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Blackwork que resignifica la piel

El tatuador Daniel Deko se ha dedicado por cuatro años a que sus clientes se desconecten de la cotidianidad por un rato y se sientan a gusto dentro de sus cuerpos tras recibir tinta en su piel
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Cortesía Daniel Deko

El tatuaje llegó a la vida de Daniel Deko por casualidad, cuando una persona cercana a su familia le regaló un par de máquinas para tatuar. “Las metí en un clóset y eso jamás se movió de ahí porque realmente no me mataba la idea”, cuenta. Ese “jamás” se asemejaría a un “hasta pronto” puesto que el obsequio no se quedaría acumulando polvo por mucho tiempo. “Le hice mi primer tattoo a mi mejor amigo, un ancla”, recuerda. “No quedó tan mal. Después le hice par tatuajes más, esos sí quedaron horribles, pero me agradó el tema”.

Diseñador industrial de profesión, dejó el trabajo de sus sueños como diseñador de interiores al notar que el ritmo y los horarios que demandaba aquella ocupación no eran afines a lo que él deseaba para su futuro. Así fue como el camino condujo hacia esta dirección y actualmente completa cuatro años dedicándose de lleno al tatuaje (siete incluyendo su periodo como aprendiz), y llevando la vida tranquila que asegura le ha brindado este oficio. “[Me gusta] el estilo de vida que se puede tener al hacer esto, el hecho de estar siempre con mis mascotas y de que si tengo que madrugar un lunes es porque yo lo quiero. Realmente lo que me ha otorgado el tattoo es lo que me enamoró”, explica.

En sus inicios exploró el neotradicional, un estilo que en pocas palabras combina elementos de la vieja y la nueva escuela. Pero lo hizo a su modo, a blanco y negro, también en parte porque las limitaciones económicas le impedían adquirir tintas de colores. Y así, sin haberlo planeado, se fue acercando al estilo que terminaría por hipnotizarlo: el blackwork.

Ahora, gracias a su trabajo ha logrado que personas, especialmente mujeres, se reconcilien con partes de su cuerpo con las que habían estado en guerra hasta el momento de plasmar sus ideas permanentemente. “Ver lo mucho que puede significar un tatuaje para otra persona es lo más gratificante”, expresa. “Es lo mejor de mi trabajo”.

Cualquiera que se acerque a su estudio ubicado en la localidad de Teusaquillo, Veneno Galería, tiene asegurado “un buen rato, buena música y una buena conversación” ya que junto a su colega, con quien trabaja hace aproximadamente dos años, se han cerciorado de que aquel sitio pueda servir como un punto de desconexión de la rutina diaria. Además, si se está de suerte, puede que sus perros, Archie y Tango, hagan presencia para hacer que la sesión sea incluso más amena.

Más allá de la tinta: Daniel Deko crea piezas que adornan y le dan un nuevo significado a la piel.

Daniel tiene claro que para garantizar una buena experiencia la comunicación es fundamental, por ello no le importa parecer ‘preguntón’ a la hora de indagar en lo que les gusta y lo que no a las personas que le confían su piel por unas cuantas horas. Y es precisamente esta curiosidad la que ha impulsado su sed por el aprendizaje.

A lo largo de estos años no ha dejado de instruirse, y actualmente se encuentra reconectando con esa parte más artística que dejó de lado un tiempo atrás. “El tattoo me motiva a experimentar otras formas de arte”, sostiene. “El arte es inmenso y todo lo que pueda aprender enriquece mi trabajo”.