Última palabra John Waters

Este hombre del Renacimiento habla sobre envejecer con elegancia, la culpa católica y oler gases


POR KORY GROW | 05 Aug de 2019

Ilustración por Mark Summers


¿Qué es lo mejor y lo peor del éxito?

Lo mejor es viajar en primera clase cuando no tienes que pagar. Lo peor es cuando estás enfermo y la gente te reconoce. Hace unos años, tenía un cálculo en el riñón y estaba en la gira de un libro, por eso me tuvieron que llevar al hospital. Cuando estaba allá, la gente gritó: “¡Oigan, es John Waters!” y otra persona dijo: “¿Quién es John Waters?”.

Eres de Baltimore, ¿cuál es tu aspecto más propio de la ciudad?

Nunca pago el parqueadero. Un baltimorense se muere antes de pagar el parqueadero.

Te criaron como católico, ¿cómo te afectó eso más adelante?

Me alegra haber sido criado católico, porque el sexo siempre será algo obsceno. Pero odio al nuevo papa. Cuando dice: “¿Quién soy yo para juzgar el matrimonio homosexual?”. Yo pienso: “¡Eres el maldito papa! Eres infalible”. No obstante, mi parte favorita es cuando los Viernes Santos les besa los pies a los prisioneros. En mi mundo, a eso le decimos “shrimping” [fetichismo de pies].

¿Te has retado para ser más obsceno o más impactante?

No lo hago a propósito. Odio todas esas películas que dicen “al estilo John Waters”, porque se están esforzando demasiado. Yo intento hacerlos reír, eso es lo que he hecho desde el comienzo. No exagero o trato de impactar más. Creo que soy políticamente correcto. Siempre habrá alguien que discuta eso, pero creo que lo soy.

¿Hoy en día hay algo que sea demasiado políticamente correcto?

Cuando supe de los “theybies”, me molesté. Es cuando no les dicen a los niños su género, hasta que ellos lo deciden. Esos niños estarán pronto en una unidad psiquiátrica.

¿Cómo manejas la crítica negativa?

Las malas reseñas son más fáciles de recibir cuando eres joven que cuando eres viejo. Cuando eres joven, te alegra que alguien te ponga atención. Cuando yo era joven había una guerra cultural, éramos nosotros contra ellos, y los críticos siempre estaban a favor de ellos. Odiaban lo que yo hacía, por lo que todos mis anuncios eran críticas malas. Eso no pasa en la actualidad. Los críticos son demasiado modernos para hacer eso. Debes leer dos veces las reseñas buenas, una vez las malas, dejarlas atrás y nunca volver a leerlas.

¿Qué aprendiste de tener una clasificación PG (guía paternal sugerida) en Hairspray?

La gente siempre pensaba que me darían una clasificación NC-17 (contenido inadecuado para niños), así que obtener un PG fue una sorpresa que funcionó. Hairspray es como un caballo de Troya, es la única película engañosa que hice. Se coló en todas partes, promoviendo el matrimonio gay y las relaciones interraciales, y nadie lo notó. Hay un chiste en Mr. Know-It-All que dice: “Incluso a los racistas les gusta Hairspray.

¿Hay algo que te hubiera gustado que te dijeran antes de entrar a la industria cinematográfica?

Tienes que hacerte amigo de los contadores en todas las empresas. Todavía recibo tarjetas de Navidad de un contador de New Line que hace 30 años no trabaja allá. Tienes que vigilar tus finanzas. Creo que Madonna revisa todo en las facturas de los hoteles; yo hago lo mismo. En el momento en que lo dejes de hacer, pierdes el control de tu vida.

En el libro hablas sobre estar a gusto con tu edad, ¿cuál es el secreto para envejecer con elegancia?

Nunca vayas a una playa nudista. Incluso si vas al gimnasio a diario, la gente no quiere verte desnudo a los 70 años.

¿Cómo ha sido tu vida siendo una figura pública queer?

Mi padre solía decirme: “Solo no lo digas en USA Today”. Y nunca lo hice. Incluso hoy, si alguna vez aparezco en USA Today, diré que “estoy embarazado”, en memoria de mi padre y sus amigos. A él no le importaba si aparecía en la portada de Out. Ninguno de sus conocidos vería esa revista.

Cuando hiciste Polyester, la estrenaste en “Olorvisión” con tarjetas para rascar y oler. Una de las esencias era “flatulencias”. ¿Crees que a la gente le gusta oler los gases en secreto?

Esa es una buena pregunta. La verdad creo que a la gente le gusta oler sus propios gases y no los de los demás.


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