cuesta mucho trabajo jugar… todo lo demás lo hago bien.

¿No puedes jugar?

No. Lo intento e invento algunas cosas. Puedo dibujar, puedo ver televisión con él. Soy bueno para todo eso, puedo ver cualquier porquería, siempre y cuando no tenga que moverme demasiado, puedo hablar con él, leerle y salir con él por un café, cosas por el estilo.

Eso es muy extraño, porque tanto tus dibujos como muchas de las canciones que has compuesto son realmente divertidas.

Probablemente eso se deba más a Paul que a mí.

¿Qué hay de Good Morning Good Morning? Esa es de tu arsenal y es grandiosa; gira en torno a un viejo que da vueltas por el pueblo todas las tardes después de trabajar. Él no quiere ir a casa y no tiene nada que decir, pero así está bien.

Ah, pero eso solo fue un ejercicio. Me quedaba una semana y debía escribir algunas canciones para Pepper. Estaba desesperado por componer. Lo que descubrí cuando leí Lennon Remembers (un perfil escrito por Jann Wenner en 1970) o la última entrevista en Playboy fue que siempre me estoy quejando de lo difícil que es componer o de lo mucho que sufro mientras compongo. Casi todas mis canciones han sido el producto de una tortura espantosa.

¿Casi todas han sido una tortura?

Por supuesto. Siempre pienso que ahí no hay nada, que todo es una mierda, que no está saliendo nada, que es basura… y si al final algo sale, me pregunto: “¿De qué demonios estoy hablando?”.

¿Y las canciones para Double Fantasy fueron más fáciles?

No. De hecho, me tomó cinco años sacarlas. Estuve constipado esos cinco años y luego me dio diarrea durante tres semanas [risas]… El acto físico de componer me tomó tres semanas. Hay una historia que Yoko me contó: un rey envió a su mensajero a visitar a un artista para pedirle una pintura y el artista dijo: “Vuelve más tarde”. Al cabo de un año, el mensajero volvió para decirle que el rey espera por la pintura y él artista le dice: “Ah, espera un segundo”. Toma el lienzo, lo pinta, lo pone frente al mensajero y le dice: “Aquí está”. El mensajero exclama: “¡Pero qué diablos es esto! ¿El rey te pagó 20 mil dólares por esta mierda que has pintado en cinco minutos?”. El pintor le responde, “Así es, pero pasé 10 años pensando cómo hacerla”. Y yo no hubiera podido componer las canciones para Double Fantasy sin esos cinco años.

Justo en ese momento, Yoko entra a la habitación para comentar que una persona que dice ser George Harrison acaba de llamar diciendo que desea visitar a la pareja. “Obviamente no se trata de George”, murmura John. “Tal vez se tomó un ácido”, dice Yoko. “Le dije que quería hacerle unas cuantas preguntas, pero el tipo me respondió: ‘No, no tengo ganas, Yoko’. Colgué y marqué el número de George y descubrí que, en efecto, George estaba durmiendo”.

Es muy interesante constatar que ningún otro músico de rock ha grabado discos con su esposa o con cualquier otra persona, ofreciéndole la mitad del espacio.

Es la primera vez que hacemos algo así. Double Fantasy es un diálogo, y es que, de alguna manera, hemos resucitado como John y Yoko, no como John –el exBeatle– y Yoko y su Plastic Ono Band. Ahora somos sólo nosotros dos y nuestra postura es que si el disco no vende, eso significa que los demás no quieren saber nada acerca de John y Yoko. A lo largo de mi carrera he elegido a sólo dos colaboradores longevos y me refiero a Paul McCartney y a Yoko Ono. Yo invité a Paul al grupo original, The Quarrymen, él invitó a George y éste a Ringo. Y la segunda persona que me interesó como artista y como una persona con la que yo podría trabajar fue Yoko Ono. No soy malo escogiendo.

Tus dibujos denotan un estilo único y juguetón. En tu libro In His Own Write o en la portada de Walls and Bridges o en tus muy peculiares caricaturas “lennonianas”.

