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Mark Seliger

Buscando a Kurt

La hija del cantante de Nirvana, Frances Bean Cobain, estuvo consagrada a la misión de crear un retrato honesto de su padre para el mundo y para sí misma

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Tres días antes de la premier en el festival de Sundance, Courtney Love y Frances Bean Cobain, la única hija de la pareja, vieron la versión final de Kurt Cobain: Montage of Heck en un cuarto de proyecciones en Burbank, California. Brett Morgen, quien escribió, dirigió y produjo el documental, también estuvo presente. 

Fue una ocasión incómoda. Frances, de 22, ya la había visto. Es productora ejecutiva. Su madre —que impulsó el proyecto ocho años atrás pero no participó en la producción— no lo conocía. Frances dice que Love le “pidió que lo viera con ella, porque lo había estado postergando por meses”. En el cuarto de proyecciones se sentaron en un sofá. Frances estaba sobre el regazo de Courtney. 

Love, de 50, se acercó a Morgen para el documental en 2007, 13 años después de que el líder de Nirvana se quitara la vida en abril de 1994. 

Love, una gran fan del documental de Morgen, The Kid Stays in the Picture, de 2002, le ofreció acceso sin restricciones al depósito que guardaba el archivo y arte de Kurt, diarios y grabaciones privadas.

Pero la producción se estancó mientras Love luchaba con lo que ahora llama “un tsunami legal y financiero”. En 2010 Frances —que tenía 20 meses cuando Kurt murió— cumplió 18 ños. Ese año, en un acuerdo confidencial con Courtney,  se empezó a involucrar más en la administración del legado de su padre. Eso implicó que pronto se uniera a Morgen en la resurrección del documental. Love fue entrevistada eventualmente para Montage of Heck, pero no tuvo voz editorial.

La relación volátil entre Love y Frances —complicada por resentimientos, tensiones con la familia de Kurt, la lucha de Love con las drogas y su irregular carrera en la música y el cine— había terminado en columnas de chismes y tribunales. Frances dice: “Hemos resuelto muchos de nuestros problemas. He madurado. Y ella también”. Pero Love recuerda ese día en el cuarto de proyecciones como algo “realmente intenso. Estábamos como ‘en cucharita’ en este gran sofá. Y ambas llorábamos”.

Montage of Heck es un recuento visceral de los 27 años de Kurt —su adolescencia caótica, la fama repentina, la adicción a la heroína y el descenso a la ruina—, desarrollado en gran parte a través de su arte y palabras: demos de canciones y experimentos sonoros (el filme recibió su nombre a partir de un famoso casete de 1988); tratamientos animados de los dibujos de Kurt y las confesiones de sus diarios; y grabaciones y entrevistas, como mi encuentro con él en octubre de 1993 para la historia de la portada de Rolling Stone. Hay películas caseras de su infancia y agudas reflexiones de un pequeño círculo íntimo, incluyendo a sus padres divorciados, Don Cobain y Wendy O’Connor.

Frances entra en el filme en la última media hora, siendo apenas un bebé. En un video casero, está en una tina jugando y salpicando con Kurt. En una secuencia posterior, Frances está sentada en su regazo mientras a ella le cortan el pelo. Llora. Kurt se ve cansado y confundido, y apenas puede mantener los ojos abiertos. Hay un golpe prominente en su frente. “No estoy drogado, estoy cansado”, dice en un murmullo adormilado. La mentira en esa frase es escalofriante. También lo es la verdad.

“Mi madre me abrazó, lloró y solo dijo: ‘Lo siento tanto, lo siento tanto’”, dice Frances, recordando ese día en Burbank, mientras miraban la escena del corte de pelo. “Seguía diciéndolo una y otra vez. Pero luego dijo: ‘¿Eres consciente de lo mucho que tu padre te amaba?’. Y yo contesté: ‘Sí, lo sé’”.

“Kurt sí la amaba”, dice Love de nuevo cuando hablamos. “El filme demuestra eso. Pero luego del incidente de Roma —el intento de suicidio fallido de Kurt con pastillas en marzo de 1994, durante el último tour de Nirvana— es como si la luz se hubiese apagado”.

