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Así es una gira de costa a costa por Estados Unidos

Estos son los momentos más relevantes y curiosos de lo que es acompañar a los artistas en su trabajo
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Ilustración por Juan Felipe Murillo

El año pasado, en un mundo donde aún no existía la COVID-19 ni donde las pandemias amenazaban con acabar la industria del entretenimiento, trabajé como parte del equipo de producción de una gira de 33 conciertos durante dos meses. Desde Los Ángeles, pasando por Texas, Colorado, Connecticut y Nueva York, mientras acompañaba a 311, The Interrupters, Bikini Trill, Dirty Heads y Dreamers, las bandas que hacían parte del tour. 

Las giras son esas series interminables de conciertos donde los artistas demuestran de qué están hechos cada noche mientras recorren el mundo haciendo lo que más les gusta, y de seguro esta es una de las cosas que más envidia la gente. Pero no todo son lujos, tranquilidad y conocer ciudades, al menos no para los mortales que hemos trabajado para que esas giras sean posibles. Las largas jornadas de trabajo, no poder bañarse en dos o tres días y quedarse en hoteles embrujados le dan cierto grado de dificultad a la labor, pero sin duda es algo que vale la pena.

29 de junio de 2019, Los Ángeles, California

Son las nueve de la mañana y con mis compañeros de trabajo Josh, Jake y Red terminamos de empacar las 72 cajas con mercancía en el tráiler que va enganchado al bus donde pasaremos los próximos dos meses rodando por todos los Estados Unidos, mientras hacemos parte de la gira 311 & Dirty Heads Summer Tour. Nuestras tareas para ese período suenan muy sencillas: vender la mercancía en cada concierto, generar contenido para las redes sociales de los Dirty Heads, tomar fotografías y producir el podcast de Duddy Bushnell, el vocalista de la banda. 

Una vez subimos todos los equipos de producción y equipaje, nuestro primer conductor de esta travesía enciende los motores del autobús y nos preparamos para un viaje de 72 horas desde Los Ángeles hasta la primera parada de la gira en Huber Heights, Ohio. A pocos minutos de haber arrancado, mis compañeros y yo escogimos los camarotes, ese pequeño espacio de un metro de ancho por casi dos de largo y unos 60 centímetros de alto, que a plena vista parece que lo que vamos a vivir es una simulación de lo que se sentiría estar en un ataúd. Pero este humilde sitio cubierto por una cortina será el único lugar donde se podrá tener un poco de privacidad en caso de no querer estar con las otras cinco personas en las áreas comunes del bus.

Hay tres reglas básicas de convivencia en los buses. Primero, no utilizar el baño del bus (si es una emergencia las necesidades se harán en una bolsa o se realizará una parada de emergencia). Segundo, nunca abras un camarote que tenga la cortina cerrada. Tercero, limpia todo tu desorden y no dejes ningún zapato en el pasillo. Siguiendo todas estas reglas al pie de la letra es como se logra la armonía perfecta con las demás personas. 

2 de Julio de 2019, Dayton, Ohio

Luego de habernos varado al segundo día y esperar 12 horas a que llegara el bus de reemplazo, por fin llegamos a Ohio. Allí nos encontramos con el otro bus donde están los integrantes de los Dirty Heads y la caravana de cuatro tractomulas, tres buses y dos camionetas con tráiler que componen el resto de la gira. 

Tenemos un contratiempo de unas cinco horas de diferencia debido a nuestro imprevisto en el desierto de Arizona. Tenemos dos horas para montar el puesto donde venderemos la mercancía, organizarla, y tomar fotos del primer show de la banda. Esta agrupación mezcla sonidos de reggae con lo mejor del hip hop, las rimas de Jared Watson se fusionan con los coros y las guitarras de Duddy B, las poderosas líneas de bajo de David Foral y las baterías y percusiones de Matt Ochoa y Jon Olazabal.

