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Así conoció Leonard Cohen a Janis Joplin: legendario encuentro en el Chelsea Hotel desde adentro

“Caímos en los brazos del otro como por una especie de proceso de eliminación”, dijo Cohen sobre el romance que inspiró Chelsea Hotel No. 2
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Lean la historia del breve romance entre Leonard Cohen y Janis Joplin en el Chelsea Hotel, que inspiró la famosamente explícita Chelsea Hotel No. 2.

Roz Kelly/Getty, Baron

En la primavera de 1968, el Chelsea Hotel era mucho más famoso que su huésped del cuarto 424. Leonard Cohen había abandonado su vida como poeta y novelista en Canadá para ocupar un lugar en la floreciente escena neoyorquina de cantantes y compositores de folk, y hasta entonces la apuesta no había pagado bien. En una era en la que “no confíes en nadie mayor a los 30” era un mantra común, las primeras audiciones del cantante de 33 años usualmente concluían con desalentadoras variaciones de “¿No estás un poco viejo para esto?”.

Aunque la raza intelectual y el denso paisaje lírico de su música había creado comparaciones inevitables con el rey poeta del rock Bob Dylan, su debut de 1967, Songs of Leonard Cohen, fue recibido con un éxito limitado cuando fue lanzado en diciembre. Añadiéndole al insulto, un tecnicismo legal le había costado los derechos de tres de sus mejores canciones, incluyendo Suzanne, que había sido grabada por Judy Collins.

Un artículo del New York Times de ese período captura su malestar mientras luchaba ansiosamente para construir su nueva identidad: “Se refugia en el Chelsea o en el Henry Hudson Hotel, rara vez se mezcla con los literatos locales y a veces se pasa días enteros frente al espejo tratando de entender de dónde vienen las líneas de su rostro”.

Aunque la mitología oscura, desalentada y romántica de Cohen aún estaba en su fase naciente, la del Chelsea ya se había cimentado tiempo atrás. Situado en 222 West 23rd Street, el imponente edificio de ladrillo rojo gobernaba la cuadra con grandeza gótica. Sus cuatrocientos cuartos habían albergado a luminarios literarios incluyendo a Mark Twain, Charles Bukowski, William S. Burroughs, Jackson Pollock y Arthur Miller, quien había construido un corto resumen del ambiente bohemio: “Sin aspiradoras, sin reglas, sin vergüenza”. Arthut C. Clarke escribió 2001: Odisea del espacio mientras residía allí y Jack Kerouac había ideado En el camino en su cuarto. Faltaba todavía una década para la trágica visita de Sid Vicious y su novia Nancy Spungen, pero el poeta Dylan Thomas había entrado en su coma fatal durante su visita en el Chelsea en 1953.

En la década de los sesenta, el Chelsea Hotel se había convertido en el cuartel general de la élite emergente del rock, albergando a Jimi Hendrix, The Grateful Dead y al mismo Dylan. Algunos le rendían tributo a su estancia temporal con canciones. Chelsea Morning de Joni Mitchell habla del hotel, como lo hace Chelsea Girl de Lou Reed y Third Week in the Chelsea de Jefferson Airplane.

Era, según lo describió la periodista Thelma Blitz, “una enorme fraternidad bohemia” que se adaptaba perfectamente a los deseos de Cohen: “Vine a Nueva York y estaba viviendo en otros hoteles y escuché hablar del Chelsea Hotel como un lugar en el que podría conocer gente parecida a mí. Y lo hice. Era un lugar enorme y loco”, le dijo a SongTalk en 1993. “Amo los hoteles en los que, a las 4 de la mañana, puedes llevar un enano, un oso y cuatro mujeres a tu habitación y a nadie le importa”.

El cuarto en cuestión no era mucho en realidad. Una sola bombilla iluminaba una cama frágil, una lastimera televisión en blanco y negro, un calefactor para cocinar la cena y poco más. Un lavamanos proveía agua oxidada, cuando deseaba funcionar.

Cohen en Nueva York, 1968. “Ella no me buscaba a mí, estaba buscando a Kris Kristofferson”, diría sobre cómo conoció a Joplin. Roz Kelly/Getty

Fue bajo estas decrépitas condiciones en las que se encontraba Cohen tarde en una noche de la primavera de 1968. Pesándole fuertemente en la mente la baja apreciación de su música, decidió salir a caminar para limpiar sus pensamientos. “Era una tarde sombría en la ciudad de Nueva York”, recordó luego en un concierto. Primero paró en Bronco Burguer, un sucio restaurante local. “Me comí una hamburguesa con queso; no ayudó en nada”, dijo con humor lacónico. Luego se dirigió a la White Horse Tavern, un bar icónico en Greenwich Village que habían favorecido generaciones de escritores y librepensadores. “Fui a la White Horse Tavern buscando a Dylan Thomas, pero Dylan Thomas estaba muerto”.

