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Jose Girl

Bunbury: “Es bueno estar vivo”

Una conversación con el artista de rock español más importante de las últimas décadas.

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Enrique Bunbury luce una camiseta negra de CBGB. Está su casa de Los Ángeles en donde hace algunos años se radicó definitivamente, y como si fuera alguna una clase de maestro zen, luce tranquilo al extremo. Nada lo perturba. La pila de demonios que suele atormentar a los artistas ha desaparecido. 

En tiempos en que la industria se moldea con procesos industriales repetitivos y los artistas se apegan a formulas preestablecidas antes de hacer nueva música, a través de un largo camino ha encontrado una claridad explicita y precisa. Su honestidad ante sí mismo, ante sus fans y ante su propia música, es fundamental. Sin anteponer intereses previos en sus canciones, presenta un nuevo álbum: Posible, un disco conceptual con el que cierra un ciclo y vuelve a poner su límite creativo a otra escala.  Posible es un álbum cargado de sintetizadores y melodías de rock & roll en el que parecería que Bunbury usa como fórmula el ir en contravía, pero en realidad es un hombre que solo sigue su propio instinto. No le importan las tendencias y encuentra una manera diferente para hacer canciones serias y robustas. Viene de un lugar y momento en donde no hay lugar para la mediocridad. Es uno de esos artistas que decidió tomar el camino más largo a casa, y como resultado, con cada nuevo disco reescribe la historia de la música en español. 

Hablamos con él en exclusiva para el lanzamiento de “El pulso de la cultura”, el podcast de ROLLING STONE:

Estás lanzando Posibletu nuevo disco, ¿cómo se dio el proceso creativo de esta álbum?

 Yo creo que siempre que termino un disco nuevo, comienzo a pensar nuevas canciones. A veces como respuesta de lo que acabo de grabar, por frustraciones que he tenido durante la grabación, cosas que no quiero repetir, elementos en los que quiero profundizar más; normalmente los discos surgen de manera inmediata, y surgen como contraposición al álbum anterior. 

Lo que te quedó faltando, quizás… 

 Sí, y puede ser en muchos detalles. Quiero profundizar en el uso de sintetizadores, quiero trabajar menos en los ensayos, y más en la posproducción después de la grabación. Puede ser mi voz, mis textos, cosas que no me han gustado, o todo eso a la vez. 

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¿Cuál es el diferencial de este disco? 

 Expectativas Palosanto eran dos discos que tenían claramente con una temática social, de compromiso, y este es un disco mucho más introspectivo. Sí creo, por otro lado, que pertenece a esta trilogía de discos contemporáneos en oposición a los discos anteriores como Hellville de Luxe o Las consecuencias, que eran más fronterizos, con raíz en el rock americano, o Flamingos El viaje a ninguna parte, que eran la trilogía más del cabaret, el Mediterráneo. Sí se puede decir que pertenece a estos tres discos, pero va más allá en el uso de sintetizadores y el minimalismo. Los otros dos tenían más capas y elementos. Hay una mayor profundización en la posproducción y el trabajo de estudio, con pistas grabadas o pistas creadas en el ordenador. Tiene elementos nuevos y conexión con los anteriores, pero es un cierre de trilogía un poco más extremo. 

¿Cómo fue el proceso a nivel de composición? ¿Qué tuviste en cuenta cuando escribías el disco y las letras? 

Principalmente escribir más sobre lo que me preocupaba de la piel para adentro. Hacer un disco más personal; a veces a través de lo personal llegas a lo universal. Quería alejarme de los noticieros, de lo que ocurría en el mundo, ya eran suficientes dos discos en los que mostraba mi visión de lo que estaba pasando. Quizás ahora tenga un reflejo claro de lo que hablé en esos dos discos. Pretendía pensar, profundizar en lo que me preocupa a mí como persona. Ahí aparece el tema de las posibilidades, las versiones de uno mismo que uno ha dejado atrás, momentos en los que hubiéramos podido ir en otra dirección y tomamos una decisión concreta, y las posibilidades que quedan por delante. 

