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BAIUCA: el gallego que embrujó a Bogotá para encantarla con su música tradicional y electrónica

El intérprete, originario de Galicia, enamoró a los ‘rolos’ durante su presentación en el Bogotá Music Market
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El gallego se presentó en el escenario del Jorge Eliécer Gaitán en una noche que hizo bailar a los bogotanos.

BAIUCA

En un mundo donde la pelea por encontrar un lugar dentro de la industria cultural parece despojar a los artistas de sus raíces, el gallego BAIUCA nos recuerda la importancia de nutrir nuestra relación con aquello que nos formó: nuestra música, nuestra literatura y nuestros cantos. El músico visitó la fría Bogotá para contagiarla con su fusión de ritmos tradicionales y  lo mejor de lo contemporáneo o vanguardista. 

De igual forma, conversó con Rolling Stone sobre sus inicios, cómo encuentra inspiración en la literatura y su visita a Colombia.

¿Cómo su música de la infancia o adolescencia lo impulsaron a seguir este camino en el arte?

Galicia es un sitio donde abunda la música tradicional, pues allí está muy viva. Así como en muchos lugares de España se está perdiendo la costumbre de escucharla, en Galicia está muy viva porque la gente la baila y disfruta tocándola… desde pequeño uno tiene la oportunidad de aprender sobre estos ritmos, por lo que di mis primeros pasos con la gaita, un instrumento que me adentró en este mundo cuando tenía 10 años o un poco menos.

Ahora, en mi casa siempre había muchos discos de música tradicional y no sé… me gustaba todo eso, me apuntaron en algunas clases y empecé a tocar. Así fue mi vida hasta que llegué al instituto, empezando a experimentar con la gaita, el clarinete, entre otros instrumentos. Pero cuando llega la adolescencia me sentía un poco desconectado de mis compañeros de clase, quienes escuchaban temas un poco más actuales, entonces abandoné lo que estaba haciendo y exploré otros sonidos. 

Justo en esta etapa de desconexión, me pilló la explosión Indie, por lo cual escuchaba a los Strokes, los Killers (era muy fan de Brandon Flowers), entre otros. Fui ahondando en este tema y me topé con la electrónica y gracias a ella me di cuenta que me gustaba toda esta onda de los sintetizadores y cajas de ritmos, ya sea pop o cualquier otro género.

Antes de llegar a su álbum debut bajo el alias ‘BAIUCA’ estuvo su proyecto artístico: Alex Casanova, el cual seguía una onda más electropop y ochentera: ¿Cómo surge aquella transición sonora del electropop a su exploración del folklore gallego en BAIUCA?

Para llegar a Baiuca el siguiente paso fue darme cuenta de que quería unir la parte de mi infancia o tradición, con todo ese universo que fui viviendo después, sobretodo noté que empecé a encontrar proyectos de Latinoamérica que también andaban explorando todos estos mundos como: Nicola Cruz, Chancha Via Circuito, en fin… Ellos me sirvieron de inspiración para decir “vale, creo que yo podría hacer esto con mi tierra, con Galicia”.

¿Cómo fue ese primer acercamiento a la tarea de producir música?

Yo empecé con FruityLoops, aunque antes tenía un programa para hacer partituras de guitarra, gracias a él me di cuenta que podía escribir la música allí para que pudiera ‘sonar’ en mi ordenador. Luego simplemente fui dando pasitos para encontrar programas mejores y así. Aunque honestamente todo fue un proceso muy orgánico y autodidacta.

Fueron años de divertirme y hacer cosas libremente, uno no tiene la necesidad de empezar a crear música y luego decir “en un año tengo que estar produciendo algo más profesional”… yo no tenía esa intuición, pero sí tenía ganas de dar con algo que me inspirara en un futuro y me sirviera para dedicarme a ello, pues fue un sueño que siempre tuve.

¿Cómo fue ese proceso de idear el álbum debut de BAIUCA y, a su vez, plantear una propuesta visual distinta? ¿Cómo se juntó tanto lo estético como lo sonoro?

Me apetecía reflejar, divagar en lo que estaba sucediendo en Latinoamérica en cuanto a percusiones y capturar todo ello con una esencia gallega (que no es muy reconocida dentro de este aspecto) fijándome, principalmente, en el componente vocal. Las voces ancestrales crearon melodías poco convencionales, las cuales hoy en día, podríamos decir que se acercan a la música popular o contemporánea, en la que hay una serie de escalas melódicas más conocidas.

