Las batallas de Guillaume Senez

El nuevo talento del cine belga nos habla de su última película, la cual ya se encuentra en las salas colombianas, y de su preocupación por retratar la vida de quienes pertenecen a la clase trabajadora


POR ANDRÉ DIDYME-DÔME | 28 Jun de 2019

Hablamos con Guillaume Senez, el director de Nuestras batallas, una cinta personal, honesta, cruda y muy crítica. Cortesía Tails International


Keeper, el primer largometraje del director y guionista de origen belga Guillaume Senez, acerca de un par de adolescentes que descubren que van a ser padres, sorprendió a la crítica y al público con un retrato realista y conmovedor que obtuvo premios en los Festivales de cine de Hamburgo, Locarno y Torino, entre otros.

Ahora, con su segundo largometraje, vuelve a demostrar su talento para hacer que el espectador sienta una gran empatía por sus personajes y para denunciar (sin recurrir a discursos panfletarios) la injusticia laboral de la que es víctima la clase obrera. La película fue aclamada en la Semana de la Crítica Internacional del Festival de Cannes y obtuvo el premio de la crítica en el Festival de cine de Hamburgo, así como los premios a mejor película y mejor director en los Magritte (el equivalente a los premios Óscar en Bélgica).

Nuestras batallas es una tragicomedia cargada de emociones, muy cercana al cine hiperrealista de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne, enfocado en la vida cotidiana de la clase obrera. Cuenta la historia de un padre trabajador que debe hacerse cargo de sus hijos cuando su esposa abandona a la familia de manera abrupta. Este trabajo no solo se queda en el drama familiar causado por la ausencia de uno de sus miembros fundamentales, sino que también denuncia la crueldad del mundo laboral actual. Es una película que se rehúsa a dar explicaciones tranquilizadoras y tampoco cae en los lugares comunes típicos de este tipo de historias.

El director de 41 años parece uno de los personajes de sus películas: es una persona afable y humilde, sin ese aire de egolatría que muchos autores de su generación suelen poseer. De hecho, está muy pendiente del recibimiento de su película en nuestro país y se contactó con ROLLING STONE desde Bruselas para contestar nuestras preguntas:

En la vida de la mayoría de realizadores, se presenta un momento significativo que lleva a enamorarse perdidamente del cine. ¿Cuál fue el suyo?

Yo siempre fui cinéfilo y el cine ha estado presente a lo largo de toda mi vida. Desde que era niño escribía guiones y pensaba en las películas que veía, así como en las películas que quería hacer. Creo que las personas que me rodeaban ya me tenían perfilado como un futuro cineasta, y yo estaba convencido de que iba a convertirme en director.

¿Cómo fueron entonces sus inicios como realizador?

Al principio, no me interesaban los cortometrajes y tenía la ambición de iniciar mi carrera con un largometraje. Sin embargo, debido en gran parte a los sistemas de financiación, pasé de manera obligada por los cortos como si fuera una especie de prueba de iniciación. Cuando La cuadratura de círculo, En nuestras venas y U.H.T. comenzaron a llamar la atención, obtener los fondos para Keeper fue algo posible, pero complejo. Paradójicamente, ahora que he terminado el segundo, quiero volver a los cortos por la enorme libertad que eso implica.

¿Qué lo preocupa por la cotidianidad de la clase trabajadora en sus películas?

Yo soy un hombre de izquierda, que ha tenido la experiencia de vivir con recursos limitados. Fui padre de familia muy joven y sé lo que es tener que criar hijos y, al mismo tiempo, suplir las necesidades del hogar. En estos últimos años he observado que, en el mundo, la brecha entre clases sociales se hace cada vez más grande y considero que mi deber como cineasta es el de mostrar el mundo tal y como se vive.

¿Qué lo impulsó a dirigir Nuestras batallas?

Es un proyecto personal que contiene muchos elementos autobiográficos. Tras la separación con mi esposa, me hice la pregunta: ¿qué habría sucedido si ella hubiera desaparecido y abandonado su vida familiar? Aunque ella siempre estuvo al frente de su familia, a diferencia de la esposa de Olivier [el personaje interpretado por Romain Duris en la película], me parecía un tema muy interesante ver cómo un hombre trabajador se enfrenta de manera forzosa a suplir el vacío que su pareja deja. Yo creo que, sin el apoyo de mi pareja, jamás hubiera podido criar a mis hijos de una manera adecuada.

Encuentro su cine muy cercano al de sus compatriotas los hermanos Dardenne (Dos días una noche, El niño) y a directores como Stéphane Brizé (La ley del mercado). ¿Cuáles son sus influencias y películas favoritas?

Obviamente la herencia de los hermanos Dardenne es inevitable, pero también me encanta el cine de Ken Loach, cuyas películas de realismo social y emociones fuertes han marcado mi vida y mi carrera, así como el cine de Sidney Lumet, Wong Kar-Wai, Gus Van Sant y Arnaud Desplechin. Tampoco puedo olvidar a Hirokasu Koreeda. Sin embargo, aunque la influencia de estos directores siempre está presente de manera consciente o inconsciente, trato de aportar algo original.

Considero que la elección del actor Romain Duris (La espuma de los días) para protagonizar Nuestras batallas fue más que acertada, así como la de los niños Basile Grunberger y Lena Girard Voss. ¿Fue difícil trabajar con niños?

Todo lo contrario. La verdadera dificultad estuvo en el casting, en encontrar a los niños adecuados. Cuando se hace la elección correcta, luego todo es mucho más fácil. Como director, no suelo entregarles los diálogos a los actores. Estos se construyen durante la filmación de las escenas. Lo anterior obliga a que los actores se escuchen y puedan responder con mayor naturalidad y espontaneidad.

¿Cuáles son sus proyectos a futuro?

En este momento estoy terminando mi cuarto cortometraje, que estará listo para septiembre y estoy en el proceso de escritura de dos largometrajes. Espero que estos estén terminados en un período de dos a tres años.


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