Love y Frances asistieron a la premier de Montage of Heck en Sundance con O’Connor, Kim (la hermana menor de Kurt) y el bajista de Nirvana, Krist Novoselic, todos ellos entrevistados en la película. Frances no permaneció sentada durante la proyección. “No quería que la gente me viera llorar”, dice.

Pero esa proyección privada con Love “fue uno de esos momentos tiernos y raros que he tenido con mi madre”.


“Kurt quería tener la adoración de John Lennon pero el anonimato de Ringo Starr”.


Frances también le confesó algo a Morgen después de la proyección: “Frances dijo que era la primera vez que su madre había pedido perdón por algo relacionado con su juventud”.

Frances es un manojo de nervios y da una bienvenida efervescente cuando abre la puerta de su casa en Los Ángeles. Antes de sentarnos, encender el primer cigarrillo de muchos y empezar su primera gran entrevista —la única que dará acerca de Montage of Heck—, Frances corre a la cocina para preparar café, luego regresa, reconociendo con vergüenza que no pudo encontrar una taza de azúcar apropiada. Ha puesto el azúcar en una copa roja con una cuchara de plástico.

Con una estatura de 1,68 y un peso de 47 kilos, Frances tiene, dice, “el porte de mi padre, pero los hombros masculinos de mi madre”. Su belleza se complementa con unos ojos entre azules y verdes, grandes y penetrantes. Frances ha añadido pinceladas góticas y actitud punk a la mezcla: labial marrón, pelo negro y largo que cae más allá de sus hombros, una camiseta negra con Mao Tse-Tung en el frente, y un arete que dice it’s not rocket science.

Eso se extiende a la decoración de la sala. Frances, que actualmente toma cursos universitarios sobre filosofía y dibujo, es artista visual —ha hecho exposiciones en Los Ángeles— con una inclinación por las películas de terror, “buena con la distorsión, haciendo las cosas espeluznantes”, como ella misma se define. Un modelo enorme de la cabeza del monstruo de H.R. Giger en Alien está sobre el piano, y un esqueleto humano de tamaño real se sienta en una banca, listo para jugar. Unas muñecas de las Spice Girls, aún en su empaque, se apoyan sobre una pared junto a una obra de Charles Manson (cuando Frances originalmente visitó la casa, viendo si la compraba, hizo un descubrimiento extraño: la anterior familia, dice, “tenía niños. Y en uno de los cuartos había un muñeco de Kurt”. Se mudó ahí de todos modos).

“La cosa interesante sobre mí y esta película”, dice Frances, “es que soy la única persona que está involucrada emocionalmente, pero puedo verla como parte de la audiencia. No tengo recuerdos de Kurt. Así que puedo ser analítica. Le puedo decir a Brett lo
que me gustó, lo que no, lo que me pareció hermoso, pero también me
puedo reconocer y decir: ‘Oh, esa soy yo en la pantalla’”.

“Lo que realmente me sorprendió”, continúa, “fue ver la historia de amor de mis padres. Porque estaban muy cercanos a mi edad actual”. Kurt tenía 22 cuando conoció a Love, en 1990. Ella tenía 25, y estaba en la banda Hole. Se casaron en febrero de 1992; Frances nació ese mismo año, el 18 de agosto.

“Fue como amigos que se enamoran, no lo esperaba”, admite Frances. “Siempre supe que su relación había sido tóxica” (dice refiriéndose al vínculo a partir de las drogas). “Y yo no promuevo tener un bebé para arreglar las cosas, que es lo que yo soy, para solucionar sus problemas. Pero sé por los videos y cartas que Kurt me escribió, por las interpretaciones de mi madre y las experiencias de mi abuela, que mi papá sí me amaba”.

“¿Sientes que fuiste un bebé concebido para arreglar las cosas?”, pregunta sorprendido Morgen, que está sentado cerca.