Los dibujos de Walls and Bridges los hice cuando tenía 11 años, pero en la escuela de arte quisieron quitarme todo eso. Trataron de impedir que yo dibujara con naturalidad, pero yo no lo permití. Jamás hice nada más allá de las caricaturas. Una vez alguien dijo que los caricaturistas son gente con un don creativo que tiene miedo de fracasar como pintor, así que todo lo vuelven gracioso. Yo creo que mis caricaturas son como las pinturas japonesas; si no puedes representar nada con una sola línea, mejor tira a la basura tus dibujos. Yoko me hizo ver eso cuando nos conocimos. Ella vio mis dibujos me dijo: “Así los hacen en Japón, no tienes que cambiar nada… ¡Sigue así!”.

Yoko y yo tenemos historiales muy distintos, pero, a grandes rasgos, ambos necesitamos comunicarnos. Quiero comunicar todo lo que tengo que decir o producir sin parar y el rock & roll es el mejor vehículo. Es como mirar el paso de una jirafa por una ventana. La gente sólo ve unos cuantos fragmentos, pero yo quiero verla toda. Y de eso se trata. Así que, independientemente de si estoy trabajando con Paul o con Yoko, todo apunta a lo mismo; sea lo que sea: la autoexpresión, la comunicación o la posibilidad de ser como un árbol. Florecer y decaer, florecer y decaer.

En Double Fantasy noté que en Yes I’m Your Angel Yoko canta: “I’m in your pocket/You’re in my locket/And we’re so lucky in every way” [Estoy en tu bolsillo/Tú en mi relicario/Y tenemos tanta suerte]. Y luego entra la hermosísima Woman.

Woman surgió porque una tarde en Las Bermudas me di cuenta de lo que las mujeres hacen por nosotros. No sólo lo que Yoko hace por mí, a pesar de que sí estaba pensando en términos personales… pero todas las verdades son universales. Descubrí que estoy acostumbrado a creer que muchas cosas ya están dadas. Las mujeres son la otra mitad del cielo, tal y como murmuro al principio de la canción. Si no hay un “nosotros”, no hay nada. Ese tema me recuerda una canción de The Beatles. La compuse tal y como compuse Girl hace muchísimos años; me tomó por sorpresa, como una inundación y así salió. Woman es la versión para adultos de Girl.

En “Woman” también cantas: “Woman, I will try to express/My inner feelings and thankfulness/For showing me the meaning of success” (Mujer, trataré de expresar/Mis sentimientos más profundos y mi gratitud/Por haberme mostrado lo que el éxito significa).

No quiero decir que el éxito que te convierte en un artista o en una estrella famosa no sirva, aunque tampoco quiero dar a entender que es lo más maravilloso del mundo. Nadie captó la ironía en Working Class Hero; esa canción no tenía nada que ver con el socialismo, sino que el mensaje era: “Si quieres pasar por todo eso, llegarás a donde estoy y esto es lo que serás”. He tenido éxito en el arte y he sido feliz e infeliz, pero Yoko me enseñó el sentido del éxito verdadero; el éxito de mi personalidad, de mi relación con ella o con mi hijo, de mi relación con el mundo… y el éxito que consiste en ser feliz cuando uno se levanta de la cama.

Un imbécil escribió algo acerca de mí hace poco, un artículo que apareció en la portada de la revista Esquire (se refiere al artículo de Laurence Shames, titulado John Lennon, Where Are You? de 1980. En el texto Shames dice: “Yo buscaba al Lennon bocón, el que podía ofender a todo mundo sin la necesidad de un plan. Mi Lennon era un payaso amargado, un hombre que incurría en equívocos extravagantes y con una increíble capacidad de recuperación, un bebé grandote… El Lennon que encontré se había convertido en un empresario de 40 años de edad que no hace sino ver la televisión, que tiene 150 millones de dólares en el banco, con un hijo al que adora y una esposa que intercepta sus llamadas telefónicas… ¿Es cierto todo esto, John? ¿Te has dado por vencido?”). Este tipo pasó 20 meses mirando los hechos y los pecados cometidos, mientras yo grababa un disco. ¿De qué carajos está hablando? Ese tipo es justo la clase de persona que solía amarte, pero que ahora te odia. Ni siquiera conozco al pendejo, pero ha pasado todo este tiempo buscando una imagen que él mismo fabricó. Al final se molestó mucho porque no la encontró.