Los Dirty Heads publicaron su séptimo álbum de estudio Super Moon a finales de 2019. Martín Toro

Vivir en un bus puede llegar a desconcertar un poco al cerebro. Es curioso dormir siempre en el mismo lugar y levantarse todos los días en un sitio distinto. Cada vez que amanece, por lo general, debemos buscar dónde quedan las duchas (si es que las hay), el casino donde recibiremos las tres comidas del día, preguntarle al personal de seguridad del anfiteatro local en qué lugares podemos montar nuestra tienda, buscar las fuentes de poder, y revisar el horario de las pruebas de sonido y la presentación de cada banda. Sin duda, el orden es primordial para poder realizar todas las tareas sin ningún problema.

Cada día nos levantamos a las ocho de la mañana y terminamos nuestras labores a eso de las 11 de la noche, pero luego de eso hay que editar el material, organizarlo y prepararse para las próximas 24 horas. Uno termina conciliando el sueño a las dos o tres de la mañana. Eso sin contar los buenos torneos de tenis de mesa con los integrantes de The Interrupters y su equipo, cosa que retrasa los deberes de vez en cuando.

Jesse Bivona y Justin Bivona de The Interrupters durante su presentación en Red Rocks Amphitheatre. Martín Toro

9 de julio de 2019, Denver, Colorado

 Uno de los momentos más especiales de toda la gira fue en Red Rocks Amphitheatre. Este es uno de los lugares más icónicos en los que se puede tocar en Estados Unidos, allí estuvieron los Beatles en 1964, The Grateful Dead grabó un álbum en vivo en 1978, U2 tuvo una icónica presentación en 1983, entre muchos más. Lo más importante para cada banda que toca en este sitio es la inmortalización que se les otorga al quedar grabados en una placa que se encuentra en uno de los pasillos del lugar. Estos pasillos son túneles que fueron cavados de la roca misma, y se dice que este anfiteatro es uno de los sitios con mejor acústica del planeta.

Costado izquierdo de Red Rocks Amphitheatre. Martín Toro

Una de las estrellas de la noche fue 311. Esta banda lleva desde comienzos de los noventa mezclando el reggae con el hip hop y el metal, creando así una amalgama de buenas melodías con poderosos riffs de guitarra. Desde hace más de veinte años realizan una gira anual por todo Estados Unidos. La agrupación visita la mayoría de los anfiteatros del país y tiene invitados especiales para cada ocasión. Debido a que la vida de los integrantes de la banda está basada en andar de costa a costa, se rumora que han gastado cientos de miles de dólares personalizando y engallando su autobús. 

311 es un poco misteriosa en su día a día, raramente se les ve deambulando por ahí. Por lo general, Las pocas veces que los he visto y he podido interactuar con ellos, ha sido durante las horas de servicio en los casinos. El resto del día, la agrupación se la pasa en su lujoso bus o en el gimnasio que montan cada día en alguno de los camerinos. 

El ambiente durante las horas previas al concierto no es tenso pero todo el mundo va de un lado a otro mientras hace sus tareas, y por lo general no tienen mucho tiempo para detenerse a hablar. Los ingenieros de sonido están ocupados haciendo pruebas, los de iluminación se encargan de montar todos los sets de luces y láseres para el show, los de mercancía cuentan los productos para vender mientras los artistas repasan algunas canciones, asisten a ruedas de prensa de medios locales y atienden a los fans.

Aunque un show en Red Rocks puede poner nervioso incluso al artista más experimentado, no solo por la importancia del lugar, sino por la altura en la que está ubicado el anfiteatro. Denver, Colorado queda a 1.600 metros sobre el nivel del mar, y varios de los músicos que se presentan en este lugar han tenido que ponerse máscaras con oxígeno para recuperar el aliento. Al caminar por los camerinos algunos de los músicos tienen puestos las mascarillas pero se les ve más que decididos para dar el mejor show. Es evidente la emoción que causa en todos tocar en este lugar, el público sin lugar a dudas es uno de los más increíbles que se puede encontrar y aplauden a todos los artistas con el mismo entusiasmo.

