fbpx

Cazzu no se conforma, se adapta y se transforma

La cantante argentina se ha abierto su propio camino entre las críticas y los distintos géneros musicales
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Franco Puente

Al igual que al resto del mundo, la pandemia cambió los planes de Cazzu. Tenía programada una presentación para el 14 de marzo en Buenos Aires, pero la suspendió por seguridad. Días después, el Gobierno argentino decretaría el aislamiento obligatorio en su país, haciendo que la posibilidad de una nueva fecha quedara en el limbo. De modo que Julieta Cazzuchelli (su nombre de pila) no tuvo más opción que dedicarse a trabajar en nuevo material. “El momento se presta para la experimentación musical”, le dice a Rolling Stone Argentina.

El 28 de agosto lanzó Una niña inútil, un EP que refleja el sentir de la cantante en medio de la cuarentena. En él, muestra una faceta distinta que se aleja del reguetón y del trap, y es más cercana al soul y al R&B. Se refiere al sonido del disco como más “escuchable”, aceptando que no contiene ritmos que inciten a las personas a “salir o a perrear”.

Esta artista argentina de 26 años emprendió su carrera cuando era una adolescente. En ese entonces todavía no era conocida como Cazzu, sino como Juli K y se dedicaba a cantar cumbia villera, aunque sus gustos oscilaban entre el rock, el hip hop y el reguetón. “Siempre tuve ese cambio de personalidad absoluto donde puedo ser una bad bitch, un ángel, cantar folklore y pasar en un segundo a Pantera”, les comenta a nuestros colegas del sur.

Al poco tiempo de haber lanzado su primer disco, y luego de colaborar con el cantante de trap Khea en su canción Loca, el mismo Bad Bunny la invitó a compartir tarima en mayo de 2018 cuando el boricua adelantaba su gira “La nueva religión”. En cuestión de meses también conocería a J Balvin, quien la presentó con el representante Fabio Acosta. Y pese a sus inseguridades sobre llegar a decepcionarlo, Cazzu se lanzó al vacío y lo que sucedió después ya es historia.

CAMALEÓNICA: Cumbia villera, trap, reguetón y ahora soul y R&B, Cazzu hace lo que le dicta su corazón así esto implique incomodar a los demás. Julieta Mendez/ Cortesía Universal Music

En sus ansias por dejar de ser “la única piba que canta en un remix lleno de pibes”, publicó Error 93, un trabajo que tuvo un buen recibimiento y con el cual tiene una relación de amor y odio. Sentimientos que también despierta en los miles de personas que la han escuchado.

Hace unos pocos años recitaba estos versos en Killa, canción de su álbum debut Maldade$: “Yo tengo mi fama, por lo que dicen los haters no me hago drama. Hablan mierda y de frente me la maman”. Esa cita describe su posición frente a las reacciones que ha obtenido a lo largo de su carrera que van desde los reconocimientos dentro de la escena de la música urbana, pasando por el apoyo a su autenticidad hasta los comentarios sexistas, otros en contra de sus rimas sucias y algunos penosos sobre su cuerpo.

En abril de 2020, la argentina tendría otro dolor de cabeza tras compartir Bonus Trap, un EP que incluye la polémica Bounce. Cazzu sabía que el video oficial no sería bien recibido por todo el público, y este temor la llevó a postergar durante dos meses su publicación. No obstante, la espera solo retrasó lo que vaticinaba: el clip que presenta a más de una decena de bailarinas haciendo twerk en un club de striptease, fue blanco de críticas y grupos de feministas abolicionistas del trabajo sexual cuestionaron su posición frente al movimiento.

Sin embargo, algo que ha aprendido con el pasar de los años (en parte por haber crecido en un entorno de mujeres poderosas) es a no prestarles atención a las personas que no tienen nada bueno por decir.

Cazzu reconoce que la presión sobre las artistas femeninas siempre ha sido superior a la ejercida sobre los masculinos. Es casi un estándar que las mujeres armen un gran performance en el escenario, mientras que los cantantes que se dan a esta tarea son contados.  “A mí no me funcionaba pararme solita y cantar, había que posicionarse entre un montón de figuras como los pibes, debía tener más herramientas”, le cuenta al medio argentino. Julieta Cazzuchelli tampoco se cohíbe al hablar sobre la discriminación que ha sufrido por venir de un pueblo y no cumplir con los estándares de belleza. Y por este instinto de no conformarse y hacer lo que le dicta la consciencia, ha rechazado colaboraciones con artistas como Sech y Lenny Tavárez, que le permitirían figurar más en el medio, pero que no haría por gusto. El mensaje es contundente: “Hago lo que quiero, y Cazzu es quien yo quiero que sea”.