Desterrando a la rumba con prejuicios

Un nuevo proyecto reúne diferentes discotecas en el barrio San Felipe para que cualquier persona pueda disfrutar de una buena fiesta

POR ROLLING STONE | 17 May de 2019


¿Cuántos se han quedado a la entrada de un bar porque el tipo gigante de la puerta no los dejó pasar? ¿Cuántas veladas, como dice la canción de Nicolás y los fumadores, terminaron solos, después de pagar 20 ‘lukas’, bailando tristes? La siguiente escena sucede en decenas de casas los viernes en la noche: Es el cumpleaños de un amigo de la universidad y todos se reunieron en una casa para la previa. Las botellas se destapan, el volumen de la música sube, los cigarrillos se prenden y comienza el coqueteo. Un baile por allá, un trago por acá, una sonrisa. Todo pinta bien cuando llegan los taxis.

A la entrada del rumbeadero hacen la fila como un grupo de ciudadanos respetuosos. El bouncer pide las cédulas, las mira y des- pués observa a cada uno de pies a cabeza. “Usted no puede entrar”, dice y lo señala. “¿Por qué?”, responde. No hay razones, simplemente no se puede. ¿La ropa? Jeans oscuros, zapatos oscuros y un saco cerrado, no está mal. ¿Borracho? Tomó un poco, sí, pero se encuentra bien. ¿Prejuicios? ¿Órdenes de arriba? ¿No salió bonito en la cédula? No importa. Ya no entró.

“Nuestro filtro es distinto, que es un tema que hemos trabajado porque normalmente entra el lindo y se queda afuera el feo, aquí cambiamos esa mierda por el bueno y el malo”, dice Felipe Rodríguez, uno de los socios de un nuevo proyecto en Bogotá que está cambiando las reglas de la fiesta. “Y el malo es muy fácil de diferenciar. Es todo el que venga demasiado borracho, con ganas de armar problemas, grosero. Todos los demás son buenos y deberían poder acceder”.

El conjunto de discotecas está ubicado en el barrio San Felipe, que desde hace unos años se ha establecido como una de las zonas artísticas de Bogotá; las galerías y los cafés han tomado protagonismo. Donde antes quedaba el Teatro María Luisa y un call center, Rodríguez y sus socios apostaron por una rumba incluyente, que cupieran todos. Acá nadie va a llegar a decirle a una pareja homosexual que son animales o pedófilos.

​Cortesía Guetto Bar
​Cortesía Guetto Bar


La fiesta no se limita a un tipo de música, hay distintos ambientes para todo tipo de gustos. El espacio de los sonidos latinos es Pantera Soundsystem. Sobre la Caracas se escucha primero un dancehall, después reguetón, seguido de una champeta. Adentro, los colores vivos adornan las paredes, es como estar metido en un picó que totea junto a la playa.

En el segundo piso, en Sector 9, el espíritu retro se toma la pista de baile. Hay pocas décadas con imágenes, colores y sonidos tan emblemáticos, como los 80. Acá puede sonar Depeche Mode, The Clash y New Order, mientras unos bailan, otros juegan maquinitas clásicas como Metal Slug o Street Fighter. Afuera, una terraza con un carro destartalado, pero lleno de estilo y cervezas, se convierte en el espacio ideal para disfrutar de esta música.

Subiendo unos escalones se llega al Meridian Bar, donde los más adultos pueden encontrar cocteles premium y relajarse con un buen trago en su mano. El soul y el funk le entregan un aire de sofisticación, ideal para charlar alrededor de las mejores bebidas que se ofrecen.

En el tercer piso está el gran cerebro: Kaputt, una inteligencia artificial que se dedica a la electrónica. La pared con partes de computadores es el puente humano hacia la tarima del DJ, que recibe la información a través de unos cables que brillan con distintos colores en el techo. La luz tenue y la potencia de los bajos, que retumban en el pecho, crean el ambiente necesario para los amantes del techno y el house.

​Cortesía Guetto Bar
​Cortesía Guetto Bar


“Nuestro objetivo también es generar una agenda cultural entre semana en la que cambiemos la manera en la que se exhibe la moda, el diseño, el arte y el teatro”, añade Rodríguez. “Queremos hacer desfiles de otra manera, involucrar todo el sitio y que termine en una fiesta”. También planean hacer ferias y exhibiciones de arte. De hecho, en todo el lugar hay nueve piezas artísticas y el proyecto de interiorismo se hizo con materiales reciclados.

Los diferentes ambientes están conectados a través de escaleras que presentan un laberinto para perderse entre toda la rumba. Esa es la verdadera experiencia de este conjunto de discotecas, disfrutar de cada lugar para sacarle el jugo a la fiesta, sin prejuicios ni mala energía. Acá hay música para todos, tragos para todos, atmósferas para todos. Es la farra de todos.


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