No habiendo podido animarse, Cohen regresó al Chelsea alrededor de las 3 de la mañana. Cruzó su famoso lobby, atiborrado con una colección ecléctica de pinturas entregadas por sus dueños a cambio de dinero para la renta, hasta el ascensor —chirriante, inusualmente apretado y al que se referían usualmente como el más lento de la ciudad—. Requería cierto ingenio hacerlo funcionar. “Era un experto manejando los botones de ese ascensor”, le dijo a la audiencia neoyorquina en 1988. “Es una de las pocas tecnologías que he logrado dominar realmente. La puerta se abrió. Yo entré. Puse mi dedo inmediatamente en el botón. Sin ninguna duda. En esos días era todo un maestro”.

Una vez adentro se le unió una mujer con el cabello salvaje y vestida de manera aún más excéntrica. Era la residente del cuarto 411, una cantante de 25 años venida de Port Arthur, Texas, llamada Janis Joplin. Ella y su banda, Big Brother and the Holding Company, estaban en la ciudad grabando su segundo álbum, que luego se llamó Cheap Thrills, en el mismo estudio de Columbia que se usó para Songs of Leonard Cohen.

Cohen de repente estaba menos solo y estaba muy intrigado. El lento paso del ascensor le dio algo de tiempo para lograr tener una conversación, que recrearía repetidamente en sus conciertos de los años siguientes.

“Mis pulmones reunieron mi valor”, recordaba en 1988. “Le dije ‘¿Buscas a alguien?’ Ella dijo ‘Sí, busco a Kris Kristofferson’”. Era obvio que Cohen no era el gran compositor de belleza ruda, pero se arriesgó de todos modos. “Le dije ‘Señorita, tiene suerte, yo soy Kris Kristofferson’. Eran tiempos generosos. Aunque ella sabía que yo era alguien más pequeño que Kris Kristofferson, nunca dijo nada. Una enorme generosidad prevalecía en esas terribles décadas”.

Para cuando el ascensor se detuvo en el cuarto piso, era claro para ambos que dormirían juntos. “Ella no me buscaba a mí, estaba buscando a Kris Kristofferson; yo no la buscaba, estaba buscando a Brigitte Bardot. Pero caímos en los brazos del otro como por una especie de proceso de eliminación”.

Su aventura había terminado con la luz del sol y solo se volverían a ver en un par de ocasiones luego de todo. “La última vez que la vi fue en la 23rd Street”, recordaba Cohen. “Me dijo ‘Hey viejo, ¿estás en la ciudad para leerle poesía a las viejitas?’ Así es como ella veía mi carrera”. Joplin murió el 4 de octubre de 1970, por una sobredosis de heroína. Unos días antes de su muerte había grabado Me and Bobby McGee escrita por Kristofferson, que se convertiría en su única canción Número Uno.

Cohen estaba conmocionado por la pérdida de su colega musical y su enamorada de una sola noche. “Me entristeció su muerte”, le dijo a Sounds U.K. en 1976. “No porque alguien muera, eso por sí solo no es terrible. Pero me gustaba mucho su trabajo; era tan buena que sientes que el catálogo que dejó tras de sí es muy breve. Hay cierto tipo de artistas que brillan con mucha fuerza por muy poco tiempo: los Rimbaud, los Shelley, Tim Buckley, gente por el estilo. Janis era una de ellos”.

Joplin actuando en The Fillmore East, 1968. “Ninguno me dio nada”, dijo alguna vez sobre sus romances con Cohen y Jim Morrison. Julie Snow/Michael Ochs Archives/Getty

En 1971, poco después de la muerte de la cantante, Cohen estaba sentado en el bar de un restaurante polinesio en Miami, tomando una “bebida particularmente letal y siniestra de coco”. Sus pensamientos lo llevaron a su fallecida amiga, y pronto las palabras empezaron a llenar su servilleta de cóctel.

I remember you well in the Chelsea Hotel

You were talking so brave and so free

Giving me head on the unmade bed

While the limousines wait in the street

[Te recuerdo bien en el Chelsea Hotel

Hablabas de manera tan valiente y libre

Mamándomela en una cama sin tender

Mientras las limosinas esperaban en la calle]

Se ensambló lentamente. Cohen recibió ayuda de su guitarrista y jefe de banda Ron Cornelius durante un vuelo transatlántico de Nashville a Irlanda. “Era cuando podías sentarte en la parte de atrás de los aviones y fumar”, le dijo Cornelius a la autora Sylvie Simmons para su libro I’m Your Man: The Life of Leonard Cohen. “Y la mejor parte de este vuelo de ocho horas y media fue que Leonard y yo nos sentamos allí a fumar y trabajar en la canción. Cuando llegamos finalmente a Shannon, estaba hecha”.

