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Fotografías por David LaChapelle

Bailando en la oscuridad

Dua Lipa ignoró las modas, se convirtió en una “mujer alfa” y entregó el clásico de disco moderno que no sabíamos que necesitábamos

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Estábamos junto a un meteorito de 15 toneladas cuando Dua Lipa pensó que, por primera vez en meses, su vida era lo más parecido a lo que sería si la pandemia del coronavirus jamás hubiera sucedido. Eso no quiere decir que su día, que incluye despertar en el lujoso Bowery Hotel en Manhattan, usar un top de seda negro como camisa, comer un postre en forma de huevo sobre un nido en un comedor privado del Hudson Yards, hacer una entrevista para los Grammy, y después del trabajo ir al Museo Americano de Historia Natural, lugar elegido por su leve conexión con el ambiente disco-espacio de su segundo álbum, Future Nostalgia, sea normal. Pero hasta hace más o menos una semana, debería haber estado en una gira de ocho meses para promocionar su álbum, en la que claramente no está.

Ahora estamos a mediados de diciembre, semana en la que la gira habría terminado y su vida habría vuelto a una versión pop de “normal”, haciendo cosas como las de hoy, incluso si las hace con  un tapabocas negro y entre una serie continua de pruebas de Covid-19. “Me hago la prueba con frecuencia”, me dijo antes, quitándose el tapabocas para comer.

Ciertamente no fue un año para llorar por el sufrimiento de las estrellas pop (sábanas y postres lujosos, y visitas VIP fuera del horario establecido). Pero para Lipa, la estrella pop de la era de la pandemia, los últimos nueve meses han sido un estudio sobre cómo no perder el impulso cuando el mundo está en una pausa. El año pasado, cuando regresó de Australia, encontró su apartamento de Londres inundado y los plomeros, como el resto de la ciudad, estaban en cuarentena. Estaba viviendo en una especie de Airbnb con una mini nevera (“Pensaba, ‘Esto no va a funcionar para una pandemia’”), y su novio Anwar Hadid (modelo y hermano de las supermodelos Gigi y Bella) cuando se supo que Future Nostalgia había sido filtrado. Mientras artistas como Lady Gaga y Sam Smith estaban pensando retrasar sus lanzamientos, las manos de Lipa estaban atadas: salió en vivo en Instagram para anunciar entre lágrimas que el estreno del álbum se adelantaba, justo en medio de una creciente crisis de salud global. Le preocupaba que fuera opacado por la historia mucho más grande que se desarrollaba y/o que esas canciones alegres, lanzadas en medio de una crisis mortal, podrían parecer inapropiadas para el momento. “Estaba aterrorizada”, comenta dando vueltas por el meteorito. “Pero al mismo tiempo, me preguntaba si esta podría ser una forma de escapismo para la gente’”.

Claro que lo fue. Mientras la cantante promocionaba el álbum desde el sofá de su Airbnb, Future Nostalgia se convirtió en el soundtrack de las fiestas de baile en solitario de todo el mundo. Quizá ninguno de nosotros sabía que esto era lo que queríamos escuchar en ese momento, pero Lipa nos mostró que sí. “Fue algo inesperado”, dice el colaborador Mark Ronson. “No creo que nadie esperaba que Dua nos diera el disco pop más cohesivo de 2020, pero tiene una cohesión sónica de la misma manera que Random Access Memories, The Suburbs o un disco de Frank Ocean; son discos que se hicieron para estar juntos, y que la gente los compre y los asimile así. Y llegó justo en el momento del encierro.

FOTOGRAFÍAS POR DAVID LACHAPELLE, PRODUCIDO POR COLEEN HAYNES EN MAAVVEN. PRODUCCIÓN EJECUTIVA POR CREATIVE EXCHANGE AGENCY. CABELLO POR CHRIS APPLETON, MAQUILLAJE POR SAMANTHA LAU, STYLING POR LORENZO POSOCCO. PÁGINA ANTERIOR: TOP DE PACO RABANNE. PÁGINA OPUESTA: VESTIDO DE MARC JACOBS, ANILLOS DE VRAM.

La semana del debut del álbum, Lipa fue la artista femenina más escuchada en Spotify, y la tercera artista más escuchada del planeta. Frases como: “Don’t show up/Don’t come out” y “I should have stayed at home”, se convirtieron en memes de cuarentena. Fue nominada a seis Grammy, incluyendo Álbum del año, Canción del año y Mejor interpretación de solista pop. Como Miley Cyrus dijo, específicamente sobre Future Nostalgia, pero también expresando inadvertidamente la conciencia colectiva de 2020: “¡Necesito una puta fiesta para bailar!”.