Estos críticos han fabricado muchas ilusiones en torno a los artistas, es como una forma de idolatría. Sólo les gustan aquellos que comienzan a escalar, pero cuando uno alcanza la cima lo único que se les ocurre es cagarse encima. Yo no puedo ascender otra vez. La gente solo quiere héroes muertos, quieren a Sid Vicious, a James Dean. A mí no me interesa ser un maldito héroe muerto… Olvidémonos de ellos, olvidémonos.

Toda tu obra tiene una noción muy fuerte: la idea de inspirar a otros para que se encuentren a sí mismos o para que se reúnan para cambiar las cosas, en canciones como Give Peace a Chance, Power to the People y Happy Xmas (War is Over).

Ese eje conductor sigue ahí. En el nuevo vinilo está inscrito: “Un solo mundo, una sola clase de personas”. Debes darle una oportunidad a la paz, no disparar contra la gente para encontrar la paz. “Todo lo que necesitas es amor”. Es difícil, pero creo en eso con todo mi ser. No fuimos los primeros a los que se les ocurrió imaginar países que no existen, pero nos han pasado la antorcha olímpica, que va de mano en mano, que va de uno a otro, de un país a otro, que la generación venidera debe aceptar… ese es nuestro trabajo. No se trata de vivir como otros creen que debemos vivir; ricos, pobres, felices, infelices, sonrientes, con la ropa adecuada, con la ropa más inadecuada.

No hablo de divinidad. Nunca he dicho que mi alma sea pura y no tengo respuestas definitivas para las preguntas existenciales. Solo hago canciones y trato de responder honestamente. Jamás podré satisfacer las expectativas ilusorias de los demás. No puedo ser un punk de Hamburgo o Liverpool, porque ya estoy más viejo. Veo el mundo con unos ojos diferentes. Aún creo en la paz, en el amor y en la comprensión, como dijo Elvis Costello.

Es como lo que dices en The Word

Sí, la palabra era “amor”. Es muy hermoso. Muchas veces siento miedo, pero no me da miedo sentir miedo, a pesar de que siempre da miedo. Pero duele más cuando intentas eludir tu propia naturaleza. La gente pasa mucho tiempo imitando a otros y yo siempre he pensado que eso solo trae padecimientos terribles. Quizá hasta te dé cáncer. ¿Has visto que muchos tipos mueren de cáncer? Creo que eso tiene que ver con la noción de estar atrapado durante un buen rato en una imagen o ilusión de sí mismos, obturando otras partes de sus personalidades, ya sea el lado femenino o el costado temeroso.

Me di cuenta, porque yo mismo provengo de la escuela de los machos que fingen. Nunca fui un chico de la calle ni un tipo duro. Me vestía como Teddy Boy y me identificaba con Marlon Brando y Elvis Presley, pero nunca peleé en las calles ni formé parte de una pandilla. Yo solo era un chico que imitaba a los rockeros, pero era muy importante aparentar rudeza. Pasé toda mi niñez con el cuello metido entre los hombros y sin mis lentes, porque con ellos parecía un marica. Caminaba con mucho miedo, pero ponía cara de malvado. Tuve que pasar por demasiadas cosas y finalmente dejé de hacerlo, aunque de vez en cuando sigo cayendo en esas trampas, sobre todo cuando me siento inseguro y nervioso. Aún adopto la actitud de un chico de la calle, pero tengo que pasarme la vida recordando que en realidad no soy así.

Esto es justamente lo que Yoko me ha enseñado. No hubiera podido lograrlo solo, una mujer tenía que enseñarme. Ella no se cansa de decirme: “Está bien, está bien”. En todas mis fotos puedo ver que me debatía entre Marlon Brando y el poeta sensible, mi Oscar Wilde interno, el lado femenino y de terciopelo. Siempre entre esas dos imágenes, optando sobre todo por el lado machista, porque si te atrevías a mostrar tu aspecto femenino, estarías muerto.

