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Aterciopelados sobre reconectarse con la naturaleza y el coronavirus

Hablamos con Héctor Buitrago del nuevo video de Soñemos un bosque, sus reflexiones en medio del confinamiento y el porqué es importante visualizar el mundo al que saldremos
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Soñemos un bosque hace parte del álbum Claroscura, el último estreno discográfico de Aterciopelados.

Fotografía por Felipe Santana

Sumergidos bajo el agua, amenizados por el canto de las ranas y el movimiento de los árboles y rodeados por cuatro ofrendas y cuatro seres junto a Andrea Echeverri y Héctor Buitrago; así comienza la experiencia 360° de Soñemos un bosque de Aterciopelados. 

Su nuevo video en realidad virtual es una búsqueda y un acercamiento a la reconexión con la naturaleza. Cantando y bailando en el Páramo de Matarredondo, la Laguna de Teusacá y la Quebrada Las Delicias, Aterciopelados quiere recobrar poderes que la humanidad ha perdido en medio de la modernidad y las costumbres citadinas. 

“En Soñemos un bosque llegamos a un mundo mágico y salimos de la realidad, porque hemos perdido intuiciones y las maneras de sentir los ciclos naturales”, cuenta Héctor. “Un campesino sabe cuándo va a llover, cuándo sembrar, en qué luna estamos, si estamos en solsticio… ahora no lo experimentamos. Y en la medida que uno se reconecta con esos ciclos, sí se recuperan ciertos poderes”. 

De la mano de la productora 4Direcciones Audiovisual (quienes también grabaron Florecita rockera hace 25 años), el dueto retrató y ofrendó a esos “seres del bosque”; un homenaje alrededor de la flora y la fauna y su sentido onírico y mágico. A lo largo del video, al ritmo de una melodía andina y la profunda voz de Andrea, se puede apreciar nuestra riqueza natural, antes de que la cámara subjetiva se vuelva a sumergir en el agua, la tierra y sus raíces hasta desaparecer. “Pasamos a otra dimensión, a un mundo mágico, y luego regresamos a la realidad”, lo describe Héctor. 

El clip de Soñemos un bosque, una de las canciones de su último álbum Claroscura, cae en un momento de reflexión y de quietud, donde desaprender es una de las claves. “Es una situación compleja, pero puede ser una transición a tener una relación más armónica con la naturaleza”, dice. “Y la gente ve el video y le dan ganas de vivirlo. El día antes de la cuarentena, llegaba de Florencia, Caquetá, de una reserva donde había 100 nacimientos de agua. Y llegué a Bogotá a meterme a un apartamento. Entonces, aquí no vale ninguna multinacional, ninguna compañía, nada tiene valor en este momento. Pero ese lugar, con árboles frutales, es lo que sí vale. El video ha movido la consciencia de las personas”. 

El video de Soñemos un bosque se grabó en el Páramo de Matarredondo, la Laguna de Teusacá y la Quebrada Las Delicias. Fotografía por Felipe Santana.

Junto a Canto al Agua, Aterciopelados también participó en la meditación global de la comunidad para la naturaleza el pasado 21 de marzo, el Día Mundial del Agua. “Son momentos complejos, pero hay que valorar lo importante y mantener la frecuencia en alto. Visualicemos el mundo al que queremos salir, con actitud proactiva y propositiva”, aconseja Héctor. Una recomendación que vale (y valdrá) oro, mientras esperamos confinados y aislados del mundo exterior.