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Invadiendo la Comuna 13

Recorrimos la Comuna 13 de la mano de Criss Profe y Trece, dos líderes culturales que le apuestan al turismo, la pedagogía y el arte urbano como motor para su comunidad
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Trece tiene tatuada la palabra Ubuntu en su brazo. Cuando le pregunté su significado volvió a mirarlo, como si por un instante hubiera olvidado que estaba ahí, escrito en su piel. Lo ubica como a un trazo en la marea de tags que cubren las paredes de El Parche, la casa desde donde opera el colectivo Invasiones de Concreto. Lo mira y como buen paisa, responde echando un cuento. 

“Ubuntu llegó a mí a través de un sudafricano, alguien que vino a hacer un tour por la comuna y que me ofreció enseñarme idiomas a cambio de nada. A mí me pareció extraño. Él nos explicó el Ubuntu desde la práctica, ahora nosotros enseñamos ese y todos los idiomas que hemos aprendido a gente que llega de todos lados”. Describe esta filosofía como la preocupación por el otro, “Yo no soy si el otro no es, yo no progreso si los que están a mi lado no lo hacen”.  Como buen paisa Trece sabe detenerse, hacer silencio y para darnos tiempo y entender el cuento. 

El solar de El Parche está decorado con banderines, pinturas, ropa de adidas y un escritorio lleno de muñecos y cuadernos. Las paredes de esa terraza están abiertas y se ven los gatos trepar de teja en teja. Al lado de un escritorio viejo de madera hay un pupitre de madera nuevo, es lo único en ese piso de la casa que no está rayado. Me siento ahí para escuchar a Criss Profe hablar sobre su pasión por la educación. Criss es Morena, tiene una trenza de tres colas y en la sien lleva tres rayas recién hecha en la barbería del primer piso. Según ella, la vaina con educar empezó por su padre, un exjugador profesional de fútbol que abandonó las canchas para estudiar y asegurarle un futuro a ella y sus hermanos.  

Históricamente la Comuna 13 ha sido un hervidero. En el presente la asociamos con el crack de River Plate Juan Fernando Quintero o con videos musicales de artistas urbanos; ha servido de locación para videoclips de Juanes, Flo Rida, Grupo Niche, Maluma o una estrella surgida de la misma barriada como es Bombi, el intérprete del mega hit Estamos melos. Esos artistas foráneos, al igual que muchos turistas, suben a la 13 para impactarse por el colorido de los murales que cubren kilómetros de esa loma donde se han asentado por décadas las personas que llegan huyendo de las múltiples violencias rurales que han azotado a Colombia. Hace unas décadas era intransitable, pero ahora es un destino por el que se puede caminar tranquilamente. Invasiones de concreto le han apostado a mostrar eso, le han sumado procesos de educación e impulso a las artes y les encanta hacerlo. 

Décadas atrás esas mismas calles estaba atravesadas por fronteras invisibles que separaban bandos, regiones, ideologías y en donde según nos cuenta Criss Profe -la líder del componente pedagógico del colectivo- los únicos que podían circular libremente eran los músicos. La gente allí se apegaba al arte y a la cultura porque en medio de las cruentas luchas entre milicias urbanas de la guerrilla, el paramilitarismo y la delincuencia común, estar metido en la música o el grafiti eran como un salvoconducto. Todo el grafiti que acá florece tiene raíces en esa historia, los murales lo expresan. No se trata de embellecer y olvidar, el trabajo que los artistas de la comuna también es un ejercicio de memoria y resistencia.  

Sobre esa filosofía de creación colectiva y de visión pedagógica y educativa como una oportunidad de desarrollo, se ha desencadenado una actividad que combina arte y turismo, pero también reflexión y progreso.  El recorrido inicia en la estación del metro de San Javier, desde allí se ve el Metrocable que sube hasta lo alto de la loma usando un sistema de vagones suspendidos. Pero con Invasiones de Cemento no vinimos a ver las cosas de lejos, su tour es caminando, entre la gente, conociendo a las personas del barrio, escuchando la música que viene de los solares. A cada paso por las escalas y las calles angostas que suben y bajan sobre la montaña. 

La primera parada es El Parche a unas cuadras de la estación de San Javier, en donde Trece hace una introducción al grafiti a través de la historia del repartidor de pizzas que empezó toda la vaina en Nueva York hace ya casi medio siglo. También nos pregunta que sabemos de la comuna, y muchos se refieren a la Operación Orión. Él recalca que esa jornada de terror en la que los paramilitares transitaban de la mano del ejercito sacando gente de sus casas para desparecerla, fue solo uno de los episodios que como vecino de ese sector tuvo que presenciar. 

De la sede caminamos hasta una parada de buses, para empaparnos del sentido local. Entramos a una buseta donde los raperos se suben a gozarse a la gente con sus rimas, es la misma que usan los vecinos para llegar a sus casas. Vamos viendo cómo cambia el paisaje, cada vez las casas son menos amplias y están más juntas. Llegamos a la parte alta donde la inmensidad de la ciudad y el extendido tablado de casas con techos de lata nos hace marcar otra pausa, para tomar aire y entender esta parte del cuento. 

Allí encontramos los toboganes, las escaleras eléctricas, una galería de arte urbano, una terraza donde los breakers comparten una pola de cannabis con visitantes y ríen en todos los acentos. En la punta de la loma hay emprendimiento, visiones de la vida que se mezclan, allá todos saludan a Criss y Trece con cariño. Los reconocen como líderes y hermanos, les regalan fruta y les ofrecen abrazos y pinchos con ñapa.