Sin embargo, descubrí que cuando las señoras mayores reproducían o cantaban este tipo de canciones, no contaban con un patrón específico, no había nada estandarizado… entonces quise reflejar eso en mi música de alguna forma para que resultara ser algo fuera de lo común.

De alguna forma Solpor (álbum debut) fue llevar esas capturas que fui mutando a otro estado, digitalizándolas de alguna forma, pues estás tomando algo que fue grabado orgánicamente, más tribal, como un instrumento, y dándole otra vida con la tecnología. Era algo que me emocionaba, porque siempre quise trabajar con músicos gallegos para un proyecto como ese. Fue un reflejo más vivo, más crudo.

Después de Solpor llegó Embruxo, en el cual mezcló la “cultura espiritual y misticismo gallego” tocando temas como el culto a la muerte, los ritos, los mitos, entre otros ¿Por qué abordar estos temas en medio de tiempos tan inciertos como los que atravesamos el año pasado? 

Intenté aislarme de todo lo que sucedía afuera para que el disco no tuviera esa relación temporal con un momento determinado de la historia. Me gusta que mis proyectos sean, de cierta forma, atemporales para que la gente pueda escucharlo dentro de cinco años y no recuerde que fue hecho en medio de una pandemia.

Fue algo a lo que le di vueltas porque no sabíamos cuándo lanzarlo. Hubo muchos artistas que retrasaron los lanzamientos y mi idea era sacarlo el otoño pasado. Sin embargo al disco le faltaba madurar, no estaba terminado del todo, por lo cual preferí sacarlo este año. Dije “ya es el momento, esto tiene que salir ya” porque no quería dilatarlo más. Teniendo el material acabado me parecía un poco absurdo que las personas no lo pudieran disfrutar. Creo que la música cuando está reposada un tiempo puede tener más vigencia y dar más color.

¿Cómo fue explorar la poesía de Rosalía De Castro y el cancionero tradicional?

Hay gente que utiliza la música tradicional o popular para transformar su sonido en algo más actual, creo que eso es algo muy interesante… pero a  mí me importaba rescatar poemas y coplas tradicionales para conseguir que eso se mezclara con sonidos electrónicos y vanguardistas. Me resultó inquietante rescatar sus poemas para generar una propuesta distinta.

¿Qué sucede después de terminar un disco? ¿Prefieres digerir el trabajo que acabas de hacer? o ¿Empiezas a producir el siguiente LP inmediatamente?

Sí empiezo a trabajar en otros proyectos, pero no un disco. Prefiero dejarme llevar para vivir todas las experiencias al tope.  En unos días viajaré a Palenque, por ejemplo, y creo que sería interesante capturar sonidos mientras trabajo con Mitú. Es una experiencia que me interesa vivir, colaborar con otros artistas y explorar otras facetas de mi música.

A mí no me molestan las etiquetas, pero no estoy de acuerdo con encasillar a los artistas.Yo simplemente siento que tengo una relación muy arraigada con mi identidad y cultura, por lo cual eso es algo que deseo continuar investigando y conociendo. No quiero casarme con ningún género.

BAIUCA en su presentación durante el Bogotá Music Market en el teatro Jorge Eliécer Gaitán.
BAIUCA

¿Cómo fue visitar Colombia por primera vez y tocar música en vivo después de mucho tiempo sin hacerlo?

Visitar un país diferente siempre es una experiencia que no tiene nada que ver con tocar en tu tierra y eso se nota. Es bonito ver cómo la gente disfruta de tu música en otros lugares, no sé… es algo muy apasionante. Sobre todo, yo estaba pensando como “Hostia, estoy tocando en un sitio magnífico en Bogotá, cuando hace dos días estaba tocando al lado de mi casa”, entonces es algo bastante gratificante.

Para mí es muy necesario sentir esa conexión y que no sea algo frío. La pandemia nos ha llevado a que el público no pueda vivir la experiencia de la misma forma, muchas veces deben permanecer sentados… cuando ves que tu música produce esa sensación de querer moverse y bailar, para mí es gratificante.