Sé que tuviste una niñez muy cercana a la educación católica, ¿qué recuerdas sobre esos días? ¿Desarrollaste alguna clase de fe y pensamiento espiritual? 

No es que yo tuviera una educación diferente a los españoles; nací en el año 67, todavía vivía el dictador Franco en España, y la educación era católica para todos. Yo no sé si lo hicieron con ese propósito, pero en muchos generó el rechazo frontal a ese tipo de enseñanza. Lo raro es que yo desarrollé un interés por la espiritualidad y otras formas de conexión del ser humano con la naturaleza, el universo y esa matriz a la que todos pertenecemos. Lo lógico, con esa educación estricta y muy dudosa, lo normal es el rechazo. No querer oír absolutamente nada de la religión. Yo, en general, sí tengo cierto rechazo con la religión, que es lo que nos reúne en congregación en torno a una fe. De alguna forma, siempre he tenido una búsqueda individual, alejada de lo que significa seguir y aceptar una serie de normas sin cuestionamientos. 

¿Qué edad tenías cuando te impulsaste a hacer música? 

Recuerdo pequeñas señales que salen en el camino. Por ejemplo, ver la película de Elvis Presley King CreoleEs una película fabulosa, posiblemente la mejor de Elvis, y la banda sonora es maravillosa. Recuerdo la primera escena cantando Crawfish, la tengo marcada. Es una primera señal, cuando tenía ocho años, de tener fascinación por esa música que aparecía en la película. Luego, las cintas de casette que mi tío me grababa con los discos de The Beatles. Me los grabó todos en orden y en cintas de dos horas, entonces cabían varios discos. Luego pasamos a otras cosas, como Santana y otros discos de Pink Floyd y los Rolling Stones, entre los ocho y los 11 años. Ahí estaban en mí las ganas de tocar la guitarra, cantar, componer canciones e intentar provocar en el oyente algo parecido a lo que yo sentí escuchando Help In my life

¿Empezaste escribiendo canciones o un proyecto de banda?

Empecé en el colegio. Los viernes había diez minutos en los que por megafonía hablaba el director del colegio para todos y resaltaba el trabajo de un niño, una redacción o un poema. Cerraba siempre con una oración, la que fuera. Dos amigos y yo empezamos a escribir canciones y mandarlas al director. Le gustaron las cosas que hacíamos, todos los viernes escribíamos una canción y la cantábamos ahí para que nos escucharan todos los niños. Ese fue mi primer trabajo profesional como músico. Componer mientras los demás niños estaban en el recreo o jugando fútbol. 

¿Crees que tienes un conjunto de reglas en la vida? 

Tengo una: saltarme las reglas. Creo que todos tenemos conclusiones morales con las que nos movemos en la vida. Cosas claras y códigos de honor, o morales, y lo que pretendes en la vida. Llegamos a unas conclusiones, y tenemos claro que existen formas de moverte en la vida que te traen cosas buenas, y otras que responden con creatividad. 

En el documental El camino más largo, mencionaste que el pop puede llegar a ser efímero y que el rock, aunque tiene un camino más largo, es más tangible como obra. En términos creativos, ¿cómo has logrado mantenerte al margen por tantos años de las imposiciones de la industria?