“En el sentido de que sus familias eran tan caóticas”, contesta Frances, “que querían crear su propia familia lo más rápido posible: ‘Si creamos una familia propia, no será como las nuestras’”. Frances apaga el cigarrillo y enciende otro. “Terminó siendo un millón de veces más caótica”.

En casi tres horas de conversación, mientras el sol de la tarde cae y se va oscureciendo, Frances habla sobre Kurt por primera vez, con vertiginosa energía, en una voz profunda y entrecortada que inevitablemente recuerda a Kurt en mis casetes de 1993.

Frances suelta palabrotas ocasionales que dan un énfasis colorido. También hay momentos de curiosidad y asombro infantil. Cuando le digo que ella y yo ya nos conocíamos —Frances tenía un año, encantaba al séquito de Nirvana en el backstage de un show en Chicago antes de mi entrevista con Kurt— se ríe. “¡Qué bueno volver a verte!”, dice alegremente. Luego, Morgen le menciona a Frances que esa es la misma grabadora que usé esa noche en 1993. “Eso es genial”, dice Frances, sacando su celular. “¿Le puedo tomar una foto?”.

Morgen recuerda su primer encuentro con Frances para producir Montage of Heck, poco después de retomar en 2013. El director tenía un trato con HBO para un filme sobre Kurt Cobain. “Llegué a su casa”, dice Morgen, “pensando que le iba a explicar lo que estaba haciendo. No me di cuenta de que ella podría matar el proyecto, luego lo entendí. Nos sentamos, y antes de que yo dijera cualquier cosa, ella me presentó su visión de lo que debería ser el filme de Kurt. Frances quería un filme que se involucrara con Kurt como artista, y que fuera honesto. Ella dijo: ‘Por 20 años mi papá ha sido como Papá Noel, esta figura mítica. La gente se me acercaba y me decía: ‘Tú padre es genial’. Y yo no lo conocía. Quiero presentar a Kurt, el hombre”.

Morgen estaba aliviado. “Cuando hubo terminado, le dije: ‘Me acabas de dar mi película’”. Se dieron la mano. Frances le dijo a Morgen algo más. “Me dice: ‘Te acabo de dar la película, y ya te conozco más de lo que conocí a mi padre’”.

Love dice que Frances, de niña, no hacía muchas preguntas sobre Kurt. “Más adelante empezó: ‘¿Qué tipo de hábitos tengo yo que son como los de mi padre? ¿A qué te refieres con que me como las uñas como mi papá?’”. Frances dice que Montage of Heck es la primera vez que ha visto la vida de Kurt “colectivamente, cronológicamente”. Durante años aprendió sobre Kurt en extraños flashes íntimos.

Recuerda un viaje a Aberdeen, Washington —el pueblo maderero donde nació Kurt— visitando la antigua casa Cobain con su abuela. En un punto, en el cuarto de Kurt, O’Connor levantó la tabla donde su hijo solía esconder su hierba. Frances estaba sorprendida de ver, en una pared, un logo de Iron Maiden que Kurt había dibujado cuando tenía 15 años; recientemente ella había hecho lo mismo con una puerta del baño de su casa en California con el mismo grafiti. “Genética”, dice, moviendo los ojos. “Es putamente raro”.

ABOUT A GIRL: KURT Y FRANCES EN 1993. ©DICK WATERMAN

La madre de Kurt, su hermana y Novoselic no quisieron hablar sobre Montage of Heck para esta historia. Love no está segura si podría verla de nuevo. “Me hizo sentir dolor”, asegura. “Es como una puñalada”. Pero el filme, anota Love, “me dio un poco más de paz con mi hija”. Y sí ve un cambio en la relación de Frances con la memoria de su padre.

Ese proceso empezó poco después de que Morgen y Frances se dieran la mano, cuando el director la acompañó al depósito para ver el archivo de Kurt. Frances había estado allí antes una vez. “Una experiencia extraña”, gruñe, con abogados e inventarios. Esta vez con Morgen, abrió cajas y, en particular, un estuche de guitarra “lleno con sus materiales de arte. Tenía sus pinceles —esta cosa rosada como las que vienen con un kit de pintura de la Barbie— y óleos secos”.

