P&R: Walter Giardino

Mientras Rata Blanca se prepara para la gira más grande que ha hecho por Colombia, su guitarrista nos habló del rock en la industria musical de hoy en día y de la relación con su instrumento


POR SANTIAGO DE JESÚS | 15 May de 2019

Cortesía prensa Rata Blanca


El rock en español tuvo su mejor momento en los años 90 y, aunque el metal estuvo en un segundo plano, también hubo un auge por las guitarras más pesadas. Es fácil recordar a Kraken de Colombia, Obús de España o Paul Gillman de Venezuela.

En Argentina, una de sus grandes figuras fue Rata Blanca, que ha sabido mantener un público fiel por más de tres décadas. Walter Giardino, su guitarrista, es uno de los maestros de las seis cuerdas en la región, un hombre que ha dedicado su vida a mantener vivo el espíritu del rock & roll.

Cuando Rata Blanca nació, el rock y las guitarras eran protagonistas en América Latina y Estados Unidos, ¿cómo ve el rock y el metal hoy en día?

Yo creo que la gente normal vive en un mundo y la gente de rock vive en otro. Me parece que las bandas que eran grandes en los 80, ahora llenan más estadios. Pero, por alguna razón, el rock fue un poco apartado del mainstream y del centro de atención. No creo que esté pasando por un momento malo, simplemente la industria le soltó la mano y ahora está haciendo su propio campo.

De alguna manera se va a regenerar solo. El rock sale de abajo, de la parte oscura, y termina haciendo su espacio. Una película de Queen los activó y todo el mundo hablaba de ellos. Si te gusta la música, ¿cómo no vas a hablar de Queen? Las grandes bandas no necesitan de nadie, lo que sí haría falta es una concentración por parte de los más poderosos para reactivar un sistema que le dé posibilidades a los nuevos artistas.

Pero, ¿qué es lo que está fallando?

Está fallando la cultura, que no la manejamos nosotros, la cultura la manejan otros. Ahí es donde entra la idea conspirativa. ¿Queremos que el rock no se note? ¿Queremos una música muchísimo más complicada para los políticos que el reguetón? Porque el rock te protesta, te enfrenta. Pero son ciclos. El rock va a resurgir de la mano de Netflix, o no sé quién, pero algo va a pasar.

¿Qué piensa de los celulares en los shows?

Jack White los ha prohibido en algunos conciertos. Me he enojado, he pateado algún celular [risas]. Te da un poco de bronca que la gente vea un show en una pantallita cuando te tiene adelante en persona. Es medio ridículo porque se están perdiendo de vivir la intensidad real del asunto. Yo entiendo que cuando empieza el show lo quieras guardar, pero hay otros mil grabándolo al tiempo.

Pero es inevitable, y prohibirlo, no sé, no me gusta mucho la palabra “prohibir”. La verdad no me parece lo correcto, pero también lo entiendo. En algunas salas en las que el público estaba muy cerca, he hecho shows con el primer celular a medio metro, enfocándome. Y, bueno, por eso te digo que algunos de esos los pateé [risas].

Usted creció en Bajo Flores, un barrio difícil de Argentina, ¿cómo llegó la música y el rock a su vida?

La verdad, tengo un recuerdo hermoso de mi barrio porque mi familia es de mucha música; tango, folclore, clásica, parte de lo tropical. Y en el barrio habían muchos italianos, entonces se escuchaba música italiana de los 60, como Rita Pavone. La gente hoy no debe ni conocerlos, pero era el pop o lo comercial de esa época, canciones como Zingara.

El hard rock de los 70, me acuerdo muchísimo cuando llegó un primo de alguien que vivía en Bajo Flores, había viajado y comprado el Made in Japan de Deep Purple. Eso fue una conmoción en el barrio. Creo que fue la época donde dije que quería ser así [risas].

¿Y cómo llegó la guitarra?

Un regalo de Reyes, se portaron muy bien conmigo [risas]. Yo tenía nueve años y, por alguna razón que hoy creo que estaba escrita en algún librito del destino, mis padres me la regalaron. Nunca más la solté. Fue algo mágico, me enamoré para siempre. Encontré un lugar en el mundo. No sabía por qué, pero no podía parar de tocar. Cambió mi vida y mi forma de pensar.

¿Qué guitarristas seguía en ese entonces, a quiénes quería imitar?

Creo que las primeras guitarras que me impactaron, si bien todas me gustaron, fueron de Deep Purple y Zeppelin. En mi barrio eran fanáticos de Creedence, era como un equipo de fútbol. Si hablabas mal de Creedence, seguramente te ibas a ir con un ojo hinchado porque no te lo iban a permitir, era un fanatismo que yo compartía, pero no al punto de pelearme [risas].

Creo que John Fogerty me dio una de las primeras grandes impresiones. Recuerdo que escuchaba un disco que me prestaba un primo más grande, Cosmo’s Factory. Hoy lo pongo y no lo puedo creer, es impresionante, unos solos increíbles. Un guitarrista que ha influenciado al mismísimo Stevie Ray Vaughan, estamos hablando de un genio del rock & roll.


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