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Juana La Loca: un frenesí de belleza, emoción y sabor

Ubicado al norte de la ciudad, este restaurante transporta a los comensales a un lugar surreal, minimalista e impactante, a través de varias fases de majestuosidad que desembocan en una gran cocina mediterránea
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CORTESÍA JUANA LA LOCA

Una primera impresión, una sola palabra, una contundente sensación: asombro.

Poner un pie en Juana La Loca no es cualquier cosa, especialmente si llegamos desprevenidos y sin tener idea alguna sobre lo que nos vamos a encontrar, porque este restaurante ubicado sobre la carrera 11 con calle 90, una de las vías pulmonares de Bogotá, es una verdadera senda de estilo y sofisticación, extendiéndose de forma particular a lo largo de varios espacios en donde lo bello y lo sublime priman a la vez.

Según los conceptos de las diferentes categorías estéticas en el arte, cuando hablamos de lo bello, nos referimos a aquello que nos atrae conscientemente y que nos genera un placer racional, mientras que lo sublime es aquello que nos emociona, conmueve y sorprende de forma inconsciente, todo esto sintetiza de forma precisa la experiencia en este sitio.

Probablemente, cuando Isay Weinfeld -uno de los más grandes arquitectos de Brasil- se sentó en el área que posteriormente se convertiría en el lienzo sobre el cual plasmaría su diseño en Colombia, y que dos años después de su creación obtendría el reconocimiento al Mejor nuevo restaurante en los Wallpaper Design Awards 2016 de la revista londinense Wallpaper, visionó que la armonía podía ser infinita y que Juana La Loca también sería en esencia (y entre otras tantas cosas), Juana la elegante, Juana la espectacular, Juana la inigualable.

Al entrar al restaurante nos encontramos inicialmente con un bar construido completamente en madera que dista por completo de lo que conocemos; uno de los grandes protagonistas es una amplia barra cuadrada en la que sus visitantes pueden sentarse alrededor bajo la penumbra que conserva la intimidad, en un ambiente tranquilo que por momentos parece aislarnos de la realidad para sumergirnos en una dimensión casi onírica de la que no quisiéramos despertar. Los nodos de la lámpara que ilumina el lugar con luz cálida y tenue, parecen sacados de un museo de arte contemporáneo, y no están lejos de serlo, ya que este objeto fue creado por la reconocida diseñadora neoyorkina Lindsey Adelman.

CORTESÍA JUANA LA LOCA

Mientras avanzamos en el espacio que Weinfeld pensó desde el inicio como un túnel delimitado por “cajas” que representan diferentes zonas que se abren gradualmente a la luz, nos encontramos con una gran cocina abierta, recubierta en su totalidad por acero inoxidable que genera un efecto reflector, y que además conecta al bar con las siguientes tres áreas. Lo que más llama la atención, es que el personal de cocina también está inmerso en la belleza del lugar y tiene contacto con cada uno de los comensales que transitan por esta zona para llegar a Teca, el salón ideal para una reunión con amigos, compañeros, familia o pareja.

El nombre de este espacio se debe a que la madera clara que lo acompaña proviene del árbol Tectona Grandis. Descubrimos detalles como lámparas de piso que se inclinan sobre algunas mesas y pequeñas ventanas que parecen cajones y que permiten adentrarse en una experiencia absolutamente acogedora.

Algunos metros más adelante se abre paso Textil, una de las partes más versátiles que tiene Juana La Loca y que en comparación con las anteriores, es mucho más luminosa y se convierte en un lugar adecuado para llevar a cabo reuniones bajo un ambiente claro en donde sobresale la tela en tonos crema combinada con madera.

Y de repente, nos percatamos que la luz al final del túnel es una terraza de aproximadamente 100 metros cuadrados que nos hace sentir en medio de un jardín, gracias al verde de las plantas que se alzan y que la rodean por completo, protegiéndonos de los tres pisos que nos separan del asfalto. Esta área es perfecta para relajarse, tomar el sol, almorzar o tardear con unos buenos tragos provenientes de otra barra que se posa en uno de los laterales, y que ahora nos hace sentir verdaderamente un poco más cerca del Paraíso.