La llamaron simplemente Chelsea Hotel. La canción tuvo debuts intermitentes en vivo, pero la vena perfeccionista de Cohen lo mantuvo jugando con la letra. Luego ese año, durante una visita a Asmara, Etiopia, se retiró a un lugar más profundo de sus recuerdos.

I remember you well in the Chelsea Hotel

You were famous, your heart was a legend

You told me again you preferred handsome men

But for me you would make an exception

And clenching your fist for the ones like us

Who are oppressed by the figures of beauty

You fixed yourself, you said, “Well, never mind

We are ugly but we have the music”

[Te recuerdo bien en el Chelsea Hotel

Eras famosa, tu corazón era una leyenda

Me dijiste de nuevo que preferías a los hombres apuestos

Pero que por mí harías una excepción

Y apretando el puño por aquellos como nosotros

Que están oprimidos por los ideales de belleza

Te arreglaste y dijiste “Bueno, no importa…

Somos feos pero tenemos la música”].

El verso transformó la canción. Logró reanimar el fuego y hielo en la psiquis de Joplin —su fuerte bravuconería y su inseguridad vulnerable— y le dio un grito de batalla universal a los desadaptados solitarios de todo el mundo. Cohen tituló el apasionado tributo como Chelsea Hotel No. 2 para distinguirlo de su versión anterior.

Cohen estrenó la canción el 23 de marzo de 1972 durante el tercer show de su residencia en el Royal Albert Hall de Londres. Se convirtió en una canción regular de sus conciertos antes de que se comprometiera a pulirla durante las sesiones de New Skin For the Old Ceremony de 1974.

Aunque dio a entender que la canción era sobre “una cantante norteamericana que murió hace poco”, en las notas de su álbum de grandes éxitos en 1975, Cohen reveló a la musa de la canción por primera vez durante un concierto en Montreux, Suiza, el 25 de mayo de 1976. Rápidamente eso se convirtió en parte del atractivo de la canción. “A ella no le hubiera importado. A mi madre le hubiera importado”, dijo en ese momento.

Sin embargo, con el transcurso de los años, empezó a sentir remordimiento por revelarlo. “Fue la única indiscreción, en mi vida profesional, que lamento profundamente”, le dijo a la BBC en 1994. “Porque asocié el nombre de una mujer con una canción, y en la canción mencionaba la línea ‘Mamándomela en una cama sin tender mientras las limosinas esperaban en la calle’, y siempre me ha disgustado la aproximación chismosa a ese tipo de asuntos. Nunca he hablado en ningún término concreto de una mujer con la que haya tenido relaciones íntimas, y mencioné a Janis Joplin en esa canción. No sé cuándo comenzó, pero conecté su nombre con la canción, y me he estado sintiendo muy mal desde entonces. Es una indiscreción que lamento mucho y, si hay alguna manera de disculparme con su fantasma, quiero pedir perdón, por haber sido indiscreto”.

Quizás hubiera aliviado su conciencia saber que Joplin también habló de su breve aventura, en términos menos que elogiosos. “Vivo de manera muy libre. Ya sabes, acostándome con extraños y eso”, admitió en una entrevista de 1969 que luego fue publicada en el libro The Sixties de Richard Avedon y Doon Arbus. “A veces estás con alguien y estás convencida de que tiene algo que decirte. Así es que quizás nada está pasando pero te sigues diciendo que algo está pasando, comunicación innata. ‘No está diciendo nada. Está malhumorado o algo’. Así es que te quedas allí, halando, dando, hablando. Y luego, de repente como a las cuatro de la mañana te das cuenta, de lleno, que este hijo de puta solo está ahí acostado. No está conmigo”.

“Quiero decir, eso me ha pasado. Muy pesado, como un golpe en la cara, pero sucedió. Dos veces. Jim Morrison y Leonard Cohen. Y es extraño porque son los únicos dos que puedo pensar, entre personas prominentes, con las que intenté… sin que me gustaran realmente, solo porque sabía quiénes eran y quería conocerlos. Y ninguno me dio nada. No sé qué signifique eso. Quizás solo quiera decir que estaban deprimidos”.

Ciertamente deprimido. Cohen no era conocido por ser la persona más feliz, pero la muerte de Joplin le sirvió para estar precavido por el resto de su vida. “Este es un negocio difícil desde muchos puntos de vista; porque los beneficios son grandes, las derrotas también. La vida es rigorosa y las invitaciones para dañarla son numerosas y frecuentes. ¿Yo? Yo soy tan precavido como puedo sin alardear. De cualquier modo soy muy viejo como para tener una muerte espectacular. Para mí el suicidarme o tener una sobredosis sería… indecoroso”.