Nina Rodríguez: “Todo el tiempo siento miedo de mostrarme”

La cantautora colombiana criticó el machismo de la industria y nos contó cómo se abrió camino entre la superficialidad


POR CATALINA BERNAL | 15 Jan de 2019

Nina Rodríguez repasa su transformación como artista y revela algunos detalles de su próximo álbum. Foto por@fearofemptyspace


De su disco homónimo a Heroína de 2017, Nina Rodríguez se convirtió en una artista completamente diferente. Le dio la espalda a esas figuras que la obligaban a ser algo que ella no era, se rebeló contra el sonido que querían que tocara y dejó a muchas personas en el camino para hacer lo que realmente le gusta: música creada con su corazón. En esta entrevista nos cuenta por qué la industria se enfoca en la superficialidad, a qué mujeres admira y con qué artistas querría colaborar a futuro.

¿Qué pasó en la vida de Nina Rodríguez desde el primer hasta el segundo disco?

Creo que cada disco es una catarsis. En el primero quería entender cómo funcionaba la industria y probar un montón de ideas. Venía cargado de géneros, estilos, miedos… Yo me retiré del modelaje porque no podía ser modelo y cantante al mismo tiempo. Luego, cuando vuelvo a tocar piano, empiezo a encontrar otra vez esas temáticas y entiendo qué es lo que quiero decir y cuál es la postura que quiero tener. El tema de la mujer me lo he cuestionado desde chiquita. Siempre me he sentido incómoda con lo que he vivido y los condicionamientos de la sociedad o lo que significa la belleza. La música ha sido un medio para expresarme y cuestionarme, por eso Heroína significó el inicio de mi carrera musical, porque era un proceso más consciente. Es un álbum con una postura más fuerte sobre lo que para mí significa ser mujer. Por eso el título y por eso salgo en la portada del disco por primera vez. Siempre pensé que prefería que la gente no me viera sino que me escuchara. Quería escribir canciones con esas temáticas y ha sido muy bonito y grato, porque vivo una transformación enorme como mujer y me di cuenta que muchas mujeres esperaban esas canciones en la música.

¿Con qué te encontraste en la industria?

Me encontré con estereotipos y con el deber ser. Si te ves de una manera, debes cantar de esa manera… esas cosas. Empiezo a entrar en una constante rebeldía de querer hacer otro tipo de música, explorar, sacar un pop alternativo y ser oscura y no sonreír. Me encontré con un medio machista, donde la coquetería está implícita y te vuelves un objeto. Eso me generó un carácter, ganas de hacer las cosas diferentes y de ir contracorriente. Esas dificultades me han hecho decir: no. En la industria siempre nos preguntamos cómo ser auténticos. Creo que a raíz de esas circunstancias y el modelaje soy un estereotipo. Cuando llegué a la música era “la modelo que quiere cantar”. No es la cantante que modeló, sino la modelo que quiere cantar. Pero en realidad, lo que me ha hecho el modelaje es convertirme en una mujer libre e independiente. Gracias al modelaje puedo invertir en mi carrera musical y me doy cuenta que es una de mis fortalezas. Tengo esa conciencia estética y entiendo que la moda es un vehículo para llegarle a muchísima gente.

Eso te empoderó y te hizo mostrarte como la cantante, no la modelo…

Siento que las cantantes latinoamericanas tienen una fuerza y una perseverancia tan grande, porque les ha tocado enfrentar situaciones complejas, pero han salido victoriosas. Siempre que a una mujer le va bien, construye un contexto para invitar otras.

¿Qué artistas femeninas admiras?

Natalia Lafourcade, porque tiene una carrera con mucho mérito. Fue un proceso juicioso, hablando de esta fuerza de la mujer latinoamericana. Eso es muy bonito. También a Beyoncé, que es una mujer a la que no le da miedo hablar sobre temas difíciles y los transforma a través de la música. Sacó un disco que habla sobre la infidelidad porque “me pusieron los cachos”, dice, y le duele. Con Lemonade se fue de gira con Jay-Z, pero ella lo llevó de gira a él. Esa postura, tan liberadora y poderosa, conectada con la feminidad y la naturaleza de la mujer, la sutileza, la suavidad, es muy fuerte. Uno debe ser rudo si quiere ser entendido y defendido, porque si uno es suave se la van a montar… es un proceso de reconciliación.

Yo siento que el discurso digital ha permitido que se hable más del tema y se lleguen a otros contextos, y las nuevas generaciones de chicas se están cuestionando más. Todavía faltan espacios… hay un festival que se llama Ruidosa que mide el porcentaje de mujeres en los festivales de música a nivel mundial, y sigue siendo muy chiquito, pero ya se está hablando del tema y eso es muy importante. Tenemos que construir una conciencia para las nuevas generaciones. Decirle a las niñas que apenas empiezan a entender el mundo: “eres libre de elegir y vestirte como quieras”. Aunque la realidad sigue siendo muy desfavorecedora para nosotras, en cuanto a delitos, muertes y violencia…

¿Eso está pasando en general en el mundo o en Colombia vamos a una velocidad muy lenta?