De repente, atrapada en “casa” con Hadid, meses antes de ver un equipo de estilistas para una presentación de Saturday Night Live o incluso sus propios muebles, Lipa se convirtió en una de las mujeres más poderosas en la industria del pop. “Es una locura”, dice ahora, hablando del meteorito real, pero también incluyendo inadvertidamente su propio ascenso meteórico. “Quiero decir, no pensé que sería así”. La pregunta era, ¿qué carajos hacer al respecto?

Es justo decir que incluso en un mundo sin Covid-19, el éxito de Future Nostalgia no era algo que se esperaba. Pero también es justo decir que Lipa no deja las cosas al azar. Ciertamente no cuando, de adolescente, comenzó a grabarse cantando covers en el “estudio” de la habitación del novio de su amiga. Ciertamente no cuando llevó ese “portafolio”, como le dice ella, a clubes londinenses como KOKO, donde pensaba que gente de la industria de la música podría estar para presentarles esos covers. Ciertamente no cuando la reclutaron en Topshop y firmó con una agencia de modelos, aunque no tenía ninguna intención de serlo. “Esa fue otra cosa que pensé que quizá podría ayudarme a salir de ahí”. Y lo hizo: Su agencia le consiguió un trabajo cantando para un comercial del Factor X, donde le presentaron a un productor que había trabajado con Ed Sheeran y One Direction. Eso llevó a una oferta de un contrato editorial (“Me emocioné, pero no tenía idea de lo que significaba”) y finalmente a su mánager, Ben Mawson, quien la firmó con Warner.

Así comenzaron varios años de sacar singles y ver qué pegaba. Dejó su trabajo en un restaurante llamado La Bodega Negra, pero lo hizo educadamente, asumiendo que quizá tendría que volver: “Pensaba que no era seguro. Sentía que tenía demasiado por demostrar”. Se distinguió por su ética de trabajo. “La he visto bajar de un avión y llegar a una sesión doble”, dice el productor Stephen “Koz” Kozmeniuk. “Eso no es normal. El ser puesta en una habitación con un montón de personas para escribir una canción en tres horas es súper intimidante, pero ella era imparable”.

Lipa dice que su debut en 2017 fue un ejercicio para encontrar su sonido. “Fue una amalgama de diferentes géneros que me apasionan, y de descubrirme a mí misma y a mi estilo de composición”, me cuenta. El álbum mostró la belleza de la voz ahumada de Lipa y le dio un Grammy, pero a pesar de sus placeres obvios, carecía de una identidad propia de la cantante. Y sus presentaciones en vivo tampoco necesariamente la ayudaron a forjar una. Un comentario de YouTube sobre su aparición en los BRIT Awards 2018 (“Me encanta su falta de energía. Sigue así, chica, no hagas nada”) se convirtió en un meme de Twitter.

Aun así, el sencillo New Rules llegó a ser el himno omnipresente de ruptura del momento, enumerando todas las cosas que uno no debe hacer con alguien que te acaba de romper el corazón (porque, por supuesto, “Si estás debajo de él, no lo superarás”). La canción fue multiplatino, impulsada por el éxito de su video, en el que mujeres jóvenes y estoicas se recuerdan mutuamente las reglas de ruptura mientras pasean por los pasillos del hotel en donde tienen una pijamada y se peinan entre sí.

Presentó una visión de la solidaridad femenina que surgió como una temática para Lipa, y que apareció en videos como IDGAF (poblado por un ejército de mujeres con trajes) y Blow Your Mind (Mwah) (en la que un grupo de mujeres proyecta sensibilidad mutua y, en un momento, iza carteles en los que se leen “Dua para presidenta” y “Sí te puedes sentar con nosotras”). Más que ofrecer #SquadGoals, los videos ofrecían una visión de un feminismo tan arraigado que está implícito. Tres meses después de que el video de New Rules saliera, el escándalo de Harvey Weinstein estalló y el movimiento #MeToo explotó. De repente, el que mujeres jóvenes se peinaran mutuamente, al menos dentro de los parámetros del pop, parecía una especie de acto político, y Lipa ya lo había intuido. “Fue una decisión inconsciente”, dice sobre el tema de la solidaridad. “Pensé: ‘Esto es lo que es, así es como hablamos con mis amigas’”.