“Olía como él”, recuerda Frances. “Tenía este osito de peluche, y olía como él. Así es que sí reconozco su olor. Sosteniendo ese pincel, se humanizó ante mí. Había pintado con eso y lo había tocado”.

“Oh, oh”, dice Love, con suspiros profundos, cuando escucha la historia de Frances. “No sabía eso. Ella no me lo dijo”.

“¿Quieres oír algunas cosas?”. Morgen se sienta en la mesa en su oficina de Los Ángeles, enfrentando un par de monitores de computadores llenos de MP3, en donde está compilando una banda sonora para Montage of Heck. El disco no tendrá canciones de Nirvana. Será tomada de una gran colección de demos caseros, cintas y un bricolaje sónico que Morgen utilizó como fuente principal de la voz de Kurt en el filme.

Mirando su computador, Morgen reproduce algunas canciones crudas, raras y encantadoras: “Todo es Kurt cantando en su casa”, dice el director. Hay una versión completa y llena de angustia de And I Love Her de los Beatles, que se escucha en la película durante escenas en que Kurt y Love están en su casa besándose. Un tema original, provisionalmente titulado Rehash, es una pieza de guitarra que suena a Black Sabbath con voz recortada en falsetto; Kurt grita “solo, solo” y “coro, coro” en los pedazos sin finalizar. Una interpretación encantadora en guitarra acústica se ve interrumpida de repente con una estampida de extraños sonidos vocales. “Así ensamblaba las cosas, en series largas, parando, empezando, parando de nuevo, empezando algo nuevo”, dice Morgen.

En un viaje al archivo de Kurt, Morgen encontró una caja con la etiqueta “Cassette”. Adentro había 108 cintas, más de 200 horas de audio, incluyendo la propia Montage of Heck de Kurt, marcada con su letra. “Esas cosas serían invaluables para poder lograr un Kurt sin filtrar”, dice Morgen. En una sección de la película, animada como una novela gráfica, Kurt describe con una voz sorprendentemente neutra su primer intento de suicidio cuando estaba en el bachillerato.

“Cuando llegué a esa cinta, todavía no tenía los diarios”, explica Morgen. Eventualmente encontraría la entrada de Kurt sobre ese intento fallido. “Escribió la historia, luego agarró su micrófono y la grabó, paró e hizo otra toma”. Lo chocante, sugiere Morgen, no es que “discutiera el suicidio”,  sino que Kurt dejara una cinta sobre ese intento: “Yo no podía manejar el rídiculo”.

Morgen nació en 1968, un año después de Kurt, y creció en el área de Los Ángeles. De niño, como Kurt, Morgen soportó el dolor del divorcio; sus padres se separaron cuando tenía 9 años. “Me identifiqué muchísimo con la experiencia familiar de Kurt”, admite Morgen. También vio a Nirvana en vivo en 1990, en el Hampshire College en Massachussetts, y en 1993, en el Forum de Los Ángeles.

“Brett es muy fastidioso, se demora en el detalle más mínimo”, dice Stefan Nadelman, quien animó los dibujos y escritos de Kurt para Montage of Heck. “Nunca había visto a nadie prestarle tanta atención a los detalles”. Nadelman también dice que Morgen nunca le transmitió un comentario o crítica de su trabajo de Frances, la familia de Kurt o HBO. “Él nunca les mostró nada de la animación hasta que la hubiera aprobado. Y una vez aprobada, no había cambios”.

Morgen estaba en producción cuando, en la Navidad de 2013, recibió un mensaje de felicitaciones de Love con los mejores deseos y una pregunta: “¿Cómo va la película?”. Morgen respondió con una sola frase: “En este punto estoy haciendo la película para Frances”. Frances, en respuesta, le garantizó a Morgen acceso e independencia. “Mi rol, pienso, era ir a ver el filme cuando estuviese terminado”, dice ella.


 “Esas cosas serían invaluables para poder lograr una imagen de Kurt sin filtrar”.


