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10 grandes canciones de Little Richard

Con Tutti-Frutti y Long Tall Sally rescribió las reglas del rock y el R&B
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El ícono del rock & roll falleció el 9 de mayo de 2020 a los 87 años.

Michael Ochs Archives/Getty

POR STEPHEN THOMAS ERLEWINE & KEITH HARRIS

Little Richard fue la estrella más extravagante del rock & roll. Su expresividad sexual era muy distinta al carisma hogareño de Elvis Presley, a la picardía de Chuck Berry, a la hostilidad de Jerry Lee Lewis, a la sensibilidad pop de Buddy Holly o a la cercana genialidad de Fats Domino. Los woo de Richard unieron lo espiritual y lo orgásmico, cambiando la forma en la que los músicos mostraban su deseo. Jimi Hendrix lo explicó muy bien: “Quiero hacer con mi guitarra lo que Little Richard hace con su voz”.

Jenny Jenny (1957)

No es por quitarle mérito al juego de vientos de Lee Allen y Alvin “Red” Tyler, pero esta canción es un milagro estadounidense con lo más valioso del país después de la guerra: los woos de Little Richard. El sonido atravesó el océano hasta Liverpool. “Podía imitar un poco la voz de Little Richard, que es algo salvaje, un grito que te saca de esta vida”, dijo Paul McCartney, su mejor imitador.

Send Me Some Lovin’ (1958)

El impacto de Little Richard en el rock & roll fue tan fuerte, que a veces se olvida su papel en desarrollo del soul. “Ha hecho muchísimo por nuestra música”, dijo Sam Cooke en 1962, y Otis Redding era un gran fanático. Existen diferentes versiones de esta canción que demuestran los estilos en los que podía moverse Richard. 

Rip It Up (1956)

Hay algo de violencia implícita en el título de Rip It Up, el segundo R&B de Richard que llegó a lo más alto de los listados. A pesar de ser una promesa para el caos, tiene espacio para más cosas. Acá no hay grandes gritos, sino que su voz flota, mientras la banda llena este sencillo de grooves. Otros artistas tomaron direcciones distintas (la versión de Elvis es más rockera, y la los Everly Brothers es menos agresiva), pero Little Richard demuestra su talento con un blues juguetón.

The Girl Can’t Help It (1956)

Normalmente, Little Richard no necesitaba ningún apoyo, su voz era suficiente. Esta es la excepción. En The Girl Can’t Help It, que también lleva el título de la película de Jayne Mansfield de 1956, Richard se une con otros en el canto, pero su grito sigue siendo lo que le entrega energía a la canción. Aunque fue hecha, en un principio, para Fats Domino, Richard lleva ese alarido hasta lo más alto de la sensualidad.

All Around the World (1956)

La definición de rock & roll para Little Richard era muy sencilla: R&B rápido. En All Around the World el ritmo es distinto a sus éxitos más arrolladores. Aunque es más lento, no es menos intenso ni menos rocanrolero. Que el rock & roll vino a quedarse era un mensaje común en 1956, pero acá lo convertía en noticia y fenómeno mundial, un punto que el mismo Richard apoyaría con sus giras por Australia.

Heeby-Jeebies (1956)

El compromiso de Richard con el rock & roll era a punta de velocidad y optimismo. Pero en este caso (no lo vayas a confundir con el clásico de Louis Armstrong), Richard parece que canta más rápido que el beat, como si perdiera el control de su necesidad para acelerar. No es ninguna sorpresa que Otis Redding, uno de los grandes artistas de los 60, empezará su camino al estrellato cantando Heeby-Jeebies en un concurso de talento.

Ready Teddy (1956)

Ready, set, go man go”. Ese comienzo es el conteo y la voz de Richard es el disparo de salida en una carrera en la que el cantante y los músicos compiten hasta la línea de llegada. Cada verso es un grito a capela acentuado por los golpes en la percusión que encaminan la sensualidad del coro. John Marascalco y Robert Blackwell “me trajeron las palabras y yo hice la melodía. En ese entonces no tenía muy claro todo el tema de la plata, porque hice un éxito”, le contó Richard a ROLLING STONE en 1970. “No recibí el dinero, pero todavía tengo la libertad”.

Slippin’ and Slidin’ (1956)

“Eddie Bo sacó antes Slippin’ and Slidin y fue un éxito en Nueva Orleans”, le contó Richard a ROLLING STONE en 1970. “A la semana siguiente sacaron la mía y lo aniquilé porque él no tenía el ritmo, no tenía lo que yo tengo”. Comparar este rock & roll con el R&B tranquilo de Bo es una muestra de lo peculiar que era el cantante, ese “yo no sé qué”. Puede que Jerry Lee Lewis y Johnnie Johnson (compañero de Chuck Berry) fueran más ingeniosos melódicamente con el piano, pero las forma en que Richard transformaba las teclas en percusión era lo que sus canciones necesitaban, por eso es que el baterista Earl Palmer tenía más libertad con su instrumento.

Long Tall Sally (The Thing) (1956)

Little Richard llevó el doble sentido y la sexualidad un paso más allá con esta secuela de Tutti-Frutti. El cantante ve que el tío John está escabulléndose con Sally en el callejón y dice que le va a contar el chisme a la tía Mary, pero por la forma en que canta, queda claro que está del lado de la diversión. No se sabe bien qué están haciendo, pero parece que no es un lugar para gente buena o angelical. Con esta canción, Richard llegó por primera vez al Número Uno en el listado de R&B y al Top 10 de pop, además de ser esencial para una generación. John Lennon dijo, “Era tan buena que cuando la escuché no podía hablar”. También sonaba en las primeras presentaciones de los Beatles.

Tutti-Frutti (1955)

Little Richard escribió en el comienzo de esta canción la mejor (y tal vez la primera) letra del rock & roll para describir la batería que quería. O, dependiendo de cuando se le preguntara, era la respuesta que le daba a su jefe cuando trabajaba lavando platos. Aunque al principio no iba a ningún lado con una grabación que dejó Richard después de una sesión, el productor Bumps Blackwell contrató a la compositora Dorothy LaBostrie para meterle picante a estas instrucciones sobre el sexo anal: “If it don’t fit, don’t force it/You can grease it, make it easy” [Si no cabe, no lo fuerces/ lo puedes lubricar, hacerlo más fácil]. Puede que el tema haya pasado de “explícito” a “burdo”, pero esa onomatopeya todavía le da voz a lo carnal, mucho mejor que cualquier diccionario. Cuando llega a las últimas sílabas, prácticamente se escuchan los cuerpos chocando.