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Bob Dylan nos regaló el álbum más oportuno de todos: Rough and Rowdy Ways

A sus 79 años, el cantante sigue retando esos misterios de los que nadie más habla en la música
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Bob Dylan, a sus 79 años, sigue sorprendiendo a la industria con acercamientos y predicciones creativas.
William Claxton

Bob Dylan

Rough and Rowdy Ways

Otro apocalipsis; otra cara de Bob Dylan, quien de verdad sabe cómo escoger sus momentos. Dylan ha desplegado su obra de manera brillante, a mediados de un año con protestas multitudinarias en las calles, una pandemia y una crisis sanitaria mundial. Rough and Rowdy Days son sus primeras canciones nuevas desde hace ocho años, y el compilado es un clásico instantáneo. Tiene la majestuosidad lúgubre de otros LPs como Modern Times y Tempest, pero aun así va más allá, adentrándose en misterios que nadie más toca en la música. 

Se puede escuchar el crujido de su voz, a sus 79 años, mientras canta en uno de los momentos más conmovedores de Mother of Muses. Pero Dylan no da ni una palabra de consolación; solo gira alrededor de esas historias con frialdad e ironía. Su primera muestra fue su épica Murder Most Foul (de 17 minutos), la cual lanzó a medianoche a finales de marzo, unas semanas antes de la propagación del COVID-19. El sencillo da un primer aviso del concepto y la esencia detrás del álbum: una alucinación en forma de rocola de la historia estadounidense. A lo largo de Rough and Rowdy Ways, Dylan mezcla el blues de Chicago, el gangueo de Nashville y el rock & roll de Memphis. Su voz suena maravillosamente ligera y delicada, sea prediciendo una maldición o haciendo chistes sobre Al Pacino y Marlon Brando. 

Dylan logra perfeccionar el rugido de Tempest, pero suena mucho más cómodo y elegante, sin esfuerzos. En los blues más crudos, como Goodbye Jimmy Reed, False Prophet y Beyond the Rubicon, atropella con fuerza y es un maestro del humor; y en baladas como Key West (Philosopher Pirate) es lo más calmado posible. Sus últimos discos fueron covers inspirados en cantantes como Frank Sinatra, y eran muy agradables, en sus propios términos. Pero en retrospectiva, parece como si estuviera usando esos álbumes como talleres vocales, intentando descifrar cómo sorprender con una voz más jodida, y nueva. Ahora nos está demostrando lo feroz y tierna que puede sonar tras 60 años de polvo de carretera en sus pulmones. 

En gran parte del álbum habla de tiempos difíciles, retratando criminales, gánsteres, pecadores y vagabundos. My Own Version Of You es una fantasía Frankenstein con Dylan actuando como un científico loco y creando en su laboratorio una criatura con diferentes partes de cuerpo robadas. En la siniestra Crossing the Rubicon ataca y extraña a Dios y recita unos oh god que llegan a lo más profundo de los huesos. 

Key West (Philosopher Pirate) es lo más destacado dentro de lo destacado: una conmovedora canción de nueve minutos en acordeón sobre un hombre desesperado que viaja a Florida para dar su última batalla, con solo su radio como un recordatorio de la vida que dejó atrás. Su Key West es un paraíso tóxico, donde “las orquídeas y los árboles pueden contagiarte” de enfermedades al corazón. 

Murder Most Foul cierra el álbum con un boom; la canción es poderosa por sí sola, pero su final es una sentencia más fuerte. El título viene de Hamlet, en un álbum donde Dylan suelta referencias a Richard III, Julius Caesar y Macbeth, tres obras de Shakespeare. En Murder Most Foul, Dylan habla sobre el asesinato de John F. Kennedy, pero el contexto histórico es la clave para que la canción apunte a un espectro mucho más amplio. JFK es solo un héroe mítico del folk que lo inspiró a sacar una nueva historia, y lo usa como un punto de partida para hablar de la memoria, la cultura y la música. Dylan termina la canción con un homenaje a varias leyendas: John Lee Hooker, Stevie Nicks, Thelonius Monk y Bud Powell, entre otros. También le envía un saludo a su ídolo de rock & roll Little Richard, un elogio oportuno y accidental. Además, es una canción que nos recuerda que la música es un consuelo, sobre todo para tiempos tan confusos y agitados. 

Mientras Dylan llega a sus 80 años, su vitalidad creativa se mantiene viva. No se queda en un lugar por mucho tiempo, pero se niega a dejar en paz su legado como una leyenda y sigue sumando clásicos a su repertorio. En Rough and Rowdy Days, el legendario cantante explora un terreno que nadie más ha tocado, y sigue sacando provecho de su imaginación sobre el futuro.