Primero, no sé si aún estoy de acuerdo con esa frase. Creo que eso era antes. Los artistas pop no duraban tanto, ahora no sé cómo hacen que los artistas pop tengan carreras largas. ¿Quién hubiera pensado que Britney Spears con 40 años iba a seguir teniendo una carrera, o la misma Jennifer López? O Madonna, con 60. Han cambiado las normas. Me parece bien que tengan una carrera tan larga, y sería fascinante ver a Madonna con 80 años haciendo discos; me encantaría escucharlos. Pero sí, la longevidad y la supervivencia en el mundo de la música son complejas para todos. Nos mantenemos vigentes y creo que la forma es ofrecer una obra nueva. Obviamente siempre nos quedará Las Vegas para quedarnos ahí, de residencia, y tocar los grandes éxitos. Hay artistas que se dedican a la nostalgia y no lo voy a criticar, porque no creo que sea un sentimiento negativo. Pero como creador es bueno estar vivo y seguir ofreciendo material, estar creativamente alerta, necesitado de nuevos estímulos. A veces vienen de la vanguardia y otras de la tradición. No me parece que el momento óptimo y creativo sea unidireccional. Dylan es un ejemplo de artista que revisa la tradición y, a punto de cumplir 80 años, sigue siendo uno de los más importantes del siglo XX y el siglo XXI. Y Bowie fue lo opuesto, que siempre estaba mirando qué nos podía ofrecer de cara al futuro. Iba a la vanguardia o nos mostraba lo interesante del futuro. 

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En una carrera tan extensa y exitosa, ¿cómo sabes cuándo un disco está listo? ¿Cómo es ese proceso de autocrítica de tu obra? 

Cuando te lo quitan de las manos es una respuesta, cuando se acaba el dinero es otra. Tengo un punto de responsabilidad con respecto al dinero. Esto es un tema conflictivo, porque parece que los artistas tenemos que ser ajenos al dinero. Yo con mi compañía discográfica y mi management tengo un acuerdo en cuanto a que la calidad sonora de los discos me debe gustar. Pero creo que todo disco se puede hacer con diferentes grados de presupuesto. Se puede con una guitarra acústica y el móvil grabando, o como Axl Rose grabando Chinese Democracy durante 13 años. Entre medio, estamos los que intentamos ser más responsables con el presupuesto y salirnos lo menos posible. Hay que ser conscientes de que el dinero se acaba y de que alguien está financiando tu locura creativa. 

¿Ha llegado un momento en tu carrera que hayas pensado en retirarte? 

Sí, lo he pensado en un par de ocasiones. Hubo una después de la gira de Viaje a ninguna parte que pensé, “Hasta aquí llegué”. Y otra en la que dudé, que fue cuando Héroes del Silencio se separó. Fueron dos momentos claves y dramáticos. Nacho Vegas fue quien me empujó al estudio la primera vez y me dijo que era un disco de colaboración, que la pasaríamos bien, que me relajara. Gracias a eso volví a componer canciones y continuar con mi carrera. 

Además, en 1995 estabas muy joven para retirarte…

Bueno, muy joven estamos todavía. Jóvenes estamos mientras tengamos algo que decir y que el cuerpo nos responda de forma óptima.

Ahora la industria gira alrededor de sencillos, ¿para ti sigue siendo importante hacer discos conceptuales? 

No, no estoy de acuerdo. Me preguntan mucho que los tiempos han cambiado y que sacan sencillos, y que el concepto álbum y su larga duración están obsoletos. Y no veo ninguna señal que indique eso. Todo lo contrario. Lo que veo es que todos los artistas en todos los géneros utilizan el formato larga duración para lo que sirve. Reflejar un momento temporal y espacial creativo de un artista. Y ahí está cualquier género; el reggaetón, el pop, y todos sacan álbum. Los géneros más rudes como el jazz, el country y el rock, todos sacan. Es cierto que hay artistas que no recopilan singles en un álbum y que tardan más y que ahora se hacen muchos adelantos. Pero en algún punto todos sacar un álbum en el que intentan explicar su momento creativo. 

Claro, pero también hay artistas que hacen una compilación de canciones en un álbum que no necesariamente es conceptual. 