 “Comienzo con una falsa sensación de confianza, y luego entre más lo canto y más lo entrego al mundo, más siento que lo vivo, respiro y encarno”.


Y Lipa siguió hablando y señalando las incoherencias de cómo los hombres y las mujeres son tratados en la industria de la música. Denunció el comentario de 2018 del presidente de la Recording Academy, Neil Portnow, de que las artistas femeninas necesitaban “mejorar”, al comentar causalmente en su discurso de aceptación al Grammy como Mejor artista nueva de 2019: “Supongo que este año realmente mejoramos”. Cuando fue castigada por asistir a la afterparty de los Grammy 2020 de Lizzo en un club de striptease en Los Ángeles, no solo se defendió a sí misma, sino a las mujeres en general. “Pienso que, si eres feminista, debes apoyar a las mujeres en todos los campos del trabajo. Tenemos que apoyar a las trabajadoras sexuales, tenemos que creer que ese [trabajo] es su elección y su derecho. Parece bastante hipócrita que la gente elija cómo apoyar a las mujeres y cuándo parece más conveniente. Esa es otra forma de misoginia que realmente deriva de la mirada masculina”.

De hecho, cautivado por la belleza natural que se exhibe en el museo, menciono casualmente la belleza de Lipa, que la forma en que se ve “tal vez tuvo cierto poder”. Se queda callada por un momento y luego me da una respuesta genérica sobre sentirse mejor cuando se cuida bien. Luego, cautelosamente vuelvo a encaminar la conversación.

La mayoría de las estrellas del pop tratan de cuidar la forma en que son percibidas, incluso fuera del escenario parecen querer ser vistos y adorados como seres extraordinarios. Aparentemente este no es el caso de Dua. En el paisaje pop, y especialmente en persona, ella parece increíblemente aterrizada. “Obviamente parece una estrella legendaria del pop, pero no hay nada valioso en ello”, dice Ronson, quien sabe una o dos cosas sobre estrellas valiosas del pop. “Hay una falta de pretensión o algo así”. Durante el almuerzo, Lipa fue cálida y amable, no solo conmigo, sino con todos los que estábamos allí, desde los meseros hasta el nervioso joven pastelero que la llevó (con tapabocas) a la cocina para demostrar la compleja construcción de su huevo dorado. Me preguntó sobre mis hijos y nuestra experiencia con la pandemia (poco usual en este tipo de encuentros) y respondió pensativa a lo que dije, todo con un aire de calma, como un alma sabia y vieja atrapada de manera implacable en el cuerpo de una joven de 25 años. “No tengo dos personalidades, ni un alter ego en el escenario”, me dijo. “Nunca he tenido ese problema, el descubrir qué personaje seré hoy o el papel que quiero asumir. Para mí es difícil inventar historias”.

¿Y por qué lo haría? Cuando le pregunté si las caricias con Miley Cyrus en el video de Prisoner fueron parte de una muy buena actuación o de algún tipo de mensaje sobre su sexualidad, simplemente se encogió de hombros y dijo: “Fue un momento muy real”. También habló casualmente sobre su relación con Hadid (“Estoy muy cómoda en la relación, más que cualquier otra”) y sobre el tiempo que pasó en su granja familiar en Pensilvania este año: “Despertaba como a las 9:00 AM, me bañaba, desayunaba algo, sacaba al perro a pasear, quizá hacía algo de yoga, preparaba el almuerzo, pasaba el rato, veía una película y jugaba con los animales”, que incluyen vacas, cabras y los caballos que está aprendiendo a montar (“Puedo hacerlo despacio; no soy muy buena”). La Navidad pasada, le regaló a Hadid dos cabras pigmeas, Funky y Bam-Bam, que según ella son excelentes mascotas. “Puedes dejarlos entrar”, dice maravillada. “Les encantan los abrazos”.

Para una estrella de pop tan agradable, con animales de granja y todo, Lipa también ha demostrado ser extremadamente honesta sobre sus creencias políticas. Es abiertamente pro Palestina, ha apoyado al Partido Laborista en el Reino Unido y a Bernie Sanders en los Estados Unidos, incluso haciéndole una entrevista antes de las últimas elecciones “La gente en Internet me dice: ‘Cállate y canta. ¿Tú qué sabes? ¿Por qué te importa tanto?” Y ella responde: “Creo que la gente olvida lo pequeño que es nuestro mundo, y el hecho de que se está haciendo cada vez más pequeño todo el tiempo”.