Pero la participación de Frances fue vital en otras maneras, como en la caza y recolección de fotografías poco conocidas y entrevistas. “Uno de los retos”, dice Jessica Berman-Bogdan, productora de archivo de Montage of Heck, “era llegar a fuentes no comerciales”, es decir, escritores independientes y fotográfos amigos de Kurt. “Que la gente supiera que Frances estaba detrás de todo eso los hacía sentir cómodos” para contribuir con imágenes y cintas sin editar. “Algunas personas que hicieron entrevistas me decían: ‘Por favor asegúrate de que Frances vea esto. Quiero que lo tenga. Siempre quise enviárselo’”.

Las películas de infancia vienen de su madre. “Había guardado todo”, dice Morgen de O’Connor, aún maravillado”. “Quiero decir, colillas de tiquetes de su primera vez en un juego de fútbol en la escuela, cuando tenía 4 años”. Kim Cobain se ganó el crédito de “coordinadora de fotos y efemérides”, al identificar lugares, fechas y contextos mientras se iban recolectando imágenes y artefactos. “Fue agradable”, añade Morgen, “tener a alguien cercano a Kurt con quien yo pudiera hablar en un almuerzo y obtener cualquier cosa por ósmosis”. Pero Morgen dice que Frances “era el tejido conector. ¿Quién le iba a decir que no a la hija?”.

Una pieza que no entró al filme: la entrevista de Morgen con el baterista de Nirvana Dave Grohl, que se retrasó por Sonic Highways. Para ese entonces, Morgen tenía lo que sentía era la edición correcta. Dice que trató de meter a Grohl en la película, pero “en ese punto tuve que decir: ‘Está acabado. Este es el documental’”.

Frances vio Montage of Heck por primera vez el año pasado, en la oficina de Morgen, en un corte más largo sin la animación, que aún no estaba finalizada. Él le trajo un puñado de pañuelos y se fue. Morgen dice que cuando volvió, “ella había llenado la papelera con Kleenex”. Su parte favorita de la película, le dijo, es “cuando se corta en negro”. Montage of Heck termina con Kurt cantando Where Did You Sleep Last Night en su Unplugged de MTV en noviembre de 1993. Luego sale una pantalla negra con un mensaje: “Un mes después de regresar de Roma, Kurt Cobain se quitó la vida”. No hay coda o tributo cursi. Simplemente se fue.

“Brett tuvo acceso a todo el cubrimiento de los medios que se enfocaron en la muerte”, dice Frances, “y no utilizó nada de eso. La muerte es 99 por ciento del romanticismo y la mitología”. Ella dice con vehemencia que es hora de “dar el tema por visto”.

Para Morgen, sus ocho años con Montage of Heck terminaron pocos días antes de Sundance, en una sala de posproducción. “Llegamos a la última toma del Unplugged, y simplemente me fui, entré a un baño y colapsé, llorando profundamente”, confiesa. “No era el final de la película, que él estuviera muerto. Era que ya nunca más iba a trabajar con él”.

“Y es alguien que no conocí”, dice Morgen. “Entiendo por qué la gente lo protege tanto. Hay preguntas con las que luché durante años: ‘¿Le hubiese gustado que hiciera el filme? ¿Tengo derecho a hacerlo?’”. Pero, dice el director, “esa no es ya su elección”.

El 10 de abril de 2014, Nirvana ingresó al Rock and Roll Hall of Fame. En la ceremonia en Brooklyn, Grohl, Novoselic y el guitarrista Pat Smear tocaron las canciones de Kurt con diferentes cantantes femeninas, incluyendo a Joan Jett y a Lorde. La madre de Kurt y su hermana también asistieron.

Frances no estuvo allí. Love le dijo al público que estaba enferma. Era cierto. “También era una reunión familiar, y era televisada”, dice Frances en su sala, explicando su ausencia. “Y yo no era parte de Nirvana. Todo el mundo en el escenario tenía más que ver con Nirvana que yo. No quería recibir nada en nombre de mi padre que no tuviera que ver conmigo”. Lo único que lamenta de no haber estado: “No conocer a Joan Jett. Porque amo a Joan Jett”.