Sí, entiendo el matiz que le estás dando, y tienes razón. Pero incluso a mí me sorprende encontrar discos de artistas de hip hop y pop que están haciendo discos conceptuales. Creo que sí, que las nuevas tecnologías… los nuevos tiempos son difíciles de definir. Es difícil generalizar porque hacemos todo, muchos artistas. Yo no sé si lo que hago son discos conceptuales, o que soy un artista más de álbum que de sencillos. Y hay otros que es más al revés. A mí me parece importante mantener la longitud del disco, y me parece más importante llamar la atención al oyente al dedicarle un tiempo a una obra artística. Es cierto que la gente que tiene mucha prisa en redes sociales, no le dedican a las cosas ni un segundo, y no se pueden retener en la memoria de lo rápido que vamos. Por eso creo que es bueno llamar la atención sobre poner desde el principio el disco. Puede que muchos no lo hagan, pero mis álbumes sí están pensados para eso. Si en algún punto de tu vida tienes 45 minutos, ahí lo dejo, es una opción. 

Esta semana murió Little Richard. En tu proceso creativo, ¿cómo es tu relación con géneros americanos como el blues y el rock & roll, pero también con otras influencias como el rock inglés? 

Mi primer amor fue el rock & roll de los 50. Eso fue con lo que yo me enamoré de la música y lo que hizo la primera chispa. Little Richard es un artista al que yo he vuelto en multitud de ocasiones, siempre me apenó que no desarrollara más su carrera cuando llegaron los 80 y se dedicó a los cameos y la parte religiosa.

Ese es el origen y el motor de todo. He escuchado mucha música en mi vida, pero actualmente no escucho esos discos. Lo que escucho es música del año en que estamos viviendo y que no me quiero perder.

Algunos artistas no superan esa etapa del hit y del Número Uno en la radio, ¿cómo lograste liberarte de esa condena?

Yo tengo una fórmula infalible para liberarte de la presión de ser Número Uno en la radio y demás, que es: no volver a pensar en ello. Infalible. Ya no vuelve a ser importante en tu carrera. Lo que tenemos que hacer es pensar en la obra en sí misma y su resultado. A mí me encantaría ser Número Uno en muchos países, pero pensar en ello y obsesionarte con que tu música debe tener ciertas características para llegar ahí es equivocarte totalmente con respecto al motor originario de la creación. Es pensar en el resultado antes que en la obra. El tejado antes de la base. Hace mucho tiempo no pienso en eso. Me gusta ser Número Uno, pero no me obsesiona, y menos ahora lo de sonar en la radio. Cuando pongo la radio en España, paso por todo el dial y no encuentro nada con música que a mí me guste. Como no ponen música que a mí me guste, es imposible que pongan mi música. No he visto el problema todavía. 

En muchas ocasiones, las personas dicen que los artistas tienen una sensibilidad diferente. ¿Qué crees que hace esa diferencia?

Todos somos grandes artistas, todos somos creativos y lo podemos desarrollar en diferentes áreas. Creo que los artistas conocidos, lo que tenemos extra es una capacidad de comunicación y un feedback con la audiencia. Yo conozco gente que tiene un talento increíble para escribir canciones, pero no ha tenido esa capacidad o esa posibilidad de encontrarse con un público que entienda o disfrute su música; establecer una comunicación es lo más difícil. 

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¿Qué percepción tienes de la crítica, teniendo en cuenta que no todos los artistas conviven con la idea de ser criticados? 

Creo que la crítica acierta cuando me pone bien y falla cuando me pone mal. Es lo que pensamos todos los artistas. Qué fantásticos son estos periodistas porque me han puesto bien, y qué mierdero es este tipo porque no le ha gustado mi disco. En estos momentos que estamos viviendo, refiriéndome a los momentos que ya la crítica va perdiendo fuerza en cuanto a crear una opinión en el público, a mí particularmente me apena. Es importante la labor de la prensa musical especializada, es bueno que dentro de este maremágnum de discos que salen todos los viernes haya alguien que nos explique la música, que nos indique que hay algo de valor que vale la pena ser escuchada. Es bueno que exista esta figura y es necesario que se recupere y se sane la crítica musical especializada en todo el mundo. 

¿Cómo consideras que ha sido tu evolución como compositor? 