Y lo sabe bien. Su familia es albanesa kosovar, refugiada de los conflictos en los Balcanes, y sus dos abuelos eran historiadores. “Mi abuelo por parte de padre estaba escribiendo libros sobre todo lo que pasaba”, explica. “Cuando ocurrió la posesión, las fuerzas serbias querían que reescribiera la historia. Se negó, y perdió su trabajo. Así que eso es parte de lo que soy en cuanto a mantenerme firme en las cosas en las que creo”.

A medida que las guerras aumentaban, los padres de Lipa dejaron la universidad (además de ser el cantante de una banda de rock llamada Oda, su padre estudiaba odontología y su madre estudiaba derecho) para mudarse a Londres, uniéndose a una comunidad de refugiados de Kosovo que se había fusionado en Camden para escapar de la violencia. Al igual que tantos inmigrantes, renunciaron a sus vidas profesionales para trabajar en bares y restaurantes, a menudo teniendo múltiples trabajos y estudiando por la noche. Lipa, cuyo nombre de pila significa “amor” en albanés, nació tres años después de su mudanza. A la edad de nueve años, comenzó a pasar sus sábados en la Sylvia Young Theatre School, a la que Rita Ora, Tom Fletcher y Amy Winehouse también asistieron. Después de algunas clases, un profesor de canto le pidió que se levantara y cantara. Después, puso a Lipa en una clase más avanzada, llena de adolescentes. “Estaba aterrorizada”, dice, “pero él fue la primera persona que me dijo que podía cantar”.

ARETES Y ANILLO DE JENNIFER FISHER.

Lipa creció sabiendo que aunque Londres era su lugar de nacimiento, no era realmente su hogar. “Con la situación de los refugiados, la gente no entiende que algunas personas no abandonarían su país a menos que fuera necesario”, explica. “El plan siempre fue volver a Kosovo”. Cuando tenía 11 años, su familia lo hizo, y esperaba finalmente encajar de una manera que sentía no había logrado en Londres. “Cuando llegué allí”, narra, “yo era la chica albanesa que hablaba albanés con acento inglés”. Eventualmente, hizo amigos y esos amigos la introdujeron al hip hop (su primer álbum fue Whoa, Nelly! de Nelly Furtado. “Y se convirtió en mi vida”, aunque su primer concierto fue Method Man y Redman). Pero ella anhelaba regresar a Londres, a las clases de música y sentía que sus mayores oportunidades estaban allí.

A los 15 años, persuadió a sus padres para que la dejaran mudarse con la hija de un amigo de la familia en Camden. Que pasara el resto de su adolescencia básicamente sin supervisión, comiendo pasta y recibiendo ordenes de limpiar su habitación a la distancia, es un testimonio del tipo de adolescente que era: una niña decidida cuyo único roce con la ley implicó lanzar burbujas desde un balcón a los transeúntes justo cuando pasaba un policía, y que le aseguró una calificación excelente en matemáticas a su mamá para que la dejara perforarse el ombligo. No era popular en el colegio, las chicas “no eran creídas, pero sí muy inglesas” y sus mejores amigas eran, y aún son, dos chicas que se le acercaron un día mientras estaba almorzando. “Ellas fueron las primeras en decir, ‘Sabemos que eres nueva, solo queríamos venir a saludar y pasar el rato’. Nunca las dejé ir”.

La solidaridad femenina llegó naturalmente a Lipa, pero el empoderamiento tomó tiempo. Su impulso en la música era escribir sobre sus emociones más profundas, pero era difícil entrar en un estudio y exponer sus vulnerabilidades ante un productor que había conocido minutos atrás. Aprendió a darle la vuelta a la emoción, y a imaginarse qué pasaría después. “Gran parte de mi música es basada en lo que deseo. Espero empoderar a las mujeres”, explica. Por ejemplo, el mantra motivacional que abre Future Nostalgia: “Quieres una canción atemporal, yo quiero cambiar el juego… Sé que no estás acostumbrado a una mujer alfa”. “Esas [palabras] no provienen de algo en lo que creo”, continúa. “Es más como que comienzo con una falsa sensación de confianza, y luego entre más lo canto y más lo entrego al mundo, más siento que lo vivo, respiro y encarno”.

