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Conversaciones de moda: Maygel Coronel y el minimalismo tropical del swimwear

La diseñadora cartagenera ha logrado construir prendas cómodas en un taller único
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Hay relaciones que se gestan de la nada y con el tiempo se van volviendo cercanas. No tengo un punto exacto de partida con Maygel Coronel, ni siquiera nos conocemos físicamente, pero el celular ha sido un vinculante fundamental en nuestra relación.

No sé qué me acerca a ella, si el ritmo acelerado con el que habla, si las ideas desordenadas que me toca capturar en el aire y entretejer para poder comunicarnos, o simplemente el sentirla tan costeña como la totalidad de mi familia paterna.

En la categoría swimwear se abren muchísimas marcas cada año en América Latina, pero no todas corren con la suerte de salir, quedarse y atornillarse. Aquí, Maygel ha podido construir ropa que, en esencia, tumba la repetición de comportamientos humanos naturales cuando estamos en entornos sociales. Con esto me refiero a que logró evitar que las mujeres nos estemos acomodando una prenda sin parar para lograr sentirnos cómodas.

Partió de un material como la licra, lo ubicó en distintas situaciones, abanderando con sus diseños un segmento del lujo que transita la comodidad como primera instancia, y pudo manipularlo a tal punto, que la gente, al ver sus creaciones, no tiene claro de qué están hechas.

En su taller cuenta con un sistema de trabajo donde el ritmo va según sus prioridades, que son el patronaje y los terminados. Allá no hay afán, las personas dedican sus días a construir cada pieza.  Con dos colecciones al año ejecutan un universo completo. No tiene un plan a futuro, quiere que su equipo y ella estén bien, y buscar lo que sea sano para todos en el ecosistema Maygel Coronel.

Cuando le hablé de la belleza de sus fotos de campaña, se rio a carcajadas. Incrédula, me dijo, “¿Te parecen tan bonitas?”.

Creo que no es consciente de la fantástica estética de su comunicación de marca. Entre risas me cuenta que se montó en un carro a Palenque, buscó las personas, les dio a escoger la ropa para que se sintieran cómodas y boom, un photoshoot como pocos en Colombia. No hubo textos sobre textos repitiendo los temas de moda, como la diferencia y diversidad. Hubo fotos, imágenes exquisitas que mostraron una realidad que cada uno podrá interpretar a su manera.

A la mujer mayor de otra de sus campañas se la encontró en el mercado. También el personal de su taller y sus amigas de la vida hacen parte de su material fotográfico. Su estética es tan clara, que actúa por reflejo e intuición.

Me cuenta que siempre pensó que el trabajo no iba a regir su vida, la playa y el surf fueron su motor. Sonrío y le pregunto, “¿Y ahora el trabajo rige tu vida?”. Vuelve a reír a carcajadas, esas de las grandes, de las de boca inmensa y ojos pequeñitos, y me dice que así es. Pero en sus palabras hay algo más, y se llama satisfacción.

“Soy cartagenera, tengo todas las cualidades de un cartagenero, me gusta el tiempo, también hacer lo que disfruto. Y aquí pasan las dos cosas”, afirma. Cuando dice “aquí”, se refiere a su taller.

Entre un cuento y el otro, y sin mucho contexto, elabora una frase honesta, “No me gusta leer pero lo hago, ni tampoco soy culta de arte, pero investigo, tengo una fascinación por el punto y la línea”.

Maygel logró permear una barrera importante, volver sólida una marca que mezcla dos corrientes, el minimalismo y lo tropical, abriéndose un espacio estético y comercial en un universo más amplio de lo que normalmente vemos en los diseñadores contemporáneos de América Latina.

A Maygel, su risa divertida, sus comentarios a media lengua que fueron imposibles de transcribir y su ritmo acorazonado de tambora, chapeau.