Hay ciertas cosas que permanecen y otras que van evolucionando a mis necesidades puntales en cada momento. Luego, se puede hablar de forma técnica la complejidad de ciertas canciones. A mí a veces me sorprende, mirando hacia atrás, canciones que consideraba que eran muy sencillas, tienen su truquillo aunque mis conocimientos musicales eran menores. Las canciones que estoy haciendo ahora son más complejas y tienen varias vueltas que no hacía anteriormente, soy más puntillista con letras y acordes, pero hay veces en que la intuición te lleva a lugares fantásticos cuando eres joven, ingenuo y espontáneo. Y hay veces también que el conocimiento te lleva a lugares fantásticos. Creo que ha habido mejores y peores, dependiendo de lo que he ido aprendiendo.

¿Qué tipo de música te emociona en este momento? 

Escucho música de casi todos los géneros. A mí me gusta la música, y considero que es buena siempre. Diferentes géneros te acompañan en diferentes momentos. Me gusta el disco de Tony Allen, que es puro afrobeat, me gusta el disco de Natalia Lafourcade, el de Fiona Apple, el de Triángulo de Amor Bizarro, el de Diego Vasallo… de todo un poco. Escucho también cosas de electrónica, jazz, música anglosajona. 

Sé que eres un buen consumidor de cine y televisión. ¿Qué estás viendo en estos días? 

Voy a decir algo: las series me parecen muy largas. En principio, yo soy muy antiserie. Es raro que yo las vea… me gusta este formato de miniseries, de seis capítulos, me parece bien. Cuando me hablan de ocho temporadas de 13 capítulos, pienso, “No tengo 100 horas, olvídate”. Pienso que el director no sabe concretar o especificar. Es como si cuando fuera a sacar un disco, sacara 15 de golpe. Me dirían que intentara ser más selectivo. Tienen que seleccionar mejor el texto y lo que quieren decir. 

En cuanto a cine, veo de forma desordenada. Del año pasado, vi todas las importantes y hubo material muy bueno. The Irishman, Joker, todas esas estuvieron fantásticas. Parasite, Dolor y gloria, la de Almodóvar también me encantó. También he visto películas de Daniel Day-Lewis, como Pozos de ambición [There Will Be Blood]. La de Gangs of New York también. Y ahora estamos haciendo, por enésima vez, un ciclo de David Lynch. Estamos empezando. 

¿Qué opinión tienes sobre toda la parafernalia alrededor de los premios a la música? 

Están en torno al pop, a las ventas, al éxito, y no tienen en cuenta la excelencia. Pienso en los premios Billboard, que tienen que ver con las sonadas en la radio, tienen que ver con las cifras. O hay otros premios en los que es por popularidad. Los premios en los que debería haber twist son los Latin Grammy. Entiendo la problemática interna que hay, pero creo que se debería profundizar en la excelencia musical en todos los géneros. Acepto el predominio del pop y del urbano, a regañadientes un poco, pero independientemente de ese predominio, deberíamos exigir esa excelencia. Deberíamos evitar que los premios se convirtieran a la necesidad de la gala, la televisión. Parece que lo más importante fuera la gala televisiva y los ratings. Si no le damos valor a la excelencia, la gente no va a creer en los premios. 

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En la gira de Estados Unidos tuviste momentos difíciles, como tocar para 200 personas. Pero al otro día estabas frente a miles. ¿Qué sientes en este momento de tu carrera cuando te subes al escenario? 

Hablas de la película que hicimos hace 10 años, con una gira en la que quisimos romper con algo que era entonces y que ya no es, afortunadamente: tocar en las cuatro y cinco ciudades más habitadas por la población latina. Eran Chicago, Nueva York, Miami, Los Ángeles y San Francisco. Lo demás, no se tocaba. En un momento dado yo quise hacer la gira para romper con esa dinámica. Y hubo otra gente que siguió haciéndolo, como Café Tacvba y Zoé, que somos artistas que hemos ayudado a romper esa dinámica en la que vivía el rock alternativo. No conozco otras circunstancias, como en el pop, pero así era en el rock alternativo.