Con su primer álbum tuvo la oportunidad de practicar esa encarnación: hizo 245 conciertos en su primera gira, un número que lleva tatuado con orgullo en la parte posterior de su brazo izquierdo. Cuando se reunió con Ronson en 2018 para hacer Electricity (que ganó un Grammy a la Mejor grabación de baile), “New Rules sonaba en cada club al que iba”, me comenta Ronson. “Tenía una vibra de líder sensata. Hay algo en Dua que es extremadamente poderoso, sientes que está viviendo su vida y exponiéndola para ti. Ella simplemente es una líder”.

A principios de 2018, en algún lugar de Las Vegas, la cantante estaba dando un paseo cuando, en un “momento de lucidez”, el título de su segundo álbum le llegó. “Solo tuve la sensación de querer que fuera muy reminiscente y nostálgico”, afirma. “Algo que hablara sobre la inspiración y la música que escuché toda mi vida” (Blondie, Prince, Moloko, Madonna), “pero también muy actual”. Le escribió a su mánager sobre la idea, y me dice que le encantó el nombre, así que le pidió que le dejara ir al estudio con eso y ver qué pasaba.

Eso fue precisamente lo que hizo, juntándose con viejos colaboradores como Koz, Sarah Hudson y Clarence Coffee Jr., trabajaron en Londres en Abbey Road Studios y fueron a los estudios Geejam de Jamaica en enero. “Llovió todas las dos semanas que estuvimos ahí”, dice Lipa entre risas. “Pero funcionó a nuestro favor, me preparó para escribir de nuevo, para saber sobre qué quería escribir y a dónde quería ir”.

En las sesiones, Lipa gravitaba hacia pistas hechas con sintetizadores analógicos en lugar de computadoras, que tenían imperfecciones e intencionalidad, y que parecían hechas a la medida en vez de algo que se pudiera repetir con facilidad. Para Koz, “se sentía como un proyecto de la vieja escuela”, como la forma en la que se hacía la música antes de que se convirtiera en una cuestión de “básicamente hacer pequeños bucles de música, usando las mismas bibliotecas de samples, guitarras y baterías”, una especie de sistema simplificado, que atribuye a ser “la razón por la que todo suena igual”. Y luego continúa: “Cuando consigues a alguien como Dua, que quiere rechazar ese sistema y hacer algo más ambicioso, es muy refrescante”.


“Hubo un punto en el que dije, ‘Quizá deba hacer una balada’. Pero eso no era lo que estaba sintiendo, así que pensé, ‘Es un disco divertido. Eso es lo que es'”.


Las sesiones a menudo comenzaban con Hudson leyendo cartas de tarot y Lipa mostrando las frases o temas que había acumulado desde la última vez que se vieron. Habló de manejar un carro en el espacio, imagen que finalmente resultó ser la portada del álbum, y también de “ser como Austin Powers, con esa clase de vibra sesentera y espacial”. Lipa se ríe: “Yo digo un montón de cosas estúpidas y al azar en las sesiones. Pero todos queríamos hablar de esto, de ese sentimiento intergaláctico de amor”.

Ayudó que la cantante estuviera en un lugar personal muy diferente al escribir este álbum. “Cuando estaba haciendo el primer álbum, mucho de lo que estaba pasando en mi vida era relacionado a rupturas”, explica. “Ahora me sentía tan feliz y las cosas iban tan bien, que me dije: ‘OK, necesito ser capaz de retratar este sentimiento de una manera en que no lo sienta cursi’. No sé por qué pensaba que cuando eres un artista pop y haces una canción feliz, de repente no es genial. Tuve que olvidar eso”. Y no pensó mucho en las baladas: “Hubo un punto en el que dije, ‘Quizá deba hacer una balada’. Pero eso no era lo que estaba sintiendo, así que pensé, ‘Es un disco divertido. Eso es lo que es’”.

El desafío, al menos al comienzo, era conseguir que otros entendieran lo que el disco era o debería ser. “Habíamos estado probando ideas y nada hacía clic”, dice Hudson. Entonces, en agosto de 2018, en los estudios Sarm en Notting Hill, “Dua pidió donas, y aunque no queríamos, las comimos todas. Nos dio un ataque de energía y ahí fue cuando Levitating nació”. Koz tocó la canción, Lipa comenzó a componer la melodía, y escribieron casi toda la canción en una nota de voz, incluyendo la palabra “sugarboo”, en homenaje al apodo que se tienen entre sí.