311 en Burgettstown, Pennsylvania. Martín Toro

Al estar de gira es posible llegar a conocer ciertos lugares peculiares de varias ciudades, sobretodo en los días de descanso. Luego de varios shows de corrido, llegan los tan esperados días libres. Allí uno puede relajarse, levantarse tarde, recorrer la ciudad donde y tener el lujo de hospedarse en un hotel, en lugar de tener que dormir en el bus. Hasta ese punto todo suena bien, todo parece increíble, hasta que te enteras que el hotel donde estarás es uno de los más embrujados de Estados Unidos.

15 de julio de 2019, Providence, Rhode Island

Llegamos a esta bella ciudad ubicada en el noreste del país, en donde sus increíbles canales trazan las calles, el acento de Nueva Inglaterra está presente en todos los lugareños y la pizza y los bagels son las comidas más icónicas del lugar. Son las 10 de la mañana y tras caminar unas tres cuadras desde el bus, entramos al hotel Biltmore. Un viejo edificio construido en 1922 con una lujosa recepción, grandes pasillos, y una oscura historia detrás de todo esto. En el sótano del hotel, durante la prohibición, los dueños montaron un bar clandestino. Allí se llevó a cabo el asesinato de más de cinco personas en el que estuvieron involucrados agentes de la policía y el alcalde de la ciudad. En 1929, una persona se lanzó desde el piso 14 y se han reportado avistamientos paranormales dentro del predio. 

Recibimos las tarjetas de entrada a nuestra habitación y resultó ser la 1402, ubicada en el piso 14 del hotel. Claramente para este momento no teníamos idea del oscuro pasado del lugar, hasta que uno de los miembros de los Dirty Heads lo mencionó a la hora del almuerzo. Dos de mis compañeros se asustaron tanto que decidieron seguir durmiendo en el bus durante los tres días que estuvimos en la ciudad. Por otro lado, Josh y yo tuvimos el coraje de quedarnos en la habitación, no porque fuéramos valientes, sino porque había dos camas tamaño King y los fantasmas del hotel no nos impedirían tener un par de noches donde podríamos dormir sin tener el miedo de caernos al pasillo por lo angostas que son las camas sobre ruedas.

El segundo día a media noche, decidimos recorrer el hotel y sacar nuestras cámaras fotográficas para ver si podíamos detectar actividad paranormal. No logramos ver ningún espectro, pero sí retratamos algunos sitios que son dignos de una película de terror. Lamentablemente, Josh y yo nos fuimos los primeros en sentirnos inspirados por la tenebrosa estética del hotel. Stephen King le dio vida al Overlook Hotel de su libro El resplandor luego de visitar este lugar, así como también lo hizo el escritor Robert Bloch con su obra Bates Motel.

Entrada a los ascensores en el Biltmore. Martín Toro

20 de agosto de 2019, Salt Lake City, Utah

Los ánimos son los mismos que los del primer día, pero la nostalgia invade el lugar, sabemos que será posiblemente la última vez que nos veamos. Las agrupaciones siguen dándolo todo en el escenario y los Interrupters se preparan para volver a casa por un día para después salir a una nueva gira por Europa y el Reino Unido. 

Luego de dos meses en la carretera, por fin regresamos a la soleada California, y para mí es tiempo de volver a Colombia. Puedo decir que todo el esfuerzo que implica ser parte de uno de estos grandes eventos vale la pena a fin de cuentas. Conocer la inmensidad de Estados Unidos, convivir con excelentes músicos, roadies, ingenieros es una oportunidad que pocos tienen, pero para mí es más importante poder considerarlos mis amigos luego de esta experiencia.

Los contratiempos y tener que adaptarse a las adversidades sin lugar a dudas son lecciones que perdurarán por siempre. Vivir de la música, la fotografía y el arte es difícil, pero este tipo de vivencias le otorgan un poco de sentido a la vida a quienes realmente nos apasionamos por esto.

Martín Toro