En esa gira fuimos a otros lugares que no estaban habitualmente, como Detroit, Denver, Utah, Carolina del Norte… a lugares donde el promotor nos decía, “No hay público latino”. Tenemos que crear un mercado y un circuito; gracias a esa gira y otras, no me voy a atribuir solo yo el mérito, ahora hay un circuito para las próximas generaciones. Vamos ya al Estados Unidos profundo. Abrimos camino entre unos cuantos. 

Yo, en el escenario, siento la misma congoja y la misma angustia que es el miedo a que me falle la voz. Eso me ocurre en cualquier situación. Las giras son largas y no todos los días te levantas igual. Nos pasa a todos los cantantes. Es levantarte y decir, “Tengo mocos, tengo carraspera, me duele la garganta, apaga el aire acondicionado”. Así es la gira. Bufandas, pañuelos, entras en el avión… esa es nuestra angustia. Sales al escenario, empiezas a tener el feedback con el público y eso desaparece, entonces pasas de la angustia al paraíso.

En un momento difícil escribiste El hombre delgado que no flaqueará jamás, quizás como una herramienta de autosuperación, ¿qué opinas de la depresión que acosa a los artistas? 

La depresión y los problemas mentales son algo que está ahí en los seres humanos, como en estas situaciones de encierro. Nos ocurre a todos. Creo que está bien que haya artistas que hablen de esos problemas porque ponen el debate encima de la mesa y naturalizan algo que la gente piensa que solo le ocurre a uno. Está bien sacar esos temas abiertamente. 

¿Te consideras una influencia para los nuevos artistas latinoamericanos?

No sé, habrá unos a los que les guste lo que he hecho y otros que lo ignoren totalmente, o que sus referencias sean otras. Ahí están los discos, ojalá los hayan disfrutado y haya provocado que alguien haya agarrado una guitarra para componer.

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Para cerrar, me gustaría hacer un pequeño recuento de algunas canciones. La primera es El aragonés errante

Uf, bueno… Esa pertenece a Viaje a ninguna parte, que es una época muy entregada a la creación de forma tóxica y compulsiva. Viajé mucho por Latinoamérica, escribí muchas canciones y publiqué unas cuantas que hice en ese momento. El aragonés errante es una de mis favoritas de esa época, es de las que yo llamo “verborreicas”. Suelto cosas aparentemente inconexas, pero que me parecen al final, describen muy bien un momento en concreto. 

El hombre delgado que no flaqueará jamás… 

Es después del disco con Nacho Vegas, es mi vuelta al mundo de los vivos con una nueva banda, Los Santos Inocentes. Es la primera canción que tocamos juntos en un estudio. Les puse la demo a ellos, incluso había unos que no se conocían, e inmediatamente la tocamos juntos. Lo que sonó en las dos primeras tomas, dijimos, “Aquí hay una banda”. 

Las palabrasuna canción nueva de Posible

Es una canción que sé que será bien recibida en directo, con un momento álgido, tengo especial cariño a esa canción porque creo que es el momento actual de Santos Inocentes. Renovados, contemporáneos, modernos, con algo que aportar en este siglo XXI. 

Lady Blue

Me acuerdo perfectamente mientras ensayábamos, se estrellaron los aviones contra las Torres Gemelas. Siempre me va a traer ese recuerdo porque en Huracán Ambulante, Del Moran, el bajista, es estadounidense. Y claro, solo verle la cara de preocupación y pensar que esto era un antes y un después en todo lo que hemos conocido.

Parecemos tontos

Es un hit inesperado. No espero que ninguna canción suene en la radio, ni tenga una vida estratosférica como la de estos autores nuevos, que tienen millones de views en el streaming. Pero, paradójicamente, esta canción los ha tenido. Ha sido masiva, con un texto extremadamente largo y poético y combativo. Me alegra enormemente. Creo que es una canción que ha venido para quedarse en mis shows. Refleja muy bien los momentos que vivimos y viviremos.