Hay otro aspecto en tu obra que habla sobre ese constante cuestionamiento de lo que es real y de lo que es ilusorio, como en Look at Me y en Strawberry Fields Forever, en la que dices: “Nada es real”.

En cierto sentido, nada es real cuando te pones a desmenuzar esa palabra. Los hindúes y los budistas dicen que todo es una ilusión. Todos podemos ver algo, pero toda nuestra vida se basa en una ilusión aceptada socialmente. Y lo más difícil es verte a ti mismo.

Yo pensaba que el mundo se ensañaba conmigo, que me debía algo y que los conservadores o los socialistas o los fascistas o los comunistas o los cristianos o los judíos me estaban dañando. Cuando eres un adolescente no puedes evitar pensar así. Ahora tengo 40 años y ya no pienso así, porque entendí que esa mentalidad no funciona. Todo sigue su curso, pero ahí estás tú, masturbándote, gritando por lo que tu mami o tu papi te hicieron… pero creo que es necesario atravesar esa etapa. Me refiero a la gente que se molesta en pasar por algo así. La mayoría son unos imbéciles que sólo aceptan lo que hay y se sumergen en ello, pero para los pocos que sí nos atrevimos a cuestionar ciertas cosas… bueno, he descubierto que para mí –y quizás no para el resto del mundo– es necesario aceptar la responsabilidad, y todos ellos también son responsables de sí mismos. Yo soy parte de ellos. No hay separación: todos somos uno.

Yoko nos comenta que tienen que irse a los estudios Record Plant. Pasarán la noche trabajando. Abandonamos el edificio Dakota a las 10 de la noche y nos montamos a un carro que espera afuera. Media hora después, llegamos al estudio principal. Luego, seguimos nuestra conversación hasta las cuatro de la mañana. Mientras tanto, Yoko durmió en el sofá del estudio.

¿Yoko quiere lanzar un álbum de música disco?

Aún no puedo definir lo que estamos haciendo, porque con Yoko nunca se sabe hasta que termina. Es cierto que estamos aquí porque nos hemos propuesto lanzar unas cuantas canciones que podrían sonar en la discoteca

¿Y tus nuevas canciones?

No, no han sido pensadas para ese ambiente. Yo no hago esa clase de cosas [risas]. He regresado para retomar lo único que conozco a fondo: la actitud menos pretenciosa posible… esta vez sin experimentación, porque me dio gusto poder hacer las cosas tal y como solía hacerlas en el pasado.

La grabación tiene un efecto muy peculiar.

El eco de la cinta es una idea original de la década de los años cincuenta. Muchos de los discos que he grabado tienen ese mismo eco… incluso Rock ‘N’ Roll Music. Me encanta. Y mi voz sigue siendo la misma. He vuelto a mis raíces. Retomé los discos que me influenciaron: Elvis y Roy Orbison, Gene Vincent y Jerry Lee Lewis. De vez en cuando me gusta viajar y hacer cosas como Revolution 9, pero mi costado vanguardista fue impulsado por Yoko.

¿Qué planes tienen ahora? ¿Quizá una gira juntos?

No lo sé, quizá lo hagamos. Podría ser divertido. ¿Nos imaginas a los dos con estas nuevas canciones? Y podríamos tocar algo del viejo material de Yoko, pero no usaremos bombas de humo, ni maquillaje, ni un impresionante juego de luces. Tendría que ser un show confortable y podríamos divertirnos mucho. Somos rockeros renacidos y estamos comenzando de nuevo.

Algunas veces uno se pone a pensar… Sé muy bien que cada quien fabrica su realidad y que gozamos de libre albedrío, pero quizá hay algo de predestinación en todo esto. ¿Existe siempre una bifurcación en el camino, y los dos senderos que se te presentan tienen que ver por igual con el destino? Puede haber cientos de senderos, podemos tomar uno u otro –existe una elección– pero en ocasiones todo es tan raro. Y con esto podemos terminar a gusto nuestra entrevista. Nos vemos. Hasta la próxima.

El periodista Jonathan Cott también hizo la primera entrevista de ROLLING STONE a John Lennon en 1968.


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