De alguna manera, Frances es igual a su padre: lucha por resolver lo que llama “el innato sentido de la privacidad”. Frances lo pone de otra manera, citando a Kurt en una entrevista para MTV News: “Quería tener la adoración de John Lennon pero el anonimato de Ringo Starr”.

Frances Bean Cobain en marzo. “Durante 20 años mi padre ha sido una figura mítica. Quiero presentarlo como hombre”. FOTOGRAFÍA POR LACHAPELLE. PELO POR CLYDE HAYGOOD. MAQUILLAJE POR SHARON GAULT. STYLING POR BRETT ALAN NELSON. ESCENOGRAFÍA POR EAMONN MCGLYNN. UTILERÍA POR SKYE PREY

Frances es cortante sobre su fama heredada. Se refiere a sí misma, con una loca sonrisa, “como un esbirro de Cobain”, y tiene una frase (“la ansiedad de K.C”) para referirse al efecto que tiene con los extraños y, a veces, incluso con las personas cercanas a ella. “Me ven a mí y sabes que están mirando a un puto fantasma”. El año pasado, Frances fue a Comic-Con en San Diego. “Estaba usando un saco abierto y tenía el pelo rubio en ese momento. Alguien se volteó y me dijo: ‘Gran disfraz de Kurt Cobain’”.

También está orgullosa de los estándares que le fueron impuestos. Eso incluye a su madre. Frances habla del álbum de 1994 de Love con Hole, Live Through This, presentado la semana en que Kurt fue encontrado muerto. “La gente no compró el disco porque se sintieran mal por ella. Lo compraron porque era un álbum putamente bueno”.

Frances es como su padre en otro sentido: su infancia nómada. Igual que Kurt, que anduvo de un hogar a otro tras el divorcio de sus padres, ella creció, según sus cálculos, “en 28 casas”, con Love, O’Connor, otros parientes y una larga lista de niñeras. Frances recuerda una “sensación de normalidad” con O’Connor, “viendo a Buffy la
cazavampiros
todos los días, comiendo cenas caseras, tirándole bolas de nieve a mi tía”. Por un verano, cuando tenía 15 años, trabajó como practicante en Rolling Stone en Nueva York.

“Luego volví con Courtney”, dice. “Courtney es mi madre. Yo la amo”, pero Frances añade cautelosamente, “ella estaba muy ocupada”.

Love es franca acerca de su condición durante la adolescencia de Frances. “Ella ha tenido algunos momentos de mierda”, dice Love. “Hasta que tuvo como 13, las cosas fueron bastante idílicas. Luego simplemente me desmoroné”. Su voz coge impulso. “Pude recuperarme, afortunadamente”. El trabajo de Love en televisión incluye papeles recientes en Sons of Anarchy y Empire, y ha estado en gira, teloneándole a Lana Del Rey.

En lo relacionado con su vida privada, Frances se debate entre la honestidad y la prudencia. Supuestamente está comprometida con Isaiah Silva, cantante y guitarrista de The Rambles, pero solo se refiere a él como “mi hombre”. Sin embargo, cuando se le pregunta
por su propia experiencia con las drogas, responde con una sola palabra (hierba) y luego profundiza: “Fui excepcionalmente afortunada al tener a Courtney como ejemplo de lo que no se debe hacer. Ella lo sabe”, añade con un tono de advertencia, “y lo ha reconocido”.


 “Nunca podré escapar de lo gigante que era Kurt. Y eso está bien. Lo acepto”.


“Leo todos los días”, dice sobre su rutina, “y trato de pintar semanalmente. Soy ese tipo de personas que necesita mirar a su arte con ojos frescos, cada dos días”. Pero su rol con el patrimonio de Kurt es limitado, por su propia elección. “Trato de estar involucrada en lo que me piden. No puedo dedicar mi vida al legado de Kurt”.