Creo que acá tenemos proyectos liderados por mujeres que han tenido un reconocimiento muy grande. Andrea Echeverry fue la que empezó todo esto. Es una mujer a la que le debemos canciones como El estuche, que es hermosa. Ella sigue sacando música y se reinventa constantemente. También tenemos a Catalina de Periné, a Li de Bomba Estéreo, a Goyo [de ChocQuibTown], pero nos faltan proyectos como solistas. Tenemos que encontrar esos proyectos y crear contextos donde haya mujeres hablando de lo mismo. No es el hecho de hacer un festival de mujeres por ser mujeres, sino que hay propuestas musicales en Colombia que hay que compartir con el mundo. Si no tenemos contextos o festivales que apoyen su exposición, vamos a estar desfasados. También es vital encontrar al equipo correcto. Ahora yo estoy con Árbol Naranja y me siento muy contenta de contar con un apoyo tan grande para pensar en lo que tengo que pensar, que es hacer canciones y cantar, no en todo este tejemaneje de la industria.

¿Alguna vez sentiste miedo de mostrar cómo eres en tus letras?

Todo el tiempo siento miedo. Cuando eres cantautor el proceso es ir adentro y casi nadie quiere ir adentro, casi nadie se quiere mirar, pero es muy bonito transformar una emoción humana en una obra de arte. Lo veo en cualquier contexto… Creo que lo más bonito que he experimentado es cuando puedo cantar una canción en el piano y veo a alguien a la distancia que siente lo mismo que yo. Eso es un poder enorme y solo se da cuando uno está conectado con esa vulnerabilidad.

¿Qué artistas masculinos les dan un espacio a las figuras femeninas sin el temor a ser señalados?

A mí me encanta lo que ha hecho Drake. Siempre invita a cantantes nuevas y desconocidas y les da un espacio en sus discos. J Balvin invitó a Rosalía y a Carla Morrison en el disco, y se preocupa por tener una postura femenina. Creo que es un artista que trasciende su propio género y va más allá. Jorge Drexler también es increíble, porque en varias entrevistas habla de cómo su mujer logra trascender sus posturas. Es un hombre que siempre está hablando del talento femenino. Sí hay hombres que están trabajando por cambiar eso, a través de la música y su discurso, y los necesitamos en esa tarea.

Viene un álbum nuevo. ¿Qué vamos a ver en ese disco?

Regresé a mis raíces para preguntarme qué es lo que nos hace tener tanta riqueza como colombianos. Uno tiene referentes ingleses o anglo, y piensa: “yo me quiero parecer a Beyoncé”. Pero lo que uno se debe preguntar es con qué influencias creció, como por qué las rancheras y los boleros de las mujeres tuvieron un significado tan fuerte en mí. Esas mujeres eran las que me decían: “sí se puede”. Eran mujeres de tabernas, con voces potentes. En este nuevo disco me cuestiono dónde están mis raíces y riquezas musicales. Me pregunto cuáles fueron esos ingredientes que me hicieron cantante. Viene cargado de autenticidad.

Si tuvieras que incluir a una mujer en tu disco, ¿cuál sería?

Hay un proyecto que me fascina que se llama Mabiland. Es una chica que tiene fuerza y un discurso con un estilo muy característico. Le dije que teníamos que hacer algo… me gusta la tarea de encontrar proyectos nuevos. Hay otra chica que se llama Stefficrown que me la presentó Yuri Buenaventura, porque hace trap en Cali. Es muy buen trap. De las internacionales, me encantaría con Ibeyi y Rosalía.

¿Qué sueño tienes a largo plazo?

Uno de esos sueños sobre la mesa es cantar en Coachella. Me encantan los festivales y lo que logran. La primera vez que fui a Coachella me cambió la vida, cuando vi a Florence + The Machine y al año siguiente a Beyoncé.

¿Qué escenario o concierto fue memorable?

Aquí tengo que nombrar a uno de los artistas colombianos que más ha apoyado al género femenino: Santiago Cruz. Desde que yo arranqué, él fue de los primeros que se acercó para componer de una manera respetuosa y bonita, y eso es difícil. Él me invitó a abrirle en el Julio Mario Santodomingo y yo estaba muerta del terror. Era en un formato piano y voz y fue uno de los recuerdos más bonitos que he tenido. No tenía stage manager, ni production manager, el teclado no funcionaba, todo estaba al revés y él me dio a todo su equipo. Yo soñaba con cantar allá y fue increíble. La acústica, sentir el teatro… Estaba vulnerable y nerviosa, y cuando tú ya no tienes nada que perder puede salir lo mejor de ti. Fue hermoso.

¿Ese miedo ha aumentado o disminuido, o cada vez es diferente?

Yo siento que va transformándose y lo hace cuando empiezas a entender que la esencia de lo que te hace humano es lo que te conecta con la gente. Es como las relaciones de pareja. Siempre que vas a conocer a alguien no sabes si abrirle el corazón. Hay un estado de nervios bonito y es un motor porque sabes que vas a entregar algo.


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