Si bien el diseño y la arquitectura se roban el aliento en un principio, lo segundo que se hace evidente es la excelente atención; el personal transmite alegría  (no es para menos teniendo en cuenta su lugar de trabajo) y la atención es rápida y efectiva.

El diseño de la carta no es menos minimalista, y en su sencillez reposan recetas magníficas prestas a deleitar los sentidos a través de un variado menú encabezado por ingredientes de la gastronomía mediterránea como el salmón, el pulpo (que es una de sus grandes especialidades), en general pescados y mariscos, carne de res, cerdo, pollo, ensaladas y sopas. Las porciones de los platos fuertes son perfectas y los comensales pueden empezar a disfrutar de la experiencia con entradas como carpaccio de pulpo o corvina, espárragos verdes a la brasa, chicharrón de calamar o de cochinillo, jamón ibérico con pan y tomate o una tabla de queso, entre otras opciones.

Cualquiera de los espacios es perfecto para probar sus cócteles de autor, que buscan rendir un homenaje tanto a la literatura colombiana (Macondo) como a la historia española en la Guerra de las Naranjas, que se trató de un breve conflicto militar entre Portugal, Francia y España en 1801 y que, en medio del carácter bélico, aguarda una bella anécdota, que habla acerca de la ocasión en la que la Reina María Luisa recibió un ramo de naranjas que desprendía un aroma cítrico que quedó en su memoria para siempre. Este cóctel (que lleva el mismo nombre de la soberana) está libre de alcohol, pensando en aquellas personas que quieran disfrutar de una infusión fresca y frutal en cualquier momento del día.

CORTESÍA JUANA LA LOCA

Natalia Muriel, gerente del lugar, nos cuenta que, si bien cada rincón de Juana La Loca está perfectamente cuidado, también es un espacio que puede adaptarse a los gustos y necesidades de aquellos que deseen celebrar eventos como matrimonios, bautizos, compromisos, reuniones laborales y casi cualquier tipo de recepción, siempre y cuando no afecte la sofisticada y elegante esencia del lugar.

Esta filosofía abierta es un plus que muchos de los grandes restaurantes no tienen en consideración, pero que en definitiva marca la diferencia y le da aires de versatilidad en medio de tanta belleza y perfección junta, acompañadas de un nombre tan curioso y contundente como el que lleva, y que no pasa desapercibido un solo segundo. 

Aunque este lugar en su interior representa la calma y la luz, Juana “la Loca”, también conocida como Juana I de Castilla, fue uno de los grandes personajes de la monarquía española, Reina de Castilla, Aragón y Navarra durante los siglos XV y XVI, y cuya dramática historia estuvo caracterizada por las pasiones, odios profundos, envidias, mentiras y ambiciones descontroladas que finalmente marcaron la desgracia en su vida y que significaron un eventual confinamiento obligado que la lograron apartar como Reina, pero jamás como ícono de la cultura española.

Llama también la atención que siendo las 3:00 p.m. podemos encontrar a personas en solitario trabajando a media luz en el bar principal o en Teca, mientras toman un café o alguna otra bebida que complemente la sensación de fantasía y tranquilidad que encierra este lugar, cuyo minimalismo marcadamente oriental, tiene sus orígenes probablemente gracias a la alta inmigración japonesa que tuvo Brasil a inicios del siglo XX, y que posiblemente ejerció una vasta influencia en las aproximaciones estéticas y de diseño de algunos arquitectos como Weinfeld, creador de este ensueño que rompe con el agitado día a día capitalino, mientras nutre al alma y el cuerpo.

CORTESÍA JUANA LA LOCA

Recomendados por Juana La Loca:

  • Chicharrón de cochinillo
  • Tartar de pulpo
  • Pulpo con papas arrugadas y mojos canarios