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Conversaciones de moda: Daniela Salcedo y la joyería convertida en historia

Hablamos con la diseñadora caleña sobre su marca
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Cortesía Daniela Salcedo

Qué personaje es Daniela Salcedo, nos conocemos hace rato y hemos compartido en varios espacios, laborales y lúdicos, y puedo decir que cada vez me sorprende más. Daniela es una explosión de color y formas que se ríe con todos los dientes, y la elasticidad de sus mejillas siempre va a tope. Analiza con cautela y pregunta, siempre pregunta; me gustan sus preguntas, porque son un abrebocas a conversaciones deliciosas sobre la vida, la moda y el emprendimiento. 

Los caleños tenemos una necesidad imperiosa de reafirmar las cosas, cada respuesta del otro la afirmamos preguntando, “¿Sí o qué?”. Así es hablar con Daniela. 

Esta vez la llame a México, donde vive hace unos tres años. Primero hablamos de la vida y después pasamos a la conversación que yo quería poner en este texto. 

Cortesía Daniela Salcedo

El don de contar historias no lo tiene todo el mundo, ella, por el contrario es fantástica haciéndolo. De hecho dice que es escritora frustrada. Sus cuentos son visuales y son sobre ella misma, los cuenta en sus colecciones de joyas, en sus viajes y hasta en lo que se come. Ve historias en las paredes, en las nubes y en el piso. 

De Daniela creemos saber mucho, porque su vida digital se cuenta a diario, pero hay partes importantes, diría yo fundamentales, que poco conocemos. Su abuela tenía una joyería, y de niña Daniela pasaba las tardes allá. En ese lugar recibió el insumo, y no me refiero a joyas, me refiero al amor por el oficio, a construir y ver materializar un deseo de la mente, en la edad donde somos más sensibles y perceptivos, en el momento en que creamos criterios tempranos y obtenemos sin pedir. 

Creo que tener esto es como estudiar una carrera por muchísimos años y quedarnos con la mejor parte, la experiencia del quehacer. 

Cortesía Daniela Salcedo

La conversación la interrumpe un grito, “¡COVID, NO!”. Su ardilla se llama Covid Alexandra, la encontró estropeada al principio del aislamiento y aunque intentó reinsertarla en la vida libre, ella sigue yendo al apartamento. Esta vez Covid entró con una amiga que quiso robarse un mango. La interrupción fue sólo un atisbo de lo que es Daniela, un cerebro inquieto, que quiere educar a una ardilla, mientras nos muestra en sus redes sociales historias de fiestas imaginarias o tardes de bronceo del animal. 

También le gusta el reguetón y se apoda a ella misma como Danny Yankee, sin temblor en la voz, pero con mucha risa me dice que su empresa suena a esta música y a mar. De mí parte, una carcajada.

Cuando la llaman “influenciadora” se confunde un poco, pues siente que en este mundo digital todos lo somos. Sin embargo, le gusta que la identifiquen como una influencia positiva en casos de emprendimiento, pues su carrera ha sido corta, muy trabajada y exageradamente satisfactoria. Quisiera siempre decirle a todos que se puede, que ella a hoy ha podido. 

Cortesía Daniela Salcedo

Sus joyas son la impresión de su personalidad, una propuesta animada y colorida, joyas que cuentan cuentos, que hablan rápido y aterrizan al usuario en un universo especial, donde sin lugar a duda se conectan directamente con la vida personal de Daniela. A cortísimo plazo sus planes son volver su empresa más amigable con el medio ambiente, como ya lo esta haciendo ella personalmente. 

Para cerrar, hablamos de la influencia y la validación. Sonriendo me dijo, “Mucha gente cree que la validación de terceros es una bobada, pero eso genera confianza en la compra, y para una relación comercial la confianza es lo más valioso”. Así me dejó claro que la validación en positivo en una era digital, ya no es un tema menor. 

Daniela es caleña, creció en esa Cali ruidosa, acalorada y sonora. Así es su marca, transgresora, propositiva y, sobre todo, muy divertida.

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