La canción era justamente lo que Lipa estaba tratando de lograr. Unos meses más tarde, después de una noche en una discoteca en Wyoming, los compositores Emily Warren, Ian Kirkpatrick y Caroline Ailin, el trío detrás de New Rules, escribió Don’t Start Now, que se convertiría en el primer sencillo de Future Nostalgia. El álbum hace referencia a Need You Tonight de INXS y a Your Woman de White Town, y también evoca a Olivia Newton-John y Eurythmics, mezclados con líneas de bajo más modernas, y la voz fuerte y segura de Lipa. De hecho, sonaba como algo que todavía no se había visto en el 2020. “Iba en contra de todo lo demás”, comenta Koz. “Parecía que esa música había estado escondida durante mucho tiempo. A lo que me refiero es que todos querían hacer beats de trap y llega Dua y les dice: ‘A la mierda eso, una canción debe hacerte bailar”.

Es posible que Lipa se hubiera quedado descansado en la granja, abrazando a las cabras pigmeas, y que Future Nostalgia siguiera poniendo a todo el mundo a bailar, pero esa no era su visión. A los pocos días del lanzamiento, y transmitiendo desde su apartamento arrendado, actuó en medio de una cuadrícula de bailarines y músicos para James Corden (con quien más tarde grabó “New Rules for Covid Dating”). Una semana después apareció en Jimmy Fallon (con quien más tarde grabó una parodia de Love Actually con distanciamiento social). Club Future Nostalgia, un remix de todo el álbum, salió en agosto, dando a los fans un álbum de discoteca en un año sin discotecas. Y después de perder la esperanza de que 2020 permitiera una gira, pasó gran parte de su tiempo con bailarines y otros músicos para crear Studio 2054, un espectáculo virtual en vivo que canalizó la extravagancia musical ochentera televisada, Solid Gold, y metafóricamente, fue oro puro: Cuando comenzó a finales de noviembre, más de 5 millones de personas lo vieron, estableciendo un récord de transmisión en vivo paga. Alrededor del minuto 62, Dua trajo de vuelta el movimiento de baile por el que fue ridiculizada. Esta vez, ella se adueñó de él.

La última vez que hablé con la cantante via Zoom (una semana después de nuestra reunión en Manhattan), fue el día después de su largamente esperada aparición en Saturday Night Live, primera vez que actuó para un público en vivo desde el lanzamiento de su álbum. Fue el último episodio de SNL de 2020.

TRAJE Y ZAPATOS DE MUGLER, ARETES DE BULGARI.

Y aunque 2020 pudo haber sido el año de Lipa, sin duda fue un año cruel, tan cruel que tal vez no solo fue su música la que atrajo, sino también la satisfacción de ver cómo una mujer muy talentosa y con los pies en la tierra se hacía cargo de su propio éxito, cuando tantas cosas parecían fuera de control. Ese es el sentido que le encuentro, al menos cuando Lipa me recuerda la pregunta que le había hecho antes, sobre el poder de su belleza.

“He estado pensando en eso casi a diario, y estaba un poco sorprendida”, dice, educada pero con firmeza. “Nunca he visto el ser bonita o hermosa como algún tipo de poder. Nunca ha sido algo con lo que me identifico y, sin ofenderte obviamente, me sentí un poco defraudada, porque no siento que he llegado a donde estoy por eso. Soy extremadamente trabajadora y decidida, y siento que esa es la razón por la que llegué a donde estoy, a través de mi trabajo duro y mi impulso, y solo quería dejar eso claro porque le he dado muchas vueltas”.

En el momento de silencio que le siguió, mi feminismo intentó ignorarlo. Me siento tentado a señalar que más de una cosa puede ser verdad, que un efecto puede tener muchas causas, y que yo solo quería medir su propia percepción sobre un rasgo en particular. Pero luego pienso en todos esos conciertos, todas esas veces cantando las letras que había escrito para convencerse de su propia fuerza. Pienso en ella en todas esas sesiones, tratando de ir contra la corriente, y en lo que su sentido de identidad significaba en cuanto a su capacidad de lograrlo. A veces pienso que el empoderamiento es una cuestión de voluntad. A veces el feminismo debe ser explícito.

Así que me disculpé sinceramente, y ella, por supuesto, fue tan amable como siempre. Justo antes de colgar por última vez, pregunto lo que es obvio: si el proceso de autoconvencimiento del empoderamiento terminó. “¿Sientes que ahora eres una mujer alfa? ¿Has interiorizado eso?”. “Sí, lo he interiorizado”, dice sin dudarlo. “Me siento bien”.