“Ella no va a ser uno de esos chicos”, dice David Byrnes, productor ejecutivo y abogado que trabaja con la herencia de Kurt. “Frances es una artista visual, así que eso es algo [sobre Kurt] en lo que está interesada”. Pero una carrera de tiempo completo administrando la imagen de Kurt, sugiere Byrnes, “no es lo suyo”.

Cuando se le pregunta por cómo Montage of Heck la ha cambiado, Frances responde: “No lo ha hecho realmente. Ha cambiado mi percepción sobre quién era Kurt. Estoy mucho menos enfadada con él. Le tengo más empatía y lo he comprendido más”.

Pero Morgen dice que ha visto una diferencia en Frances desde su primera reunión. El director recuerda un correo que ella le envió poco después de ver la primera versión. “Estaba anonadado”, dice. “Ella articuló su experiencia con Kurt a través de los años y habló sobre cómo la película había sido liberadora”.

Love afirma que: “Definitivamente me he dado cuenta de que es más fuerte”. Frances, dice Love, “está en una disyuntiva en este momento, en que puede hacer cualquier cosa que quiera y ser exitosa”.

Al final de la entrevista, Frances acepta que Montage of Heck “sí ha cerrado un capítulo para mí. Nunca podré escapar de lo gigante que era Kurt. Y eso está bien. Lo acepto. Pero la película me da la oportunidad de decir: ‘Te hemos prestado un servicio, una pieza de arte con la que creo que Kurt hubiera estado orgulloso. Y ahora tengo que seguir con mi propia vida. Y no involucra a Nirvana. Y no involucra a Kurt. No involucra a Courtney’”.

“Tengo suerte de haber heredado esa ambición de mis padres”, dice Frances. Pero “quiero que mi éxito sea propio”.

La última visita de ROLLING STONE con Kurt

Cobain llamó a David Fricke para cuadrar la última entrevista con RS. Una parte de la conversación —en la que Cobain dijo que I Hate Myself and I Want to Die era una broma— terminó siendo aterradora cuando se suicidó. Pero esta noche estaba de buen humor

Extraído de RS 674, 27 de enero de 1994

Sin camisa y despeinado, kurt se detiene detrás del escenario, camino al camerino de Nirvana en el Aragon Ballroom de Chicago. Ofrece a un visitante un sorbo de su té y dice: “Me alegra mucho que hayas podido asistir al peor show de la gira”. Tiene razón. El concierto ha salido muy mal. El sonido cavernoso del lugar hace que Breed y Territorial Pissings se conviertan en puré de riffs. Inconvenientes con la guitarra y los monitores molestan a Cobain toda la noche. Hay momentos brillantes: su aullido cortando el eco con el coro tenso y explosivo de Heart-Shaped-Box; Sliver se impone con el rasgueo poderoso y atronador de Pat Smear, guitarrista invitado. Pero no tocan Smells Like Teen Spirit, y cuando se encienden las luces se desata el abucheo.

Según el mito mediático, Cobain es “un loco que se queja todo el tiempo, un esquizofrénico alterado”, y debía haber despedido al sonidista, cancelado esta entrevista y recluido en la habitación del hotel. Por el contrario, decide relajarse detrás del escenario, con su adorada hija de un año, una hermosa rubia que recorre la habitación sonriendo. Más tarde, en el hotel, entra en un estado pensativo y locuaz, haciendo un esfuerzo por explicar que tener éxito no es tan algo malo, al menos no como antes.

“Fue tan rápido y de golpe”, dice a propósito de su primera crisis tras el éxito inesperado y frenético de Nevermind. “No supe cómo lidiar con todo eso. Si existiera un curso de introducción a la vida de estrella de rock, me habría gustado tomarlo, me habría ayudado mucho”.

“Todavía veo cosas, descripciones de estrellas de rock en algunas revistas: ‘Sting, el ambientalista’; ‘Kurt Cobain, el neurótico quejumbroso, el rayado que odia ser una estrella, odia su vida’. Y nunca he estado tan feliz en mi vida, especialmente durante la última semana, porque los conciertos han salido bien, excepto el de esta noche. Soy mucho más feliz de lo que gente piensa”.